¿TENGO AUTORIDAD?

El dia de ayer presencié lo que podríamos llamar “todo un berrinche”, observé las caras de la concurrencia y pensé que todos los expectadores eramos novatos ante tremendo espectáculo.

Siempre que vemos a algún niño que desobedece a sus padres lo primero que hacemos es juzgar a los padres diciendo…..

—Que barbaridad, esos padres no saben educar al niño. Si actúa así, es por culpa de ellos…

O por el contrario, si vemos a unos padres regañando al niño y corrigiéndolo, nos apresuramos a pensar:

—Pobrecito nene, tan lindo que está y lo bien que se porta… su mamá es una bruja.

Total, nunca estamos de acuerdo con lo que vemos; pero si presenciamos en vivo y a todo color una escena de éstas, con nuestro propio hijo, nos sentimos desesperados.  No sabemos como actuar para que nuestro hijo pare de llorar y nos haga caso. Reaccionamos según nuestro estado de ánimo imponiendo castigos desproporcionados a la falta cometida y fuera de toda razón.

Hay que visualizarnos en algunas situaciones vividas con los hijos, reflexionar si hemos reaccionado de manera correcta.  Hay que analizar si nuestra conducta fue la adecuada…

Nos sentimos confundidos con el tema de la autoridad, y esto es común porque nosotros fuimos educados de una manera mucho más rígida en comparación con la forma en que ahora educamos a nuestros hijos.

Si recordamos que somos los padres los responsables de la educación de los hijos, es importantísimo que los eduquemos con autoridad. Debemos ejercer la autoridad como un servicio para el hijo, porque lo que estoy haciendo es educarlo. Le estoy enseñando a respetar, a tener un equilibrio emocional y a que se vea beneficado al sentirse guiado por sus padres.

Una autoridad bien ejercida combina el respeto y la exigencia; los estímulos y la libertad; con firmeza y actitudes positivas. Esto les crea seguridad porque el niño sabe que reglas seguir, o de otra manera, su comportamiento conllevará un reto, buscando que le impongan límites.

No confundamos autoridad con poder, porque lo único que lograremos serán hijos que obedezcan por miedo a los padres y no por respeto a ellos.

Una autoridad ejercida como servicio enseña al hijo a tener un buen manejo de su libertad.

Cuando los padres corrigen bajo amenazas que nunca se cumplen, lo que provocan es un deterioro total de la autoridad.

Los niños son muy inteligentes y ellos saben que si mi mamá siempre me dice: — a la próxima te castigo, y ese castigo nunca llega, él seguirá cometiendo los mismos actos porque sabe que nunca habrá ninguna consecuencia. Lo que provocaremos será confundirlo y aprenderá a guiarse de manera erronea por la vida.

Es muy importante que papá y mamá, se informen y decidan el tipo de educación que le van a dar a sus hijos, y cuando transmitan las ordenes, lo hagan con claridad, percatandose de que han sido entendidas y de la misma manera las hagan cumplir, o de lo contrario se convertirán en unos padres “let it be” -déjalo ser- y de ésta manera no habrá consistencia en la educación.

Unos padres que no son constantes en las reglas de casa, que las ponen según el estado de ánimo, las personas presentes o el cansancio provocado por el trabajo, contradiciendo las ordenes del otro, o en su defecto, permitiendo a escondidas que el hijo no cumpla con el castigo impuesto por el conyuge, provocarán un desprestigio en su autoridad  y ésta se verá en peligro de perderse.

La forma de mantener o recuperar la autoridad ante nuestros hijos no es ejerciendo una actitud de poder, sino siendo claros, constantes y actuando de manera natural. Estar convencidos de que el nivel de exigencia es lo correcto para el niño, de acuerdo a su edad, guiándolo a ser una persona sin problemas para relacionarse fuera de su casa, en la escuela y en el futuro, en su trabajo.

