JUSTICIA, VENGANZA O PERDÓN

venganza

Quisiera hacer una pequeña reflexión, respecto de la percepción del equilibrio  que como individuos y/o como sociedad, nos repercute a los seres humanos.

Frecuentemente escuchamos o decimos: “No es justo que esto nos suceda”; “No es justo que paguemos más”; “No es justo que esto me pase a mi”;  “No es justo que a éste le vaya mejor”; “No es justo que me repruebe el profesor”…  y así, podría mencionar un sin fin de ejemplos (“injusticias cotidianas”) y no terminaría nunca.

Hablemos de justicia…

La justicia es la virtud que inclina a darle a cada quien lo que le corresponde.  No debemos confundirnos con darle a todos por igual. Ni todos somos iguales, ni tenemos las mismas necesidades, ni edades, aspiraciones, gustos, ni preferencias.  No merecemos lo mismo. Muchas veces no merecemos nada.

Me gustaría que lo aplicáramos dentro de la familia, más aún, en la educación de los hijos.

Como padre o madre, actuaría de una manera injusta si tratara a todos mis hijos por igual. Cada uno necesita ser tratado como se merece, con su propia individualidad, por ser, un SER ÚNICO. Por ejemplo, no es justo compararlos entre sí, o en las calificaciones académicas que obtiene cada uno. Tienen diferentes capacidades. No son iguales y requieren de cosas distintas.

No confundir esto en la relación de amor, porque sería injusto querer más a un hijo que a otro. El amor de los padres hacia sus hijos en infinito y sería un acto de injusticia si no fuera así.
Indudablemente, estos jóvenes han sentido que no es justo el trato que algunos compañeros de escuela tienen para con ellos. Hasta ahí, tienen razón.Con frecuencia, escuchamos en las noticias sobre jóvenes que han sido víctimas de abuso o maltrato por parte de sus compañeros, maestros o incluso de sus propios padres.  Como consecuencia de ello, muchos de los que han sido víctimas, se convierten en victimarios, en verdugos capaces de cometer actos terriblemente violentos. Descargan en un solo evento frustraciones acumuladas durante largo tiempo. Esta violencia puede estar dirigida hacia quienes los han abusado de alguna manera. También hay actos violentos indiscriminados, que algunas de las veces, terminan en suicidio.

Sin embargo, un nuevo problema surge, cuando pretendiendo obtener justicia, cometen un acto de venganza.  El impartir justicia por su propia cuenta, genera otro desequilibrio, ya que solo en la venganza, se es víctima, juez y verdugo.

¿Qué nos lleva a confundir la justicia con la venganza?

Cuando analizamos la poca importancia que le damos a la formación de nuestros hijos, y nos escudamos en trilladas frases, tales como: “se han perdido los valores” o “ya nada es como antes”, solo nos dedicamos a quejarnos en reuniones de café.

         JUSTICIA o VENGANZA dos palabras que aparentemente no tienen nada que ver una con la otra, y en realidad, es una línea muy delgada la que las separa. Evitemos a toda costa que al buscar que se haga justicia, exijamos o impartamos venganza.

Cada vez que se cometa un acto de injusticia hacia nosotros, debemos de tratar de que se rectifique esa acción, y así de esta manera, podré pasar al siguiente punto que es perdonar.

El perdón, no consiste en olvidar la ofensa, sino en renunciar, sin estar obligado a ello, a ejercer su derecho. Recuerdo una frase que dice “la ofensa no perdonada ni vengada ni olvidada se mantiene activa, empantanada, enconada y acaba enranciándose.” Y a eso se le llama rencor.

 

El perdón es un acto de justicia y así la venganza queda anulada.  Enseñemos a nuestros hijos a ser justos, a no ser abusivos, no solo dentro de la familia o la escuela, sino también como ciudadanos que actuarán de manera responsable a lo largo de sus vidas, pero sobre todo, ¡enseñémoslos a perdonar por más difícil que esto parezca!

¿Enseñamos a nuestros hijos a perdonar? o nos gusta aplicar la Ley del Talión de “ojo por ojo y diente por diente”.

 

Distanciarnos del placer que provoca la venganza, es tarea difícil, pero no imposible. Debemos  trabajar contra ella, con lo que lograremos tener un ambiente de mayor tranquilidad espiritual, emocional y social, especialmente con nuestros jóvenes. Neutralicemos el continuo bombardeo de agresión que tanto se les fomenta y los deforma. Enaltezcamos esa escala de valores (hoy en día tan ignorada), donde se viva de manera justa y se aprenda a otorgar el perdón.

