LAS SUPOSICIONES

         Acábo de vivir una situación, que me dejó perpleja…

         Actualmente, pareciera como si no podemos vivir sin el famoso WhatsApp. La mayoría de los usuarios formamos parte de varios diferentes chats. El de la familia con hijos, el de los hermanos, el de las amigas, el de las compañeras del colegio, los primos de la familia paterna, primos familia materna, el grupo de oraciones, etc… y así, nos integramos a varios círculos sociales virtuales, que muchas de las veces, compartimos expresiones y pensamientos, sentimientos, datos, chistes y demás, con personas que a veces ni conocemos.

         No hay más que estar con alguien que te diga, ¿quieres participar?…, te agrego con mucho gusto.

        Pues bien, hace dos o tres meses fui agregada a un grupo de chat al cual yo no pedí participar, mientras era sometida a mi última cirugía. El grupo está relacionado a una instutución conocida, por lo que torpemente acepté sin conocer a las personas que lo integran y manejan. Es una organización donde se imparten clases de formación religiosa y formación humana a mujeres. Me pareció en línea con mi vocación, aunque nunca he sabido quién me refirió con las personas que lo dirigen y quién les dió mis datos.

         Si alguno me sigue, sabrá que durante los últimos tres años no he podido trabajar ni dar mis cursos. Y reanudé mi escritura hasta hace poco. Pues bien, supuse que la razón de la invitación era para que yo me sintiera útil aunque sea por medio de un chat virtual aportando algo de mis conocimientos.

         En mi primera participación, pensé que debería aportar algo. La persona que me agregó me mandó un mensaje privado regañándome que era un chat de avisos. ¡Ok!, lo siento, me disculpé. Lo mío, evidentemente no era un aviso y tampoco fui avisada de que se me agregarían a ese chat.

         Al paso de semanas, me doy cuenta que en ese chat, se comunican reuniones, paseos, se echan porras, se felicitan, se disculpan, se mandan cariños, etc., no sólo avisos.

         Al reintentar participar, soy despedida del grupo sin aviso. Confieso que me molesté muchísimo y con cierto tinte de ironía, reaccioné enviando un mensaje agradeciendo el que me sacaran de éste. Como respuesta, recibí la explicación de que como no había asistido tres veces seguidas a clase, fuí expulsada del grupo.

         Ya más calmada , empecé a reflexionar y me di cuenta que en realidad todo era una suposición mía. Como mencioné antes, supuse que me invitaban para que yo aportara mis conocimientos a ese grupo que se reúne semanalmente en los salones de la parroquia correspondiente a mi domicilio. 
         Nunca entendí que la persona que líderea el grupo me agregó para ir a tomar unos cursillos que hace muchos tiempo, casi 20 años, yo impartía. Inicié para esa misma organización, la difusión de sus programas en radio y televisión.
         Recibí una lección. Creí que necesitaban “mi sabiduría” y no era así. Pequé de soberbia. Acepté formar parte de un grupo virtual con un conocimiento somero o nulo sobre la persona que me agregó y evidentemente ella tampoco me conoce, ni sabe nada de mi.

         Me sentí ofendida por haber sido expulsada de él. Queda claro que el suponer situaciones o circunstancias nos crean expectativas que después nos sacuden de manera brusca y nos generan malestar emocional. Los seres humanos, siempre estamos buscando aceptación de los demás. Los grupos sociales brindan eso, la pertenencia, cierta seguridad, desde una zona de confort.

         En mi caso personal, prefiero tener dos o tres amigas íntimas que ser el ” ajonjolí de todos los moles”, como reza la sabiduría popular. Y al haber pasado tantos años arrumbada, mi mente supuso que podría volver a aportar algo. Creí que alguien por ahí, se acordaba de alguna plática o de algún programa de radio o televisión y que sería útil para la agrupación. Por otro lado, veo que los grupos lidereados por personas con poca preparación, conocimiento o criterio, pueden llegar a caer en el abuso del control de éstos. De manera intencional o no, al agregar o desechar personas al grupo virtual o real, provoca que se cosifique a las personas. No toman en cuenta las condiciones o razones por las que las personas se ausentan. No existe un interés real por ellas.

