MATRIMONIOS DESECHABLES

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Desde hace mucho tiempo, y en todos los niveles sociales, se ve con mayor frecuencia parejas que se divorcian. Las razones son interminables, y se cree, de manera errónea, que el divorcio es el remedio para los problemas matrimoniales.

Todos hemos tenido algún amigo, o pariente cercano que ha tomado la decisión de divorciarse, y algunos años después de la separación, no se han podido recuperar de la pérdida y la añoranza de que a lo mejor hubiera sido mejor no hacerlo. Hay otras personas que alimentan el rencor, sin haber logrado digerir esa pérdida y sin haber buscando el perdón y el olvido.

Lo que se ha vivido permanece. Nunca se puede borrar, y a pesar de pensar que se ha terminado con el matrimonio, la realidad es que esa persona siempre seguirá formando parte de nuestra vida, sobre todo si ha habido hijos en común.

Es necesario encarar los problemas a los que se deben enfrentar la pareja al momento que deciden separarse. El tiempo no resuelve los problemas por sí solo, ni corrige diferencias o lesiones.  La voluntad de hacerlo, encarando las situaciones que se presentan, por difíciles que parezcan, tienen mucha más oportunidad de hacerlo.

Hay sentimientos de pérdida de uno mismo,  provocados por la soledad que produce la dolorosa experiencia de un compromiso frustrado. La responsabilidad de asumir la formación de los hijos sin el apoyo del otro. La  inminente disparidad en su desarrollo y formación.

El matrimonio es un buscar día a día nuevas razones de coexistir. Es aceptar al otro como es, reconociendo las diferencias y concediendo el derecho a equivocarse.  Los unidos en matrimonio deben procurar complementarse. Si  por algún motivo somos causantes o detonantes de algún problema, debemos  ser parte de la solución y procurar no repetirlo.

Si nos imponemos a tratar de seguir amándonos, buscando hacer feliz al otro, siendo amables y no desperdiciando tiempo cuestionando si el otro me hace feliz, estaremos abonando a la consolidación de nuestra relación matrimonial, y por ende, a la familia.

Si solo busco mi propia satisfacción, se iniciará un circulo vicioso de resentimiento y frustración en la relación, llevándome a la creencia de que la separación es lo mejor. Estaré agregando a la mezcla de problemas el de la soledad. No hay cohesión en el egoísmo.

Vivimos en la época de los productos desechables. Evitemos caer en el error de pensar que las personas lo son. Ni el matrimonio, ni las personas, ya sea cónyuges o hijos son desechables. Las familias, tampoco son desechables.

Tiene que haber una razón de mucho peso para decidir terminar la relación. Si cuando una pareja se casa, en el fondo de su mente tiene como opción el que si no nos entendemos nos divorciamos, les aseguro que al primer conflicto que se les presente, pensarán que el divorcio es el paso a seguir.

Es preferible no tomar el compromiso, cuando de entrada se contempla  el no acatarlo.  Lo bueno cuesta. Lo que arde consume, pero la llama dura y purifica. No se debe confundir un capricho con un compromiso.

Es necesario detenerse a reflexionar antes de tomar la decisión de divorciarse. Una ruptura siempre provoca vacío, soledad y perturbación a todos los miembros de la familia.

Es recomendable acudir con alguien que ayude a motivar y a conservar el amor entre los esposos. Hay que hacer un alto en el camino y observar de manera honesta la situación, lo que hemos hecho para llegar hasta ahí, la imagen que nos hemos forjado y si  se apega a la realidad.

Analizar si nuestro comportamiento es destructivo; darnos cuenta de la profundidad de las heridas que estamos infiriendo, y a quiénes estamos afectando.

El divorcio puede llegar a ser el fin de las hostilidades en algunos casos, pero para otros, la inmensa mayoría,  significa el aumento de las agresiones y el inicio de una lucha de poderes que durará por muchos años y que perjudicará de manera directa a los hijos.