Los niños que no viven bajo un ambiente de autoridad en casa, van sin rumbo y su comportamiento en el colegió les provocará conflicto con sus compañeros, cuestionarán y no respetarán la autoridad de sus maestros.

Si desde pequeños aprenden a seguir reglas, en la adolescencia les será mucho más fácil no vivir en rebledía, tendrán un mejor uso de su libertad y se respetarán a si mismos y a los demás.

 

 

MI ESPEJO RETROVISOR

Hace algunos años cuándo mis hijos eran pequeños vivimos un acontecimiento que marcó nuestras vidas y ellos no entendían o tenían miedo sobre la manera en que debíamos enfrentar nuestra realidad.

Empezaron a acontecer muchos cambios en nuestra vida familiar y eso los llevó a la inseguridad de no saber como comportarse. En la vida suceden cosas que están fuera de nuestro control, y es la fortaleza y el dominio que tengamos de nosotros mismos, lo que nos hace derrumbarnos o levantarnos, sacudir las penas y seguir andando.

En mi caso personal, me senté a hablar con mis hijos y les hice esta analogía:

Nuestra vida es como manejar un auto, y dentro del auto hay una serie de accesorios que nos sirven y ayudan a que éste funcione.

Unos de éstos accesorios son los espejos laterales y el espejo retrovisor. Siempre debo de estar al pendiente de que los espejos estén en buena postura para que me permitan guiar bien.

Si yo pongo la primera velocidad y arranco el auto, viendo únicamente por mi espejo retrovisor, ¿qué me va a suceder?, le pregunté a mis hijos.

– ¡Pues chocas mamá!… me contestaron.

– ¿Y si después de reponerme del choque, vuelvo a arrancar y solo sigo viendo mi espejo retrovisor?… Pues vuelvo a chocar ¿ verdad?

Pues ese espejo retrovisor equivale a mi pasado, y si yo siempre voy viviendo en el pasado, voy a chocar, a lesionarme y a lastimar a otros. Vivir viendo el espejo retrovisor me deja atrapado en mis miedos, mis rencores, mis tristezas y tantas emociones negativas que sólo me paralizan y me arrastran al vacío existencial. No me deja vivir en el presente y disfrutar de él. Viviendo en el pasado nunca podré desarrollarme de manera adecuada, por el camino virtuoso de la felicidad.

Cuando conducimos, debemos de ir viendo a través de nuestro parabrisas, ¡ése es el que nos permite ver al futuro!, y en proporción, es el más grande. Nos da una visión mucho mas amplia de hacia donde nos dirigimos.

Los espejos laterales nos sirven para darnos cuenta a quiénes tenemos en los carriles de al lado, y respetando su camino, no vamos a provocar un accidente si queremos cambiar de carril, así, dejando que ellos también puedan seguir su camino, podemos convivir en armonía con los demás seres que nos rodean. Si quiero cambiar de carril debo de ser precavido de no chocar con ellos. Esto es respetando a los demás. Es decir, respetamos su forma de vivir su vida.

El espejo retrovisor de vez en cuando lo debo de ver, lo que veo ahí que es mi pasado, ahí está, pero cada vez más lejos y más pequeño. No se me olvida, pues me recuerda de donde vengo, pero no es lo más importante. Lo que veré y recordaré serán los momentos felices y las experiencias vividas que me siguen ayudando a seguir adelante. Mi pasado siempre irá conmigo, pero no será el camino que debo de ver y tratar de seguir.

Mi actitud al manejar mi vida debe de ser de perseverancia, con entusiasmo y alegría. Utilizando las experiencias difíciles para tener un crecimiento personal y una mayor fortaleza para enfrentar lo que sigue.

La vida es una sucesión de problemas y la actitud que nosotros tengamos ante ellos es lo que nos llevará al éxito. La vida es para adelante, y hay que vivirla de frente. El recordar los errores cometidos me sirve para no volver a cometerlos y así de ésta manera corregir mi rumbo.