         Un grupo de formación humana, de crecimiento personal, de orientación y formación espiritual, es controlado y dominado por una persona que no le interesa ni siquiera conocer las razones o los sufrimientos que la expulsada tiene para no asistir a clases. No hay un trato humano ni humanizante al interior de un grupo cuya misión lo implica. No hay una llamada o mensaje para conocer la causa de la ausencia. Solo se desecha.

         Cabe preguntarnos: ¿Dónde queda la caridad? ; ¿Quiénes somos para decidir quién participa o se debe retirar de un grupo que sé dédica a predicar el amor a Dios, y la aceptación del otro?
         Es muy peligroso actuar de manera soberbia, lastimando, rechazando y abandonando al necesitado. No se trata de mi, ni pretendo calificar al grupo que sin estar yo apercibida me agregó a sus filas sin integrarme. Lo que sí manifiesto es que deben de conocer el impacto que causan al no conocer ni ser capaces de integrar a las personas a su organización. Reitero, fuí agregada, mas no integrada. Toda cabeza necesita un cuerpo. Quienes encabezan la dirección del grupo requieren de quienes a su vez las necesitan, de quienes se vendrían a beneficiar al conocer el contenido de los manuales. Se necesita de quienes hagan posible su explicación. Que ésta sea posible también de manera virtual, donde haya acceso a las valiosas enseñanzas de la organización, como lo pensaron sus fundadoras.

        ¿Cuántas mujeres habrán sido expulsadas y abandonadas por ese y otros grupos similares? ; ¿Qué daño habrán causado a esas mujeres y personas allegadas que fueron convocadas y luego retiradas, cuando en realidad carecían de salud o de comprensión? ; ¿Qué sucedió con quienes realmente necesitaban ir a aprender y a sentirse acompañadas y se les desechó?
        En fin, las suposiciones provocan sorpresas pero no pasan de ahí. Lo que a mi en lo personal me preocupa, es el pensar en que soledad habrá quedado la que fué expulsada antes de mí y en que problema se encontrará la que será expulsada después.

NO NECESITO GRITAR

Intolerancia, corrupción, discriminación, desigualdad, injusticia, indiferencia, ignorancia, difamación, agresión, experimentación, confusión, distorsión, perversión.

Palabras salidas de los últimos minutos del noticiero matutino.

¿Hasta dónde vamos a llegar?

A veces siento que estoy dentro de una película con un mal guión y pésima producción, y lo cierto es que la realidad no puede ser mas cruel y que no puedo cambiar el canal o levantarme de la butaca y escapar de la sala de cine.

Mientras esto sucede, me encuentro sentada al lado de la ventana observando como empieza a cambiar el paisaje, las flores se mezclan con el revoloteo de los pájaros, las vacas y los caballos que pastan, respetan sus espacios y cada uno vive con su condición.

Supuestamente son seres con mentes muy inferiores a las del ser humano y sin embargo saben lo que son y lo que pueden hacer. No planean el desprecio por si mismos, ni lo ejecutan.

¿Por que los seres humanos no podemos seguir esa sincronía de la naturaleza?

¿Por que queremos imponer nuestros criterios, sin importar que sean correctos o equivocados, sabedores de que no constituyen la verdad absoluta?

He notado que el que menos razón tiene, es el que grita más fuerte. Gritando han logrado cambios por demás absurdos. Han podido modificar la percepción que muchas personas tienen sobre situaciones y condiciones. ¿Acaso los principios son modificables? ; ¿Es necesario modificar el hábitat, la sexualidad, la alimentación de los seres vivos?

Ya nadie quiere ser lo que es, cada vez hay más personas inconformes consigo mismas. El niño quiere ser adulto, el adulto quiere ser joven, hombres y mujeres queriendo cambiar de sexo, madres que no quieren tener hijos y se deshacen de ellos, hijos que reniegan de sus padres y rechazan sus orígenes.

