CUANDO SE NOS OLVIDÓ……….

Siempre nos quejamos de tener mala memoria, o por lo menos sucede con mayor frecuencia cuando se llega a mi edad. Le atribuimos a la edad, porque no recordamos la palabra, el número de teléfono, la cita programada, o incluso si me tomé la medicina.

La mala memoria, es algo que a todos los seres humanos nos preocupa, existe un miedo irrefrenable a olvidar los acontecimientos planeados a futuro o los vividos en el pasado, y creo que hay cosas más importantes que debemos de considerar no borrarlas de nuestra memoria.

Se nos olvidó mirar a los ojos a la persona que tenemos enfrente, argumentando que somos capaces de poder hacer las dos cosas al mismo tiempo, escuchar la plática, y seguir lo trendi del mundo desde nuestro teléfono.

Se nos olvidó ver en el interior del otro, tratando de descubrir cuales son sus preocupaciones y sus alegrías, y si hay algo que quisiera compartir y no se atreve por ver esa falta de atención a sus sentimientos.

Se nos olvidó escuchar. Tenemos la cabeza llena de ruido y en realidad no sabemos nada del otro. Es una ignorancia generalizada de intimidad.

Se nos olvidó pensar. Sí, pensar que hay un mundo que no gira a mi alrededor, sino al contrario, yo soy parte de esa cantidad de seres que giran en el mundo y que cuya interacción es lo que hace que tanto ellos como yo trascendamos en nuestra existencia.

Y cuando se me olvida pensar, escuchar, interiorizar en el otro, mirar a la cara, y sobre todo se nos olvida tener fe, nos convertimos en seres vacios.

Se nos olvidó creer, pero creer en un Ser superior a mí, que me consuela y me acompaña a todas partes, en cambio, aprendimos a creer solo en lo material, en lo tangible y en todo lo que nos presentan los medios de comunicación sin importar la fuente. Es por eso que no sabemos estar mas de dos minutos sin el teléfono mobil, sin revisar la pantalla y ver si hay algún nuevo mensaje.

Dios no es un estorbo, la religión no es una adicción como rezan los mas puros lideres  ateos.

Entre menos se interioriza y se busca el verdadero sentido de existir, más facilmente se cae en los excesos. Éstos van desde la anarquía, el desinteres y la desolación, hasta el fanatismo, el materialismo y la pérdida de los valores o su substitución por los antivalores.

Todas las culturas, en alguna etapa, han adoptado alguna forma de creencia estructurada, donde el bien es el eje central. Donde se persigue la razón del existir. Donde lo sublime, la perfección, es la meta a alcanzar.

La religión busca la conexión  y la inserción del ser humano con y en el universo, con el Ser Supremo, capáz de dar orígen a las cosas, de la vida, de la creación, del Ser. El orígen de todo lo que ha existido, existe y habrá de existir.

La religión, apoyada en la teología, la antropología y  la filosofía entre otras, ofrece razones, donde la fe y la esperanza son en sí mismas la respuesta, freno e impulso a la vez.

Con la pérdida provocada por la ignorancia y la desolación, generación tras generación tienden a la polarización.

Mientras que unos marchan hacia el fanatismo religioso, hasta el punto de despreciar la vida humana, donde el bien es relegado, la vida es despreciada y aquellos que no coinciden en la manera de pensar o de creer, se convierten en el enemigo asérrimo al que habrá que liquidar, por el hecho de no someterse a sus creencias y convicciones, otros se entregan al fanatismo tecnológico donde lo virtual o el ser el primero en ver o tener, es lo que importa.

No hay que ser el primero en entrar a una tienda departamental para comprar aparatos a precio de descuento, sin importar pisotear o golpear a otras personas. No estar dispuestos a desfigurar a el seguidor del equipo contrario ante el resultado de un encuentro deportivo.

Desde siempre, me duele el que las personas pierdan la capacidad de asombro. Donde no brote el actuar como el “buen samaritano” de manera espontánea, mas que en contadas ocasiones o por protagonismo. El hacer lo que se debe de hacer, ejercerciendo la compasión y el amor a nuestros semejantes, es visto como un acto heróico.

Escuche decir en una entrevista a Denzel Washington que “el hacer lo que se debe de hacer, nos llevará a hacer lo que queremos hacer”. Es una cita entre el deber y el querer. Una isla entre los extremos.

Y para tener fe, eso es lo que precisamente se necesita, querer creer, para saber que hacer y quererlo hacer. No es mi intención forzar a nadie a adoptar mis creencias, pero si me inclino a que sin fe, no hay freno.