Todo esto me hace recordar la siguiente frase:

“El hombre pequeño sólo recuerda el mal que le han hecho. El hombre grande se acuerda del bien, y por ese poco bien que recibe le hace olvidarse de tantos males como ha recibido.”
(Anónimo)

Si al menos mamá o papá nos hubieran explicado algo de ésto…

Si al menos mamá o papá nos hubieran explicado algo de ésto……. dicen algunos jóvenes al enfrentarse a algunas experiencias….

Considero que debemos de ser francos y bien claros.

¿Ignoran los niños las realidades sexuales? ¿No estamos expuestos a la pornografía, a la relajación y rompimiento de los lazos y vínculos de la sociedad y de la familia?

Es un hecho lamentable que dejemos a nuestros hijos sin preparación para la vida y desarmados frente al bombardeo de imágenes y palabras que hablan de sexo. También es natural que los hijos quieran saber lo que les pasa al ir creciendo, cuando ven los cambios en su cuerpo, sus sensaciones nuevas y el significado que tienen el matrimonio y el amor entre hombre y mujer.

A los padres corresponde la educación de la sexualidad, no a los amigos, el internet, la escuela ni al gobierno. ¿Crees estar preparado para hablarle a tu hijo sobre sexualidad?

Los seres humanos somos la unión de cuerpo y espíritu, y esto, entre otras cosas, reúne inteligencia, voluntad, instintos, afectos, emociones y sexo; por lo tanto, hay que formarlos en algo que desde antes de nacer traemos en nosotros mismos:

el ser hombre o mujer con todo lo que ello significa.

La sexualidad no es nada malo ni vergonzoso en nosotros, todo cuanto hay en nuestro cuerpo tiene una precisa finalidad y somos nosotros los padres los que de una forma delicada, pero natural, debemos informarlos o serán otros quienes brutalmente y a nuestras espaldas los informen de manera incompleta, equívoca y distorsionada.

Nuestra paternidad adquiere una maravillosa plenitud al darles a nuestros hijos no solo la vida, sino también la educación y

la formación para que a la vez, ellos mismos puedan conocerla, gobernarla, disfrutarla y transmitirla de manera consciente. No debemos demostrar ansiedad al hablar de sexualidad con nuestros hijos.

Somos los padres los educadores primarios, y sin la educación de la sexualidad no hay educación completa. La obligación de dar a nuestros hijos una educación de la sexualidad adecuada, no solo viene  de la necesidad de prevenirlos contra los males que acechan y provocan enfermedades venéreas o embarazos no deseados, sino de la formación que deben de tener para que respeten su cuerpo, su mente, y así de ésta manera controlen sus emociones y sensaciones.

La sexualidad es buena, forma parte de nuestra esencia. Los hijos tienen que verlo así, reflejado en el amor que existe entre sus padres.  Al ir ellos creciendo lo observarán y lo sentirán en sí mismos, pero si no hemos hablado con ellos, no sabrán como encauzarlo, porque nadie los ha educado en este aspecto y se considerarán, con toda razón, incapaces de enfrentarse por sí solos a sus dudas y problemas.

LA FELICIDAD

Si de pronto despertaras en el compartimento de un tren que corre a toda velocidad sin saber quién te metió ahí, ni por qué, sin duda te harías ansiosamente muchas preguntas: ¿Cómo vine a dar aquí?, ¿A dónde me llevan?, ¿Qué me van a hacer?

Nuestra vida corre a toda velocidad hacía un término, por lo tanto, lo más natural es que nos preguntemos ¿Por qué estoy aquí? ¿Cuál es mi verdadero destino? ¿Vale la pena vivir? ¿Por qué tengo que morir? ¿Qué soy en medio del universo?

Si no te has hecho seriamente estas preguntas, es momento de que reflexiones.  Y si has reflexionado en estas cosas, ¿tienes ya una respuesta plenamente satisfactoria a problemas tan fundamentales?