Esto ha provocado otro tipo de situaciones como son los vientres de alquiler, comercio de órganos, trata de blancas, niños y niñas con dos o cuatro madres, pero sin padre aparente, seres nonatos desechables o aptos para el comercio de células madre, de órganos con poco uso o desgaste, conejillos de indias para la ciencia, clonación de seres humanos, etc.

En resumen, la cosificación del ser humano. Producto desechable en cuanto no me sirve para lograr mis objetivos, alcanzar mis ideales o mi felicidad.

El mensaje es muy claro. Hay que gritar para confundir y lograr aceptación. La influencia actúa buscando eso, que no se quiera ser, lo que se es. Hacer presa fácil al inconforme, al inseguro o al ignorante.

Me viene a la mente aquel día donde debido a una fuga de agua al interior de mi casa, hubo que cambiar el piso estropeado. La vendedora de la tienda de pisos, me mostró tal cantidad de opciones, que me dejaron desconcertada. Al notarlo, me dijo: “¿Así, o la sigo confundiendo más?”. De la misma manera, la gran cantidad de opciones sin rumbo dificultan la toma de decisiones que impactan nuestras vidas.

No es la cantidad de información, ni la amplia gama de opciones lo que nos da sentido en la vida. El razonamiento sobre bases claras, de probados resultados a través del tiempo, ayuda a tener claridad, sin necesidad de acudir a Google.

Me queda claro que eso les sucede a muchos con frecuencia. Ante tantas y tantas opciones para elegir el tipo de vida a llevar, se cae en el engaño de que se puede elegir lo que se “puede o quiere” ser. Al final, terminarán sin tener idea de quiénes son, ni que son, ni a donde van, ni para qué. En vez de armar el rompecabezas de la vida, viven la vida de la pieza. En realidad, siempre serán parte del todo, pero no sabrán en dónde colocarse, ni que parte son, ni si son complementarias, ni si son parte de un todo. Alienados en soledad, sin saber el sentido de su existencia. Vivir en un mundo de confusión para empezaran a gritar.

Desde luego que no sugiero que se viva en la ignorancia. Al contrario, soy una fiel defensora del conocimiento, instrumento básico para no ser manipulable. Me refiero a que se ha provocado confusión en muchas personas por el exceso de información, con carencia de formación.

No se debe escuchar únicamente a los que gritan, por el simple hecho de que lo hacen, por lo elevado del volumen en que gritan o la frecuencia en que lo hacen. En vez de ello, hay que aprender a escuchar a aquellos que tienen la razón. A los que fundamentan, a los que se preparan, estudian, y no se dejan llevar por la corriente equivocada. Hay corrientes que guían hacia lo positivo, donde la razón predomina sobre la reacción.

Las corrientes gritonas son precisamente las que provocan odio, intolerancia, ofensa y discriminación.

No se puede ir contra natura, se es, lo que se es. Hay una razón para nacer como se nace. Todo lo demás es comportamiento. Si no me acepto, si no apruebo mi naturaleza, si me crea conflicto interior, si percibo una disociación, ¡hay que pedir ayuda! En algunos casos, los seres humanos realizan inmensos esfuerzos por querer cambiar la naturaleza con argumentos sin fundamento. Podré cambiar mi apariencia, pero no mi esencia, ni mi información genética, ni mi ADN.

Todos hablan de igualdad de derechos, pero nadie habla de igualdad de obligaciones.

Entiendo que lo que expongo puede llegar a provocar mucha agresión y desacuerdo con mucha gente, pero lo siento mucho. La alquimia en la sexualidad es tan real como en el oro.

Yo también tengo derecho a dar mi opinión y a que ésta sea respetada, no necesito gritar, pero tengo la obligación de decirlo.

 

Mi opinión también cuenta.

 

Practico la tolerancia y el respeto, y espero lo mismo. Invito también, a quien opine diferente, a que lo exponga con la misma franqueza, como lo hago aquí, respetuosamente.

Tomemos en cuenta que algún día la naturaleza nos va a pasar la factura y no tendremos como pagarla. Ya ha habido claras muestras de esto…

 

 

CUANDO SE NOS OLVIDÓ……….