Es muy frecuente que cuando llega el divorcio, habiendo hijos de por medio, éstos sean utilizados como armas para pretender fastidiar al otro.  A su vez, los hijos aprenden a tomar provecho de la situación, obteniendo dotes y permisos de manera alevosa.

En el matrimonio hay que enfrentarse a un sin número de situaciones que nos causarán malestar pero la satisfacción de superar esas adversidades es lo que llevará a la pareja a una relación madura y estable.

Luchemos, no nos desechemos.

TU HIJO….MI HIJO…. NUESTROS HIJOS

Al tomar la decisión de formar  una familia,  contemplamos la ilusión de tener hijos,  la forma en que habremos de criarlos y la jornada que nos aguarda para formarlos como personas de bien.  Lo que queremos es que sean felices.

Al pensar en tener nuestros hijos,  tratando de imaginar cómo serán, si a quién se parecerán, si a papá o a mamá, a tu familia o a la mía.  Luego pensamos en su primer día de colegio y todos esos acontecimientos importantes que de sólo imaginarlos, nos causan alegría.

Cuando llega la realidad del primer hijo, resulta que viene sin instructivo, todo mundo opina.  Luego vienen los celos de la pareja, cuando la atención se divide.

Debemos tener claro que para la pareja, el matrimonio, es lo primero.  Es el origen, el rumbo, la razón, la guía, el sitio a donde recurrir cuando se fracasa y al que hay que acudir para compartir los éxitos.  Debemos tener en cuenta que cuando los hijos se marchan, los padres se quedan solos, aunque sabemos que los que se marchan, de alguna forma u otra, regresarán.

Penosamente, es muy frecuente discrepar sobre la conducción y educación de los hijos.  Poco se trata en el noviazgo el platicar si se pretende tener hijos, si les inculcaremos una fe religiosa o ninguna, si tendremos muchos o pocos, si cursarán sus estudios en escuelas públicas o privadas, etc.

Mas penoso aún, es no haberlo considerado antes de la llegada de los hijos, y ahora, ante ellos, tener discusiones (muchas veces acaloradas), sobre quien  y cómo se les habrá de disciplinar o corregir.

Uno de los errores más comunes que se presentan en las relaciones conyugales suceden cuando alguno de los padres al no saber como corregir al hijo, ante una circunstancia aparentemente complicada,  se des marca y le dice al cónyuge “es tu hijo, tú edúcalo”.

Tu Hijo, Mi Hijo, Nuestro Hijo

Con acciones como esa, mediante opiniones aparentemente  intrascendentes, las cuales parecieran estar dirigidas a molestar al cónyuge, a quien realmente dañan es a los hijos, a la relación de éstos para con sus padres, hermanos y la sociedad en general. El hijo percibe la falta de interés que en ese momento su progenitor le presta a sus acciones. Esto podría provocar una mayor rebeldía del hijo para tratar de llamar la atención.

Torpemente estamos reforzándole al hijo que no tenemos autoridad ante él. Nos preocupamos en lanzarnos culpas y olvidamos aplicar el correctivo adecuado y compartido por los padres, quienes deberían de ejercer su autoridad.

Por otra parte, y para empeorar las cosas, nos apresuramos a brindar “premios” cuando los hijos realizan lo ordinario, que es aprovechar las oportunidades que los padres les brindan.  Premiamos lo ordinario como si fuese extraordinario, por el simple hecho de que fue realizado por nuestro hijo.

Esto aplica cuando el hijo gana un premio en el colegio, o en cualquier competencia deportiva. Se nos abulta el pecho y llenos de orgullo exclamamos “¡ese es mi hijo!”

Cuando usamos a los hijos para golpetear a nuestro cónyuge, aprovechamos el que nuestro hijo (a) lleve a cabo una acción nociva o negativa, también reforzamos la mala conducta, exclamando lo mismo, “¡ese es mi hijo!”.

