NO NECESITO GRITAR

Intolerancia, corrupción, discriminación, desigualdad, injusticia, indiferencia, ignorancia, difamación, agresión, experimentación, confusión, distorsión, perversión.

Palabras salidas de los últimos minutos del noticiero matutino.

¿Hasta dónde vamos a llegar?

A veces siento que estoy dentro de una película con un mal guión y pésima producción, y lo cierto es que la realidad no puede ser mas cruel y que no puedo cambiar el canal o levantarme de la butaca y escapar de la sala de cine.

Mientras esto sucede, me encuentro sentada al lado de la ventana observando como empieza a cambiar el paisaje, las flores se mezclan con el revoloteo de los pájaros, las vacas y los caballos que pastan, respetan sus espacios y cada uno vive con su condición.

Supuestamente son seres con mentes muy inferiores a las del ser humano y sin embargo saben lo que son y lo que pueden hacer. No planean el desprecio por si mismos, ni lo ejecutan.

¿Por que los seres humanos no podemos seguir esa sincronía de la naturaleza?

¿Por que queremos imponer nuestros criterios, sin importar que sean correctos o equivocados, sabedores de que no constituyen la verdad absoluta?

He notado que el que menos razón tiene, es el que grita más fuerte. Gritando han logrado cambios por demás absurdos. Han podido modificar la percepción que muchas personas tienen sobre situaciones y condiciones. ¿Acaso los principios son modificables? ; ¿Es necesario modificar el hábitat, la sexualidad, la alimentación de los seres vivos?

Ya nadie quiere ser lo que es, cada vez hay más personas inconformes consigo mismas. El niño quiere ser adulto, el adulto quiere ser joven, hombres y mujeres queriendo cambiar de sexo, madres que no quieren tener hijos y se deshacen de ellos, hijos que reniegan de sus padres y rechazan sus orígenes.

Esto ha provocado otro tipo de situaciones como son los vientres de alquiler, comercio de órganos, trata de blancas, niños y niñas con dos o cuatro madres, pero sin padre aparente, seres nonatos desechables o aptos para el comercio de células madre, de órganos con poco uso o desgaste, conejillos de indias para la ciencia, clonación de seres humanos, etc.

En resumen, la cosificación del ser humano. Producto desechable en cuanto no me sirve para lograr mis objetivos, alcanzar mis ideales o mi felicidad.

El mensaje es muy claro. Hay que gritar para confundir y lograr aceptación. La influencia actúa buscando eso, que no se quiera ser, lo que se es. Hacer presa fácil al inconforme, al inseguro o al ignorante.

Me viene a la mente aquel día donde debido a una fuga de agua al interior de mi casa, hubo que cambiar el piso estropeado. La vendedora de la tienda de pisos, me mostró tal cantidad de opciones, que me dejaron desconcertada. Al notarlo, me dijo: “¿Así, o la sigo confundiendo más?”. De la misma manera, la gran cantidad de opciones sin rumbo dificultan la toma de decisiones que impactan nuestras vidas.

No es la cantidad de información, ni la amplia gama de opciones lo que nos da sentido en la vida. El razonamiento sobre bases claras, de probados resultados a través del tiempo, ayuda a tener claridad, sin necesidad de acudir a Google.

Me queda claro que eso les sucede a muchos con frecuencia. Ante tantas y tantas opciones para elegir el tipo de vida a llevar, se cae en el engaño de que se puede elegir lo que se “puede o quiere” ser. Al final, terminarán sin tener idea de quiénes son, ni que son, ni a donde van, ni para qué. En vez de armar el rompecabezas de la vida, viven la vida de la pieza. En realidad, siempre serán parte del todo, pero no sabrán en dónde colocarse, ni que parte son, ni si son complementarias, ni si son parte de un todo. Alienados en soledad, sin saber el sentido de su existencia. Vivir en un mundo de confusión para empezaran a gritar.

Desde luego que no sugiero que se viva en la ignorancia. Al contrario, soy una fiel defensora del conocimiento, instrumento básico para no ser manipulable. Me refiero a que se ha provocado confusión en muchas personas por el exceso de información, con carencia de formación.

No se debe escuchar únicamente a los que gritan, por el simple hecho de que lo hacen, por lo elevado del volumen en que gritan o la frecuencia en que lo hacen. En vez de ello, hay que aprender a escuchar a aquellos que tienen la razón. A los que fundamentan, a los que se preparan, estudian, y no se dejan llevar por la corriente equivocada. Hay corrientes que guían hacia lo positivo, donde la razón predomina sobre la reacción.