Yo te voy a plantear específicamente uno, en el que quiero que reflexiones:

¿Para qué quieres vivir?

Después de haberte dejado pensar un poco y darte a ti mismo una respuesta, yo me voy a atrever a contestar por ti y a decirte que tú buscas SER FELIZ.

Fuimos creados para compartir la alegría de existir, de conocer, de amar, de ser felices. Con esto se contesta otra pregunta, el saber hacia donde va tu vida, y te puedo asegurar que eres un hambriento de felicidad.

Todos los seres humanos tendemos a ella y la buscamos, pero pocos saben en donde se encuentra. Sin embargo, estando todos los seres humanos destinados a la felicidad, debe de estar en algo que todos también puedan alcanzar.

Este tema de la felicidad tiene para mí una gran importancia, ya que no vivimos aislados y nuestros actos siempre tienen trascendencia, por lo tanto no podemos pensar que empezaré a ser feliz dentro de algunos años, cuando alcance mis metas profesionales o familiares.¡ Tenemos que hacerlo ya, desde este mismo momento!  No podemos pensar en hacer felices a nuestra familia el día de mañana, si nosotros no lo somos desde ahora.

Dile SI a la felicidad, ya que de ella va a depender el éxito de nuestras vidas, de los que nos rodean y de aquellos que dependan de nosotros en su crecimiento y educación.

La felicidad la encontramos dentro de nosotros mismos, y al poseerla, nos va a provocar un estado de satisfacción completa, pero tenemos que entrenarnos a ella y a nuestro propio dominio personal, logrando así un equilibrio emocional que nos ayudará a gozar de ella.

El ambiente donde nos movemos puede influir para que yo no me sienta feliz, pero cuidado en confundir situaciones que provocan tristeza con infelicidad. La muerte de un ser querido, una enfermedad, un divorcio, problemas económicos, son situaciones que nos afectan en nuestro estado de ánimo, y nos afectan de manera temporal o definitiva, pero la felicidad es mucho más que eso y dependerá de mi voluntad para superar y aceptar los problemas.

La felicidad cuesta, debe de ser obra nuestra el dirigirnos hacia el lugar en que ésta se halla; dependerá el encontrarla de las metas y caminos que nos tracemos y después de conquistarla, la emanaremos en la prosperidad y en la adversidad.

Quiero compartir un video que te puede ayudar a reflexionar.

LA COMUNICACIÓN EN EL MATRIMONIO

Continuamente oímos hablar del amor: en las películas, en las canciones, en las novelas que leemos o que vemos en la televisión; y en todos los medios de comunicación se tratan temas relacionados con el amor. Como todo el mundo habla de él, se supone que todos ya sabemos que es el amor , y que tenemos un concepto claro y preciso, pero ¿en realidad sabemos que es el amor?

Claro!!!!!! diremos, si no supiéramos que es amor no nos casaríamos con el ser amado.

Lo importante no es saber que es el amor, sino saber amar.

El amor es la expresión total de la persona, es la entrega, es la aceptación del otro tal como es, y solo en la medida en que ambos contribuyan con sus respectivas características positivas, florecerá el autentico y verdadero amor. La convivencia diaria es difícil aún cuando hay amor, ya que venimos de ambientes diferentes,  tenemos personalidades distintas, tenemos diferentes niveles de percepción y de conciencia; y aunque consideremos que ya nos conocíamos durante el noviazgo, las sorpresas se presentan constante y consecuentemente  y no siempre de manera agradable.

Nuestras expectativas deben ajustarse a la realidad que estamos viviendo. No siempre coincide lo que esperamos de nuestro cónyuge, con lo que recibimos de éste, ya sea en tiempo, forma o lugar.