En estos ultimos años he perdido mucha memoria pero les puedo asegurar que de Dios y mis obligaciones como persona de fe, no se me ha olvidado nada.

No nos olvidemos de lo mas importante y queramos recurrir a Él solo en situaciones dificiles.

No finjamos una demencia selectiva, donde lo que me incomoda prefiero dejarlo en el fondo de mi mente.

No puedo olvidarme de mi mismo y de por qué estoy aquí.

Las Amigas Jodonas

 

Como habrán notado.

Hace tiempo que dejé de escribir. Por motivos de salud, dejé de hacerlo, pues la concentración me abandonó y las ideas se me han de haber escabullido por alguna jeringa desechable, una herida o en un parche.

Por alguna razón que desconozco, algunas de mis amigas se acuerdan que me gustaba escribir, y lo mas extraño es que aparentemente disfrutaban de leer el contenido de aquellas líneas.

Hacíendo un esfuerzo por reactivar mis neuronas y coordinar pensamientos, me puse a trabajar sobre su petición, sin mas tema que el de la insistencia de mis amigas, a quienes agradezco su molesto e insistente apoyo.

Confieso que el padecer una y otra enfermedad a lo largo de mi vida, ha servido para filtrar de una manera precisa a mis amistades. La verdad aflora durante los episodios difíciles. Las intenciones y los afectos superficiales, se van junto con el sudor de una fiebre o con un par de analgésicos de marca.

Las amistades, si son genuinas, perduran, mientras que las genéricas o similares, tal vez lleguen a ser placebos. Lo mismo pasa entre los miembros de las familias. Me viene a la mente, el añejo dicho que reza que “los lazos sanguíneos nos hacen parientes. Las lealtades construyen familias”.

Escoger un tema para escribir, es como cuando tienes que escoger el menú de la comida del día sin tener hambre y aún así lo preparas. Todo mundo tendrá algo “importante” que hacer, mientras que lo mío ni siquiera será digno de considerarse esfuerzo. Estoy hablando de personas que me aman. No repelo, me ubico.

Dicho lo anterior, creo que empiezo a tener “hambre” de escribir. No hay horario, no debe esperarse agradecimiento del lector, es una actividad limpia y el lector puede escoger si lee, si le interesa o no. El escoger el tema, se asimila a escoger el menú de la comida en casa.

Hay que hacer el esfuerzo por sazonar lo que se escribe, que sea fácil de preparar y de digerir. Que no sea basura y que no le haga daño a nadie. Que una vez después de haberse leído, haga provecho y que permanezca el buen sabor. Que el lector quiera seguir consumiendo.

Ya que el cuerpo no me dá para escribir, intentaré escribir desde el alma. Ahí donde viven en mí “las amigas jodonas”, las que inspiran mi cariño, con las que me divierto, con las que he crecido sin importar su edad o la mía.

Gracias a ellas no me he derrumbado ni me he ahogado en el intento de sobrevivir, cual conejillo de indias a los multiples diagnosticos, acertados o adivinados o en su defecto inciertos de la legión de médicos que he visitado.

A esas amigas, gracias por no soltarme y por estar intentado, llamando, escribiendo mensajes  e insistiendo con esta pregunta ¿donde está mi artículo?, Bueno, agarra tu manita y escribe……., ¿que me vas a mandar?, ¿mi reporte?, ¿mi artículo escrito?

¿que no saben que no me siento bien?,¿no lo entienden?

Mi malestar es constante, y no me da la mente para nada. Tengo neblina cerebral, me siento acosada.

Pues bien, me di cuenta que esa insistencia, es la forma de decirme te quiero, no te suelto, te valoro, me gusta que lo haces, disfruto tu escritura, eres inteligente, y sobre todo es la mejor forma de decirme, te soy leal y no me gusta verte así.

La idea del nombre de este artículo, vino exactamente por una de ellas que de plano así me dijo.

“Escribe lo que sea, aunque sea sobre las amigas jodonas”.

Y sé amiga, que tu sabes quien eres y en este momento te has de estar riendo al leerme. Y te lo agradezco.

Esta bien, te hice caso y por lo menos empezaré a escribir aunque sea poquito.

Pido una disculpa porque a lo mejor a alguien le parecera de poco gusto el nombre del artículo, pero así fue y no puedo cambiarle el nombre a la frase que provocó mi inspiración. Le debo lealtad a quién me empujó a hacerlo.

Me despido prometiendo no ausentarme tanto tiempo del tablero de la computadora.