Las corrientes gritonas son precisamente las que provocan odio, intolerancia, ofensa y discriminación.

No se puede ir contra natura, se es, lo que se es. Hay una razón para nacer como se nace. Todo lo demás es comportamiento. Si no me acepto, si no apruebo mi naturaleza, si me crea conflicto interior, si percibo una disociación, ¡hay que pedir ayuda! En algunos casos, los seres humanos realizan inmensos esfuerzos por querer cambiar la naturaleza con argumentos sin fundamento. Podré cambiar mi apariencia, pero no mi esencia, ni mi información genética, ni mi ADN.

Todos hablan de igualdad de derechos, pero nadie habla de igualdad de obligaciones.

Entiendo que lo que expongo puede llegar a provocar mucha agresión y desacuerdo con mucha gente, pero lo siento mucho. La alquimia en la sexualidad es tan real como en el oro.

Yo también tengo derecho a dar mi opinión y a que ésta sea respetada, no necesito gritar, pero tengo la obligación de decirlo.

 

Mi opinión también cuenta.

 

Practico la tolerancia y el respeto, y espero lo mismo. Invito también, a quien opine diferente, a que lo exponga con la misma franqueza, como lo hago aquí, respetuosamente.

Tomemos en cuenta que algún día la naturaleza nos va a pasar la factura y no tendremos como pagarla. Ya ha habido claras muestras de esto…

 

 

CUANDO SE NOS OLVIDÓ……….

Siempre nos quejamos de tener mala memoria, o por lo menos sucede con mayor frecuencia cuando se llega a mi edad. Le atribuimos a la edad, porque no recordamos la palabra, el número de teléfono, la cita programada, o incluso si me tomé la medicina.

La mala memoria, es algo que a todos los seres humanos nos preocupa, existe un miedo irrefrenable a olvidar los acontecimientos planeados a futuro o los vividos en el pasado, y creo que hay cosas más importantes que debemos de considerar no borrarlas de nuestra memoria.

Se nos olvidó mirar a los ojos a la persona que tenemos enfrente, argumentando que somos capaces de poder hacer las dos cosas al mismo tiempo, escuchar la plática, y seguir lo trendi del mundo desde nuestro teléfono.

Se nos olvidó ver en el interior del otro, tratando de descubrir cuales son sus preocupaciones y sus alegrías, y si hay algo que quisiera compartir y no se atreve por ver esa falta de atención a sus sentimientos.

Se nos olvidó escuchar. Tenemos la cabeza llena de ruido y en realidad no sabemos nada del otro. Es una ignorancia generalizada de intimidad.

Se nos olvidó pensar. Sí, pensar que hay un mundo que no gira a mi alrededor, sino al contrario, yo soy parte de esa cantidad de seres que giran en el mundo y que cuya interacción es lo que hace que tanto ellos como yo trascendamos en nuestra existencia.

Y cuando se me olvida pensar, escuchar, interiorizar en el otro, mirar a la cara, y sobre todo se nos olvida tener fe, nos convertimos en seres vacios.

Se nos olvidó creer, pero creer en un Ser superior a mí, que me consuela y me acompaña a todas partes, en cambio, aprendimos a creer solo en lo material, en lo tangible y en todo lo que nos presentan los medios de comunicación sin importar la fuente. Es por eso que no sabemos estar mas de dos minutos sin el teléfono mobil, sin revisar la pantalla y ver si hay algún nuevo mensaje.

Dios no es un estorbo, la religión no es una adicción como rezan los mas puros lideres  ateos.

Entre menos se interioriza y se busca el verdadero sentido de existir, más facilmente se cae en los excesos. Éstos van desde la anarquía, el desinteres y la desolación, hasta el fanatismo, el materialismo y la pérdida de los valores o su substitución por los antivalores.

Todas las culturas, en alguna etapa, han adoptado alguna forma de creencia estructurada, donde el bien es el eje central. Donde se persigue la razón del existir. Donde lo sublime, la perfección, es la meta a alcanzar.

La religión busca la conexión  y la inserción del ser humano con y en el universo, con el Ser Supremo, capáz de dar orígen a las cosas, de la vida, de la creación, del Ser. El orígen de todo lo que ha existido, existe y habrá de existir.