¿Qué nos hace pensar que vivimos en un mundo virtual eliminando todo aquello que se me atraviesa en el camino?

 

Cuando la ley no me da lo que necesito, ¿Qué me hace pensar que debo de buscar justicia por mis propios medios al más puro estilo Charles Bronson en “El vengador anónimo”?

Si me permiten, para terminar, emulando a los videojuegos, tengamos en cuenta que ganamos mas puntos perdonando, que vengando.  Cuando en nuestra vida nos llegue el “cambiar de mundo”, si no hemos sabido perdonar, se nos dirá “no bonus” y por lo tanto “game over”.

ESTAR CASADOS Y VIVIR COMO CASADOS

Hoy en día el matrimonio parece ser un tema de actualidad. Hablar de matrimonio es algo muy natural y común, pero saber a ciencia cierta que es, dista mucho de lo que en general se conoce.

El matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer para hacer una vida en común y formar una familia. Me gustaría que profundizáramos aún mas…

Cuando se celebra el matrimonio, se realiza el Pacto Conyugal. Es un compromiso y una responsabilidad orientados hacia el futuro.

El matrimonio es en donde el varón y la mujer comprometen ante el otro toda su capacidad de ser cónyuges, y es en ese preciso momento donde se engendra una relación de justicia (darle al otro lo que por derecho le corresponde) y de fidelidad (comprometer su fidelidad ante el otro).

Cuando dos personas se casan se crea un vínculo, y ese vínculo, esa unión, contiene el desarrollo de la vida matrimonial. Eso, es estar casados.

Cuando hablo de vivir como casados, no me refiero a las personas que de buenas a primeras deciden vivir juntos y compartir los gastos. Estar casados es mucho mas.

Estar casados es cumplir unos deberes y unos derechos que son mutuos, permanentes, continuos, exclusivos e irrenunciables. Sin embargo la vida matrimonial no se limita al cumplimiento de los deberes y los derechos que cada uno posee. A estos se le suman unos principios que son formas reguladoras del cumplimiento de la finalidad de la vida matrimonial.

El incumplimiento de los deberes matrimoniales lleva a la falta de algún principio, y esto provoca que deje de ser una relación de justicia.428624_gd

Vivir como casados implica una serie de principios que no se deben de olvidar, como por ejemplo la fidelidad, que es ser consecuente con el compromiso adquirido. Es tener el derecho a que el otro me sea fiel, y el deber de serle fiel al otro.

No podemos aceptar frases como: “yo sigo igual, mi esposa es la casada”… ; ”yo tengo otras, no soy celoso”…

Hay que recordar nuestro compromiso, las promesas, como cuando decimos “soy tuyo”, lo que quiere decir, soy tu yo.

Los esposos deben ayudarse en la conservación y mejoramiento de los aspectos materiales de su vida personal. Esto no significa que si hay momentos de fracasos o perdidas de trabajo que provoquen algún tipo de empobrecimiento se falte a este principio. El compromiso no se limita a los tiempos de bonanza, sino que abarca también, las épocas de carencias, los tiempos difíciles.

El matrimonio es una unión que supera carencias, de la misma manera que no se pierde cuando hay abundancia y riquezas. Se fortalece con el gozo de la salud, lo mismo que cuando la salud se deteriora. La fidelidad abarca el pensamiento, las acciones. Los proyectos de vida no se basan en traiciones, sino en el compromiso.

Mas allá de lo material, los esposos se deben al mutuo perfeccionamiento espiritual, son responsables de guiar a su cónyuge al crecimiento espiritual, moral, afectivo y si se quiere, al religioso.

Cuando dos personas se casan, deben de vivir juntos, y de esta manera podrán educar y formar a los hijos. La procreación es uno de los fines del matrimonio.

De esta manera vemos que estar casados nos obliga a vivir como casados. La unión libre puede parecer igual, pero de entrada rechaza el compromiso.  Deja abierta la posibilidad de salir de la aparente unión, por lo que carece de fuerza.

En el matrimonio se le da valor a cada uno de los contrayentes.  Dicho valor no desaparece con el tiempo. Permanece sin importar la situación económica, de salud o de la edad.  El respetar y ser fiel engrandece a ambos. Proyecta un poderoso ejemplo a las generaciones que le suceden.

Queda claro entonces que la unión matrimonial protege a quienes la forman, da certeza a la familia que de ésta se deriva, la fortalece.  Es una unión que crece, que vincula, que nos obsequia pertenencia, que enriquece el espíritu y que nos ayuda a sobrellevar y superar las pruebas que la vida nos ofrece.