Siempre nos quejamos de tener mala memoria, o por lo menos sucede con mayor frecuencia cuando se llega a mi edad. Le atribuimos a la edad, porque no recordamos la palabra, el número de teléfono, la cita programada, o incluso si me tomé la medicina.

La mala memoria, es algo que a todos los seres humanos nos preocupa, existe un miedo irrefrenable a olvidar los acontecimientos planeados a futuro o los vividos en el pasado, y creo que hay cosas más importantes que debemos de considerar no borrarlas de nuestra memoria.

Se nos olvidó mirar a los ojos a la persona que tenemos enfrente, argumentando que somos capaces de poder hacer las dos cosas al mismo tiempo, escuchar la plática, y seguir lo trendi del mundo desde nuestro teléfono.

Se nos olvidó ver en el interior del otro, tratando de descubrir cuales son sus preocupaciones y sus alegrías, y si hay algo que quisiera compartir y no se atreve por ver esa falta de atención a sus sentimientos.

Se nos olvidó escuchar. Tenemos la cabeza llena de ruido y en realidad no sabemos nada del otro. Es una ignorancia generalizada de intimidad.

Se nos olvidó pensar. Sí, pensar que hay un mundo que no gira a mi alrededor, sino al contrario, yo soy parte de esa cantidad de seres que giran en el mundo y que cuya interacción es lo que hace que tanto ellos como yo trascendamos en nuestra existencia.

Y cuando se me olvida pensar, escuchar, interiorizar en el otro, mirar a la cara, y sobre todo se nos olvida tener fe, nos convertimos en seres vacios.

Se nos olvidó creer, pero creer en un Ser superior a mí, que me consuela y me acompaña a todas partes, en cambio, aprendimos a creer solo en lo material, en lo tangible y en todo lo que nos presentan los medios de comunicación sin importar la fuente. Es por eso que no sabemos estar mas de dos minutos sin el teléfono mobil, sin revisar la pantalla y ver si hay algún nuevo mensaje.

Dios no es un estorbo, la religión no es una adicción como rezan los mas puros lideres  ateos.

Entre menos se interioriza y se busca el verdadero sentido de existir, más facilmente se cae en los excesos. Éstos van desde la anarquía, el desinteres y la desolación, hasta el fanatismo, el materialismo y la pérdida de los valores o su substitución por los antivalores.

Todas las culturas, en alguna etapa, han adoptado alguna forma de creencia estructurada, donde el bien es el eje central. Donde se persigue la razón del existir. Donde lo sublime, la perfección, es la meta a alcanzar.

La religión busca la conexión  y la inserción del ser humano con y en el universo, con el Ser Supremo, capáz de dar orígen a las cosas, de la vida, de la creación, del Ser. El orígen de todo lo que ha existido, existe y habrá de existir.

La religión, apoyada en la teología, la antropología y  la filosofía entre otras, ofrece razones, donde la fe y la esperanza son en sí mismas la respuesta, freno e impulso a la vez.

Con la pérdida provocada por la ignorancia y la desolación, generación tras generación tienden a la polarización.

Mientras que unos marchan hacia el fanatismo religioso, hasta el punto de despreciar la vida humana, donde el bien es relegado, la vida es despreciada y aquellos que no coinciden en la manera de pensar o de creer, se convierten en el enemigo asérrimo al que habrá que liquidar, por el hecho de no someterse a sus creencias y convicciones, otros se entregan al fanatismo tecnológico donde lo virtual o el ser el primero en ver o tener, es lo que importa.

No hay que ser el primero en entrar a una tienda departamental para comprar aparatos a precio de descuento, sin importar pisotear o golpear a otras personas. No estar dispuestos a desfigurar a el seguidor del equipo contrario ante el resultado de un encuentro deportivo.

Desde siempre, me duele el que las personas pierdan la capacidad de asombro. Donde no brote el actuar como el “buen samaritano” de manera espontánea, mas que en contadas ocasiones o por protagonismo. El hacer lo que se debe de hacer, ejercerciendo la compasión y el amor a nuestros semejantes, es visto como un acto heróico.