La religión, apoyada en la teología, la antropología y  la filosofía entre otras, ofrece razones, donde la fe y la esperanza son en sí mismas la respuesta, freno e impulso a la vez.

Con la pérdida provocada por la ignorancia y la desolación, generación tras generación tienden a la polarización.

Mientras que unos marchan hacia el fanatismo religioso, hasta el punto de despreciar la vida humana, donde el bien es relegado, la vida es despreciada y aquellos que no coinciden en la manera de pensar o de creer, se convierten en el enemigo asérrimo al que habrá que liquidar, por el hecho de no someterse a sus creencias y convicciones, otros se entregan al fanatismo tecnológico donde lo virtual o el ser el primero en ver o tener, es lo que importa.

No hay que ser el primero en entrar a una tienda departamental para comprar aparatos a precio de descuento, sin importar pisotear o golpear a otras personas. No estar dispuestos a desfigurar a el seguidor del equipo contrario ante el resultado de un encuentro deportivo.

Desde siempre, me duele el que las personas pierdan la capacidad de asombro. Donde no brote el actuar como el “buen samaritano” de manera espontánea, mas que en contadas ocasiones o por protagonismo. El hacer lo que se debe de hacer, ejercerciendo la compasión y el amor a nuestros semejantes, es visto como un acto heróico.

Escuche decir en una entrevista a Denzel Washington que “el hacer lo que se debe de hacer, nos llevará a hacer lo que queremos hacer”. Es una cita entre el deber y el querer. Una isla entre los extremos.

Y para tener fe, eso es lo que precisamente se necesita, querer creer, para saber que hacer y quererlo hacer. No es mi intención forzar a nadie a adoptar mis creencias, pero si me inclino a que sin fe, no hay freno.

En estos ultimos años he perdido mucha memoria pero les puedo asegurar que de Dios y mis obligaciones como persona de fe, no se me ha olvidado nada.

No nos olvidemos de lo mas importante y queramos recurrir a Él solo en situaciones dificiles.

No finjamos una demencia selectiva, donde lo que me incomoda prefiero dejarlo en el fondo de mi mente.

No puedo olvidarme de mi mismo y de por qué estoy aquí.

QUIEN NO PARTICIPA, NO SE INTEGRA

Muchas veces, hemos sido testigos de los severos daños que  causan los fenómenos meteorológicos  donde fuertes lluvias, inundaciones, terremotos, incendios, tornados, tsunami, trajeron muerte, destrucción y ruina para  poblaciones. Nos horrorizamos de ver lo terrible que ha sido para tantas personas. Se pierden muchas vidas. Una gran cantidad de personas prácticamente han perdido la totalidad de sus pertenencias. Hay muchos en riesgo de enfrentar problemas de salud.  La mayoría, se sienten abatidos y derrotados.

Mientras unos sufren irreparables pérdidas, otros mas afortunados,  vivimos en sitios sin mayores problemas, aparentemente alejados de las tragedias. Sin embargo, el hecho de enterarnos de las graves condiciones en que otros padecen, nos motivan a ayudar a los mas desprotegidos y deben obligarnos a actuar solidariamente. Este loable sentimiento de querer ayudar a los demás, en sí, es bueno. Sería mejor aún, si lo practicáramos diariamente, como forma de vida, dentro y fuera del hogar.

No hay que esperar desastres naturales o uno al interior de la familia. La forma de enseñar a nuestros hijos a ser generosos con los demás es sencilla. Hay que integrarlos a participar en las actividades y quehaceres cotidianos.

El bien común se inicia en casa.

Todos los familiares gustan de ser incluidos en la repartición de los bienes familiares y pocos aprecian las obligaciones o el actuar voluntariamente en apoyo y al servicio de los demás integrantes de la familia. Los bienes familiares no son únicamente cosas materiales o quehaceres domésticos, también son el saber compartir las alegrías y las tristezas, practicando virtudes como son la amistad, el orden, el respeto, la responsabilidad y la solidaridad.

Para lograr beneficiar a todos los miembros de la familia, supone un esfuerzo personal y se comparten valores que son dados y recibidos con amor. Así, todos participan y se convierten en repartidores de bienes, en una dinámica que va mas allá del servicio de los padres.

