¡MAMÁ, QUIERO JUGAR!

El juego cumple muchas de las necesidades de la vida infantil, es divertido y estimulante, y tiene una función central en el desarrollo del niño. Promueve el desarrollo de las habilidades físicas, intelectuales y sensoriales. Para un niño jugar es hacer algo muy diferente a todo lo demás, además que por medio de éste se consume mucha energía.

Mediante el juego activo desarrollan habilidades que les dan confianza física, seguridad y certeza. Los niños aprenden a conocerse a si mismos  y a los demás, aprenden a socializar, se estimulan y manejan sus emociones.

El juego da a los niños la ocasión de practicar y adelantar en una atmosfera de expresión libre sus capacidades físico-motoras, cognoscitivas y lingüísticas, de manifestarse y explorar habilidades sociales importantes. Ofrece oportunidades de adquirir empatía, reglas y comportamientos que la sociedad considera adecuados, así como la capacidad de distinguir lo real de lo simulado. (Craig: Desarrollo psicológico)

Todo padre quiere que sus hijos estén bien formados y educados, por eso invierten tanto tiempo y dinero en clases extracurriculares para sus hijos.

¡Cuidado!

Esto puede provocar que no dejemos a nuestros hijos jugar. Los niños están saturados de clases de karate, ballet, piano, pintura, kumón, futbol, equitación, teatro, etc. y llegan a casa a altas horas de la tarde-noche a terminar los deberes de la escuela, cenar e irse a la cama. ¿y el juego?

El juego les aporta experiencias que responden a las necesidades específicas de las etapas del desarrollo.

Cuando vemos a un niño que no juega sabemos que algo no está bien, sin la necesidad de tomar análisis clínicos o radiografías, así que el juego se convierte en el mejor indicador de la salud de nuestros hijos.

Recordemos lo importante que era para nosotros jugar, lo divertido que era, y lo que aprendimos con él.

El juego ayuda en al ejercicio de las virtudes. Se aprende a perder y a respetar al ganador. Se aprende a ganar sin soberbia. Promueve la solidaridad, el compañerismo. A ceder jugando lo que al otro le gusta.  Se promueve la imaginación y la creatividad. Con el juego los niños aprenden a expresar sus sentimientos, sus miedos y sus anhelos.

Dejemos que nuestros niños jueguen, que corran, que brinquen, que se revuelquen y se ensucien, aunque rompan los pantalones de las rodillas. Un raspón, un tropezón o un pequeño golpe, les enseñará a ser precavidos y a la vez a tener fortaleza.

Es muy importante la formación académica que le demos a nuestros hijos, pero no olvidemos que el jugar para ellos es igual de importante que la alimentación o el sueño. No los limites a los videojuegos para que se estén quietos y tu puedas seguir haciendo tus actividades.

Juguemos con ellos, salgamos de nuestra rutina y de todas esas actividades que nos agobian y que no nos permiten disfrutar de esos momentos de alegría de nuestros hijos. Volvamos a vivir esos momentos de diversión, platiquemos nuestras experiencias, y nos daremos cuenta que nos creará un ambiente de unión que ellos recordarán toda su vida.