Escuche decir en una entrevista a Denzel Washington que “el hacer lo que se debe de hacer, nos llevará a hacer lo que queremos hacer”. Es una cita entre el deber y el querer. Una isla entre los extremos.

Y para tener fe, eso es lo que precisamente se necesita, querer creer, para saber que hacer y quererlo hacer. No es mi intención forzar a nadie a adoptar mis creencias, pero si me inclino a que sin fe, no hay freno.

En estos ultimos años he perdido mucha memoria pero les puedo asegurar que de Dios y mis obligaciones como persona de fe, no se me ha olvidado nada.

No nos olvidemos de lo mas importante y queramos recurrir a Él solo en situaciones dificiles.

No finjamos una demencia selectiva, donde lo que me incomoda prefiero dejarlo en el fondo de mi mente.

No puedo olvidarme de mi mismo y de por qué estoy aquí.

Las Amigas Jodonas

 

Como habrán notado.

Hace tiempo que dejé de escribir. Por motivos de salud, dejé de hacerlo, pues la concentración me abandonó y las ideas se me han de haber escabullido por alguna jeringa desechable, una herida o en un parche.

Por alguna razón que desconozco, algunas de mis amigas se acuerdan que me gustaba escribir, y lo mas extraño es que aparentemente disfrutaban de leer el contenido de aquellas líneas.

Hacíendo un esfuerzo por reactivar mis neuronas y coordinar pensamientos, me puse a trabajar sobre su petición, sin mas tema que el de la insistencia de mis amigas, a quienes agradezco su molesto e insistente apoyo.

Confieso que el padecer una y otra enfermedad a lo largo de mi vida, ha servido para filtrar de una manera precisa a mis amistades. La verdad aflora durante los episodios difíciles. Las intenciones y los afectos superficiales, se van junto con el sudor de una fiebre o con un par de analgésicos de marca.

Las amistades, si son genuinas, perduran, mientras que las genéricas o similares, tal vez lleguen a ser placebos. Lo mismo pasa entre los miembros de las familias. Me viene a la mente, el añejo dicho que reza que “los lazos sanguíneos nos hacen parientes. Las lealtades construyen familias”.

Escoger un tema para escribir, es como cuando tienes que escoger el menú de la comida del día sin tener hambre y aún así lo preparas. Todo mundo tendrá algo “importante” que hacer, mientras que lo mío ni siquiera será digno de considerarse esfuerzo. Estoy hablando de personas que me aman. No repelo, me ubico.

Dicho lo anterior, creo que empiezo a tener “hambre” de escribir. No hay horario, no debe esperarse agradecimiento del lector, es una actividad limpia y el lector puede escoger si lee, si le interesa o no. El escoger el tema, se asimila a escoger el menú de la comida en casa.

Hay que hacer el esfuerzo por sazonar lo que se escribe, que sea fácil de preparar y de digerir. Que no sea basura y que no le haga daño a nadie. Que una vez después de haberse leído, haga provecho y que permanezca el buen sabor. Que el lector quiera seguir consumiendo.

Ya que el cuerpo no me dá para escribir, intentaré escribir desde el alma. Ahí donde viven en mí “las amigas jodonas”, las que inspiran mi cariño, con las que me divierto, con las que he crecido sin importar su edad o la mía.

Gracias a ellas no me he derrumbado ni me he ahogado en el intento de sobrevivir, cual conejillo de indias a los multiples diagnosticos, acertados o adivinados o en su defecto inciertos de la legión de médicos que he visitado.

A esas amigas, gracias por no soltarme y por estar intentado, llamando, escribiendo mensajes  e insistiendo con esta pregunta ¿donde está mi artículo?, Bueno, agarra tu manita y escribe……., ¿que me vas a mandar?, ¿mi reporte?, ¿mi artículo escrito?

¿que no saben que no me siento bien?,¿no lo entienden?

Mi malestar es constante, y no me da la mente para nada. Tengo neblina cerebral, me siento acosada.