Todos y cada uno de los miembros de la familia debe apoyar y colaborar dentro de sus capacidades al crecimiento del resto de los miembros de la familia. Esto ayudará a mejorar el ambiente familiar, haciendo que todos se sientan personas valiosas, capaces de ayudar. Hay que tener cuidado y evitar ser simplemente elementos utilizables para beneficios mezquinos de los otros. También hay que evitar ser la eterna víctima o el indiferente perezoso que se escuda con pretextos y excusas.

Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos, y saben su responsabilidad a la hora de educar. Debemos tener muy claro que para “formar familia” los hijos deben de participar de una manera activa en esto. No “forman familia” los padres solos, aunque tengan la mayor y mejor voluntad. Si se fomenta en los hijos el deseo de participar en el bienestar común, lograremos una verdadera integración familiar.

Si los hijos no participan, la casa no es hogar, se convierte en un hotel, un lugar de paso, donde gratuitamente se les brindan servicios y comida. Hay que enseñarles que los demás también son personas con sentimientos y necesidades, y no solo de cosas materiales, sino de apoyo, compañía, cariño y tiempo de calidad. Hacerlos consientes de que todo aquello que hagan o que dejen de hacer repercute, afectando a todos los miembros de la familia.

Una familia integrada se logra con la participación de todos sus miembros. El éxito de una sociedad se alcanza con la participación de todos sus ciudadanos.

participacion familiar

ORDINARIO O EXTRAORDINARIO

Cada día tenemos múltiples actividades que debemos de realizar de acuerdo a lo que hemos decidido en la vida, y estás actividades deben de ser planeadas y tratar de ser desarrolladas y encaminadas a nuestro propio bien y al bien común.

Actividades cotidianas que muchas veces pasan desapercibidas incluso para nosotros mismos. Actividades que en realidad son obligaciones o responsabilidades que son propias de la edad, situación civil e incluso sexo.

Actividades que en realidad todo el mundo realiza, y que no se hacen para ser reconocidas ni mucho menos buscando un beneficio propio. Pero, ¿Qué sucede con aquellas personas que haciendo lo mismo que cualquier otro, si son realizados por ellos lo presentan ante los ojos de los demás como algo extraordinario?

Este tipo de personas, lejos de reconocer lo hecho por los demás, solo les parece importante y digno de reconocimiento general, cuando son ellos quienes lo lleva a cabo.

Me imagino que todos conocemos a alguien así.

Desde que somos pequeños siempre estamos en busca de algún tipo de reconocimiento por todo aquello que hacemos, como por ejemplo: Cuando el niño aprende a tender su cama y la mamá dice que su hijo es el mejor y merece un premio.

Al niño se le ha enseñado a hacer algo, y se le reconoce su avance, pero no vamos a hacer eso todos los días. El niño debe de aprender a obedecer y a tender su cama y es algo que en el futuro tendrá que hacer más veces de lo que le pudiera llegar a gustar.

Seguramente en el futuro no habrá alguien que en substitución de la figura materna lo llene de elogios cada vez que tienda la cama. Las obligaciones llevan implícito, que al llevarlas a cabo cabalmente, queda la gran satisfacción del deber cumplido

Esto no quiere decir categóricamente que los elogios son algo negativo. No se mal interprete en cuanto a que nadie debe de recibir algún tipo de reconocimiento por lo bien realizado. El reconocimiento, se otorga precisamente para los actos positivos considerados fuera de lo normal.  De hecho, es difícil el lograr ser ordinario y cumplir a cabalidad lo que son nuestras obligaciones, metas y compromisos. Reitero, lo cotidiano  es una responsabilidad.

Lo extraordinario, su nombre lo dice, y debe ser positivo y encaminado al bien común. Es brindarse a los demás. Es trascender de manera positiva sin buscar las luminarias o las opiniones que alimenten el ego. Es marcar el camino para que los demás puedan transitar en libertad hacia una mejor realidad. Es descubrir para los demás.  Es el bien para el bien.

Apartémonos del síndrome de la gallina, que se dedica a “cacaraquear” todo lo que se hace. Evitemos ser como aquellos que cada vez que hacen un acto de caridad llaman a todos los medios de comunicación para que les tomen fotografías y salgan en todas las revistas.

Esto es utilizar al dolor y carencias de los que menos tienen, en un afán comercial y ególatra, encaminado a engrandecerse ante los demás, fingiendo ser una persona caritativa.  Quien en verdad practica la caridad, practica la discreción.

Muchas veces lo que mas se calla es lo que más se sabe. No hay que perder el tiempo en buscar el reconocimiento de los demás. Así se podrá alcanzar mucho mas. Las buenas obras y las obligaciones cumplidas generan bienestar y riqueza, tanto material como del espíritu.