En ocasiones cuando estoy en un restaurant, observo a las personas que están sentadas en otras mesas. Donde hay parejas de jóvenes la conversación fluye y pareciera que hay urgencia por decirle al otro todo lo que pasa por su mente, sus sueños, proyectos, gustos, necesidades, sus sentimientos, etc. En cambio al ver parejas que ya tienen un poco de madurez, están sentados en la misma mesa y ni se dirigen la palabra, o lo peor de los casos, cada una con su teléfono escribiendo mensajes a no se quién. Esto es muy grave, debemos de hacer un esfuerzo por interesarnos en el otro.

Sería interesante que nos preguntáramos cuándo fue la última vez que conversamos y convivimos verdaderamente con nuestra pareja en un diálogo profundo y honesto. Si no nos es posible recordar esta fecha, es obvio que en nuestra relación se esté gestando el virus de la indiferencia y ésta puede convertirse en una enfermedad progresiva y mortal. Éste procedimiento de hablar, de dialogar, es sumamente necesario en las relaciones humanas, principalmente en el matrimonio; Se puede decir que los esposos que saben manejar el arte de dialogar, son capaces de resolver gran parte, por no decir todos, los problemas que se presentan entre ellos. Hay que entender que es normal  que surjan problemas, que tenemos diferentes modos de pensar, y distintos puntos de vista; ésto no es una tragedia, pero….

¿Qué es lo que deben de hacer cuando surgen éstas diferencias?

Es fácil para dos personas que se aman, encontrar verdaderas soluciones, porque son dos mentes, dos corazones que colaboran en la búsqueda de la solución, y por ende, no debería haber ningún problema o situación que sean incapaces de hablar y solucionar.

¿Qué problema no podrán resolver dos esposos que se aman de verdad?

Dialogar es una forma valiosa de amarse. Entendamos que las diferencias se perciben y definen más fácilmente que nuestras semejanzas.

Siempre se oye la queja de que mi cónyuge no me hace feliz, ¿No sería mejor si yo me esforzara todos los días por hacer feliz al otro?

Salir de vez en cuando solos a pasear o a cenar, y si es posible, viajar: romper con la rutina diaria, para platicar, compartir, reír, reconquistarse, amarse.

Podemos inventarnos algo nuevo diariamente, para no caer en la monotonía y en la rutina. Enamorarnos cada día, para poder decir con orgullo, que no somos sexos opuestos, sino más bien, dos seres que se complementan.

Nunca te acuestes con algún problema sin resolver. Si estas muy enojado, espera que se te bajen los humos y resuélvelo más tarde. Tranquilidad para hablar, humildad para aceptar lo que de culpa nos corresponde. No guardes rencores, confía en tu pareja y aprende a perdonar. El perdón nos hace amarnos más.

Recuerda decirle, por lo menos una vez al día, algo cariñoso a tu cónyuge.  Algo así como …me gustas… te amo…. te extraño. Recuerda la ilusión con la que te casaste y los detalles que tenías, no dejes que los años se los lleven. Cuándo los detalles faltan, la relación se hace monótona y fría.

Las relaciones sexuales forman parte integrante del amor conyugal y de la comunicación entre los esposos. No son una pura función biológica de placer destinadas a la reproducción, sino que tiene además una función psicológica que las destina a la comunicación conyugal.

Si sientes que tú y tu cónyuge empiezan a ir por caminos diferentes, es momento de que hagas un alto y si por ti mismo no puedes lograr caminar juntos, busca ayuda profesional y seria.

El amor crece y se alimenta con demostraciones diarias de afecto y admiración, y con el descubrimiento de nuevas cualidades.

El amor puede alcanzar a través de la comunicación y donación un gran perfeccionamiento, aceptando a la persona tal como es, dándole lo mejor de mí mismo para que el otro sea lo mejor de sí mismo.

 

LO COMUN O LO NORMAL

¿No les pasa que cuando corrigen o le quieren dar un consejo a su hijo él les responde que eso es LO NORMAL?