Pues bien, me di cuenta que esa insistencia, es la forma de decirme te quiero, no te suelto, te valoro, me gusta que lo haces, disfruto tu escritura, eres inteligente, y sobre todo es la mejor forma de decirme, te soy leal y no me gusta verte así.

La idea del nombre de este artículo, vino exactamente por una de ellas que de plano así me dijo.

“Escribe lo que sea, aunque sea sobre las amigas jodonas”.

Y sé amiga, que tu sabes quien eres y en este momento te has de estar riendo al leerme. Y te lo agradezco.

Esta bien, te hice caso y por lo menos empezaré a escribir aunque sea poquito.

Pido una disculpa porque a lo mejor a alguien le parecera de poco gusto el nombre del artículo, pero así fue y no puedo cambiarle el nombre a la frase que provocó mi inspiración. Le debo lealtad a quién me empujó a hacerlo.

Me despido prometiendo no ausentarme tanto tiempo del tablero de la computadora.

QUIEN NO PARTICIPA, NO SE INTEGRA

Muchas veces, hemos sido testigos de los severos daños que  causan los fenómenos meteorológicos  donde fuertes lluvias, inundaciones, terremotos, incendios, tornados, tsunami, trajeron muerte, destrucción y ruina para  poblaciones. Nos horrorizamos de ver lo terrible que ha sido para tantas personas. Se pierden muchas vidas. Una gran cantidad de personas prácticamente han perdido la totalidad de sus pertenencias. Hay muchos en riesgo de enfrentar problemas de salud.  La mayoría, se sienten abatidos y derrotados.

Mientras unos sufren irreparables pérdidas, otros mas afortunados,  vivimos en sitios sin mayores problemas, aparentemente alejados de las tragedias. Sin embargo, el hecho de enterarnos de las graves condiciones en que otros padecen, nos motivan a ayudar a los mas desprotegidos y deben obligarnos a actuar solidariamente. Este loable sentimiento de querer ayudar a los demás, en sí, es bueno. Sería mejor aún, si lo practicáramos diariamente, como forma de vida, dentro y fuera del hogar.

No hay que esperar desastres naturales o uno al interior de la familia. La forma de enseñar a nuestros hijos a ser generosos con los demás es sencilla. Hay que integrarlos a participar en las actividades y quehaceres cotidianos.

El bien común se inicia en casa.

Todos los familiares gustan de ser incluidos en la repartición de los bienes familiares y pocos aprecian las obligaciones o el actuar voluntariamente en apoyo y al servicio de los demás integrantes de la familia. Los bienes familiares no son únicamente cosas materiales o quehaceres domésticos, también son el saber compartir las alegrías y las tristezas, practicando virtudes como son la amistad, el orden, el respeto, la responsabilidad y la solidaridad.

Para lograr beneficiar a todos los miembros de la familia, supone un esfuerzo personal y se comparten valores que son dados y recibidos con amor. Así, todos participan y se convierten en repartidores de bienes, en una dinámica que va mas allá del servicio de los padres.

Todos y cada uno de los miembros de la familia debe apoyar y colaborar dentro de sus capacidades al crecimiento del resto de los miembros de la familia. Esto ayudará a mejorar el ambiente familiar, haciendo que todos se sientan personas valiosas, capaces de ayudar. Hay que tener cuidado y evitar ser simplemente elementos utilizables para beneficios mezquinos de los otros. También hay que evitar ser la eterna víctima o el indiferente perezoso que se escuda con pretextos y excusas.

Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos, y saben su responsabilidad a la hora de educar. Debemos tener muy claro que para “formar familia” los hijos deben de participar de una manera activa en esto. No “forman familia” los padres solos, aunque tengan la mayor y mejor voluntad. Si se fomenta en los hijos el deseo de participar en el bienestar común, lograremos una verdadera integración familiar.

Si los hijos no participan, la casa no es hogar, se convierte en un hotel, un lugar de paso, donde gratuitamente se les brindan servicios y comida. Hay que enseñarles que los demás también son personas con sentimientos y necesidades, y no solo de cosas materiales, sino de apoyo, compañía, cariño y tiempo de calidad. Hacerlos consientes de que todo aquello que hagan o que dejen de hacer repercute, afectando a todos los miembros de la familia.