Practiquemos el cumplimiento de nuestras obligaciones.  Exijámonos a nosotros mismos para dar ejemplo, de manera discreta, pero constante. De esta manera en nuestra vida podremos ir colocando día a día, los sólidos tabiques de lo ordinario, pudiendo así aspirar a un legado extraordinario.

Les comparto este video de alguien que hace cosas extraordinarias de manera ordinaria

http://http://www.youtube.com/watch?v=s0Vt6W5VIzc

 

LOS RETOS DE LA FAMILIA

noticias_6_famillia_chilenaCuando para los padres de familia no es de vital importancia educar y formar a sus hijos, estamos criando y creando individuos que serán parte de la legión de los antivalores.

La historia demuestra que cuando las sociedades se relajan, viene la decadencia, es decir, los descalabros sociales, que arrastran a la ruina moral, económica y social.

Las revoluciones y guerras, en general, son manifestaciones y/o consecuencias de una deficiente impartición de justicia. También se deben a la manipulación y distorsión de lo que es y debe ser la justicia.

La familia, desplazada como guía de niños y jóvenes, es sustituida por “cibernanas” como son el internet, los videojuegos, la televisión, la música subliminal, etc.  Otro mal substituto, son las pandillas.

Esto no implica que no sean buenos medios de comunicación, lo mismo que  de entretenimiento, pero si no hay supervisión, hay confusión. Es mucha información, con poca educación, lo que desemboca en deficiente formación.

En las familias de hoy, escuchamos “eso de quedarme en casa cuidando hijos, y marido es anticuado, y del siglo antepasado”.  La realidad es que los hijos no son precoces, sino dependientes de los cuidados de los padres. Lo justo es brindarles cuidados, protección, abrigo, instrucción, educación, formación, pertenencia e identidad.

La atención y respeto entre los padres, permite conservar la unión de éstos, lo que consecuentemente ofrece un nicho donde los hijos puedan desarrollarse  positivamente.

Tristemente, cuando hay actos de violencia extrema, se asoma, como una constante, una familia fracturada o la carencia de integración de ésta. Los males en la familia, no quedan ahí, sino que tienen repercusiones en la sociedad.

No importa en que siglo vivamos, siempre va a ser importante nuestra función como padres y educadores de esos niños, y que lo único e importante que en verdad  necesitan, es AMOR.

El cariño, permite dar atención, sin que sea una carga el participar en el bienestar de la familia. Hay que tener presente, que el bien común se vive en la familia, de donde se proyecta a la sociedad.

El individuo que pertenece a una familia, tiene una base hacia adentro.  A la vez, tiene el sentido social, que estará presente en su interacción con otros individuos, ya sea en la escuela, el trabajo, los centros recreativos, las actividades deportivas, otras familias, amistades, asociaciones religiosas, etc.

Los valores y virtudes nos enseñan a vivir la realidad.  Hay mucha diferencia entre un “reality show” y las experiencias reales.  El individuo debe aceptar lo que es real y esforzarse.  Hay que enseñar a nuestros hijos, que lo bueno cuesta, que es para siempre, que te mantiene libre, que no se agota, que es justo y por ello hay que vivirlo y dárselo a las futuras generaciones.

Las pasiones y bajos instintos han existido desde tiempos inmemoriales.  Lo  mismo sucede con lo vulgar o lo grotesco. El ser humano, sobresale por su capacidad de adaptación. Esto no implica que deba adaptarse a lo que va contra natura, ni a lo que con etiqueta de liberal, moderno o equitativo, nos precipite hacia la decadencia, a la pérdida de los valores, reconocidos y construidos dentro del tejido social durante siglos.

Viene otro aspecto, pues quienes pregonan equidad entre lo bueno y lo malo, entre lo virtuoso y lo decadente, en muchas ocasiones, reclaman sus derechos, pisoteando los de los demás, o los derechos de la mayoría.

Consideran que el respeto, son actitudes y deberes que los demás deben tenerle. Que el resto le sea tolerante, que se sacrifique, que demuestre dominio de sí mismo, en un callejón de un solo sentido.