Pareciera que en la actualidad “todo es normal”. Ya no hay capacidad de asombro, estamos acostumbrados a ver cualquier tipo de desgracia en la televisión y ni nos inmutamos, al contrario, movidos por el morbo nos aferramos al control y buscamos más información detallada de ese acontecimiento por más grotesco que sea, el que tenga las peores imágenes, las mas sangrientas y los detalles más exactos.

Pero, ¿es eso lo que quiero enseñar a mis hijos? ¿quiero que mis hijos se acostumbren a todo “lo normal”?

Cada vez que le decimos a nuestro adolescente que no es bueno tener relaciones prematrimoniales ¿cuál es la respuesta?

–       Hay mamá, si todo el mundo lo hace, es lo normal, ¿qué tiene de malo?

Cada vez es mas delgada y borrosa la línea divisoria entre lo común y lo normal.

Es común que los jóvenes tengan relaciones sexuales fuera del matrimonio, pero no es lo normal o por el contrario sería normal….

–       Tener enfermedades venéreas.

–       Ser madre soltera.

–       Tener 20 años y ya tener dos hijos con diferentes mujeres.

Sería normal ser infiel, ser asesino, narcotraficante o ladrón. Lo común son las guerras, el hambre, la injusticia social, la soledad, etc.. pero no podemos permitir que se conviertan en lo normal.

No nos confundamos, el hecho de que ahora sea común la falta del ejercicio de las virtudes y los valores eso no es lo normal.

Cada vez más, vemos personas infelices, ¿eso significa que lo normal es la infelicidad? Por el contrario, los seres humanos buscamos la felicidad, y ésta se obtiene actuando de manera coherente y congruente hacia un fin bueno. Siendo responsables y respetuosos, viviendo con honestidad y honradez.

RELACIONES FAMILIARES

Los seres humanos somos seres sociables, y la familia es una organización donde las relaciones y la participación de sus miembros interactúan juntas.

Padres e hijos compartimos un destino común, SER FELICES.

Los padres son los responsables de que exista una buena relación entre todos sus miembros, ya que de esta manera se crea un buen ambiente familiar y un buen desarrollo físico y psicológico.

En una familia donde todos aprenden a dar y recibir, de una manera desinteresada, se crea un ambiente de cordialidad y los lazos fraternales se hacen más fuertes. Todos los hijos son diferentes, únicos e irrepetibles, luego entonces, ¿por qué nos aferramos a tratarlos por igual? Si los padres estamos conscientes de sus diferencias, de sus talentos y sus debilidades, no cometamos el error de compararlos entre ellos creando un ambiente hostil que lo único que va a provocar es inseguridad y baja autoestima.

Los hijos que se saben queridos y respetados aceptarán las reglas de casa mucho más fácil, se esforzarán por participar con la seguridad y la confianza de ser reconocidos por sus padres y sus hermanos.

La armonía en la relación conyugal es un punto clave; entre los esposos debe de haber congruencia en sus actos, amarse y llevarse bien, reír juntos y sobre todo estar de acuerdo en la forma de educar a los hijos. Habiendo una buena complementariedad se logrará la felicidad conyugal y familiar.

Cuándo hablamos de relaciones familiares no nos pueden faltar las relaciones entre hermanos. Aunque sean diferentes entre ellos se crea una fuerza muy grande de solidaridad que los une, son la fuerza común que los diferencia de los padres, sin importar las edades ni el sexo que tengan. Sin embargo, por otro lado existe una rivalidad positiva que les ayuda a ser competitivos para aprender a superarse y a enfrentarse a la competencia social a la que se verán obligados a integrarse.

Si los padres nos hemos esforzado para que nuestros hijos se lleven bien entre ellos y hemos logrado un buen ambiente con armonía y cariño, fomentando valores y virtudes, lograremos que nuestros hijos se integren mucho mejor a la sociedad en la que vivimos.