Una familia integrada se logra con la participación de todos sus miembros. El éxito de una sociedad se alcanza con la participación de todos sus ciudadanos.

participacion familiar

ORDINARIO O EXTRAORDINARIO

Cada día tenemos múltiples actividades que debemos de realizar de acuerdo a lo que hemos decidido en la vida, y estás actividades deben de ser planeadas y tratar de ser desarrolladas y encaminadas a nuestro propio bien y al bien común.

Actividades cotidianas que muchas veces pasan desapercibidas incluso para nosotros mismos. Actividades que en realidad son obligaciones o responsabilidades que son propias de la edad, situación civil e incluso sexo.

Actividades que en realidad todo el mundo realiza, y que no se hacen para ser reconocidas ni mucho menos buscando un beneficio propio. Pero, ¿Qué sucede con aquellas personas que haciendo lo mismo que cualquier otro, si son realizados por ellos lo presentan ante los ojos de los demás como algo extraordinario?

Este tipo de personas, lejos de reconocer lo hecho por los demás, solo les parece importante y digno de reconocimiento general, cuando son ellos quienes lo lleva a cabo.

Me imagino que todos conocemos a alguien así.

Desde que somos pequeños siempre estamos en busca de algún tipo de reconocimiento por todo aquello que hacemos, como por ejemplo: Cuando el niño aprende a tender su cama y la mamá dice que su hijo es el mejor y merece un premio.

Al niño se le ha enseñado a hacer algo, y se le reconoce su avance, pero no vamos a hacer eso todos los días. El niño debe de aprender a obedecer y a tender su cama y es algo que en el futuro tendrá que hacer más veces de lo que le pudiera llegar a gustar.

Seguramente en el futuro no habrá alguien que en substitución de la figura materna lo llene de elogios cada vez que tienda la cama. Las obligaciones llevan implícito, que al llevarlas a cabo cabalmente, queda la gran satisfacción del deber cumplido

Esto no quiere decir categóricamente que los elogios son algo negativo. No se mal interprete en cuanto a que nadie debe de recibir algún tipo de reconocimiento por lo bien realizado. El reconocimiento, se otorga precisamente para los actos positivos considerados fuera de lo normal.  De hecho, es difícil el lograr ser ordinario y cumplir a cabalidad lo que son nuestras obligaciones, metas y compromisos. Reitero, lo cotidiano  es una responsabilidad.

Lo extraordinario, su nombre lo dice, y debe ser positivo y encaminado al bien común. Es brindarse a los demás. Es trascender de manera positiva sin buscar las luminarias o las opiniones que alimenten el ego. Es marcar el camino para que los demás puedan transitar en libertad hacia una mejor realidad. Es descubrir para los demás.  Es el bien para el bien.

Apartémonos del síndrome de la gallina, que se dedica a “cacaraquear” todo lo que se hace. Evitemos ser como aquellos que cada vez que hacen un acto de caridad llaman a todos los medios de comunicación para que les tomen fotografías y salgan en todas las revistas.

Esto es utilizar al dolor y carencias de los que menos tienen, en un afán comercial y ególatra, encaminado a engrandecerse ante los demás, fingiendo ser una persona caritativa.  Quien en verdad practica la caridad, practica la discreción.

Muchas veces lo que mas se calla es lo que más se sabe. No hay que perder el tiempo en buscar el reconocimiento de los demás. Así se podrá alcanzar mucho mas. Las buenas obras y las obligaciones cumplidas generan bienestar y riqueza, tanto material como del espíritu.

Practiquemos el cumplimiento de nuestras obligaciones.  Exijámonos a nosotros mismos para dar ejemplo, de manera discreta, pero constante. De esta manera en nuestra vida podremos ir colocando día a día, los sólidos tabiques de lo ordinario, pudiendo así aspirar a un legado extraordinario.

Les comparto este video de alguien que hace cosas extraordinarias de manera ordinaria

http://http://www.youtube.com/watch?v=s0Vt6W5VIzc