Recuerdo aquella anécdota de una persona que conduciendo su auto, se metió  en sentido contrario al freeway, mientras escuchaba en la radio, que un aviso urgente advertía que un carro circulaba en sentido contrario a gran velocidad.  Lejos de darse cuenta de lo que estaba sucediendo, mientras esquivaba  los carros que le venían de frente, vociferaba…”¿UNO?,  no hombre…, ¡CIENTOS DE CARROS!

 

TU HIJO….MI HIJO…. NUESTROS HIJOS

Al tomar la decisión de formar  una familia,  contemplamos la ilusión de tener hijos,  la forma en que habremos de criarlos y la jornada que nos aguarda para formarlos como personas de bien.  Lo que queremos es que sean felices.

Al pensar en tener nuestros hijos,  tratando de imaginar cómo serán, si a quién se parecerán, si a papá o a mamá, a tu familia o a la mía.  Luego pensamos en su primer día de colegio y todos esos acontecimientos importantes que de sólo imaginarlos, nos causan alegría.

Cuando llega la realidad del primer hijo, resulta que viene sin instructivo, todo mundo opina.  Luego vienen los celos de la pareja, cuando la atención se divide.

Debemos tener claro que para la pareja, el matrimonio, es lo primero.  Es el origen, el rumbo, la razón, la guía, el sitio a donde recurrir cuando se fracasa y al que hay que acudir para compartir los éxitos.  Debemos tener en cuenta que cuando los hijos se marchan, los padres se quedan solos, aunque sabemos que los que se marchan, de alguna forma u otra, regresarán.

Penosamente, es muy frecuente discrepar sobre la conducción y educación de los hijos.  Poco se trata en el noviazgo el platicar si se pretende tener hijos, si les inculcaremos una fe religiosa o ninguna, si tendremos muchos o pocos, si cursarán sus estudios en escuelas públicas o privadas, etc.

Mas penoso aún, es no haberlo considerado antes de la llegada de los hijos, y ahora, ante ellos, tener discusiones (muchas veces acaloradas), sobre quien  y cómo se les habrá de disciplinar o corregir.

Uno de los errores más comunes que se presentan en las relaciones conyugales suceden cuando alguno de los padres al no saber como corregir al hijo, ante una circunstancia aparentemente complicada,  se des marca y le dice al cónyuge “es tu hijo, tú edúcalo”.

Tu Hijo, Mi Hijo, Nuestro Hijo

Con acciones como esa, mediante opiniones aparentemente  intrascendentes, las cuales parecieran estar dirigidas a molestar al cónyuge, a quien realmente dañan es a los hijos, a la relación de éstos para con sus padres, hermanos y la sociedad en general. El hijo percibe la falta de interés que en ese momento su progenitor le presta a sus acciones. Esto podría provocar una mayor rebeldía del hijo para tratar de llamar la atención.

Torpemente estamos reforzándole al hijo que no tenemos autoridad ante él. Nos preocupamos en lanzarnos culpas y olvidamos aplicar el correctivo adecuado y compartido por los padres, quienes deberían de ejercer su autoridad.

Por otra parte, y para empeorar las cosas, nos apresuramos a brindar “premios” cuando los hijos realizan lo ordinario, que es aprovechar las oportunidades que los padres les brindan.  Premiamos lo ordinario como si fuese extraordinario, por el simple hecho de que fue realizado por nuestro hijo.

Esto aplica cuando el hijo gana un premio en el colegio, o en cualquier competencia deportiva. Se nos abulta el pecho y llenos de orgullo exclamamos “¡ese es mi hijo!”

Cuando usamos a los hijos para golpetear a nuestro cónyuge, aprovechamos el que nuestro hijo (a) lleve a cabo una acción nociva o negativa, también reforzamos la mala conducta, exclamando lo mismo, “¡ese es mi hijo!”.

Los esposos deben de tener muy claro que los hijos son de los dos, los dos deben de ejercer una autoridad compartida, y la educación que le brinden debe de ser previamente hablada y acordada entre ellos.

Si los padres no han hablado nunca de la forma en la que educarán a sus hijos, se enfrentaran a situaciones y acontecimientos que no sabrán como manejarlos y provocaran discusiones entre ellos y el hijo se quedará sin la educación que merece.

Debemos de entablar un verdadero diálogo con nuestro cónyuge para así poder formar y educar a “Nuestros Hijos”, como personas de bien y felices. Busquemos ese momento para hablar y acordar como será la educación que les daremos formando un frente común y así de esta manera el hijo sentirá la seguridad de que sus padres saben lo que hacen y que lo hacen por su bien.