Los esposos deben de tener muy claro que los hijos son de los dos, los dos deben de ejercer una autoridad compartida, y la educación que le brinden debe de ser previamente hablada y acordada entre ellos.

Si los padres no han hablado nunca de la forma en la que educarán a sus hijos, se enfrentaran a situaciones y acontecimientos que no sabrán como manejarlos y provocaran discusiones entre ellos y el hijo se quedará sin la educación que merece.

Debemos de entablar un verdadero diálogo con nuestro cónyuge para así poder formar y educar a “Nuestros Hijos”, como personas de bien y felices. Busquemos ese momento para hablar y acordar como será la educación que les daremos formando un frente común y así de esta manera el hijo sentirá la seguridad de que sus padres saben lo que hacen y que lo hacen por su bien.

 

 

EL CARÁCTER SE EDUCA

Oímos hablar de la evolución y llegamos a pensar que el proceso evolutivo es automático, se da por sí mismo. Evolucionan las especies y se perfeccionan, aprenden a sobrevivir o empieza su deterioro y tienden a su extinción.

Y con el ser humano, ¿qué pasa? Un ser humano es algo muy complejo. Estamos hechos de cuerpo y espíritu, conjunción maravillosa que goza, entre otras cosas, de inteligencia, voluntad, instintos y afectos, y se habla de su formación como algo sencillo, pero la realidad  es que el humano es un ser lleno de ideales, capaz de llevar una vida exterior, dirigida hacia el mundo y sus placeres, y al mismo tiempo una vida interior que lo lleva a su crecimiento espiritual.

Carácter

El conjunto de temperamento y carácter forman la personalidad del individuo.

El temperamento esta formado por rasgos físicos y psicológicos que son heredados de los padres.

El carácter se va formando por las experiencias vividas y la percepción que se tiene ante estas experiencias. El carácter se educa.

“El carácter es la fuerza sorda y constante de la voluntad” dijo Herni Dominique Lacordaire.

Es muy fácil para el cuerpo dejarse dominar por lo que en ese momento le apetece, sin embargo el cuerpo debe de ser dominado por el espíritu, y el carácter reside en este dominio.

Se dice que un rio sigue la línea de menor resistencia, la pendiente, y es por eso, que siempre sigue un curso irregular, torcido; eso nos puede pasar a los seres humanos si no hacemos un esfuerzo por dominar nuestros ímpetus.

En nosotros todo depende de cuanto podamos y queramos dominarnos. Tampoco podemos ir por la vida tratando de imponer nuestra voluntad, y si no lo logramos, llenarnos de frustración y mal humor, provocando una serie de comportamientos desagradables y agresivos contra los demás, por nuestra sensación de insatisfacción personal.

Nos encontramos con lo bueno y con lo malo, queremos tener buenos ojos y también buenos oídos, ¿es por eso que estamos obligados y ver todo y a escuchar todo lo que se nos presenta? Definitivamente ¡no! No podemos quedarnos viendo sin protección a la luz que genera la soldadura eléctrica sin sufrir daño, siendo mejor evitarla. Somos capaces de elegir entre lo bueno y lo malo, sin seguir necesariamente lo que parezca ser atractivo. ¡Venga el sentido común!

Si esto lo aplicamos a la educación y al desarrollo de nuestro carácter sabemos que los ojos no deben de ver todo, por que cuando entran las ideas equivocadas a nuestra mente acaban por modificarnos y llegando a nuestro subconsciente se convierten en actos negativos. Lo mismo se puede decir de todo lo que podemos llegar a escuchar, chismes, difamaciones y calumnias que modifican nuestra actitud y comportamiento hacia los demás.

Aristóteles decía que nuestro carácter es el resultado de nuestra conducta,  y el niño debe aprender a elegir  y convencerse de que a él le interesa actuar así de una forma correcta. Aprendemos a dejar el juego por hacer los deberes de la escuela y de la casa; a obedecer a los padres y a los maestros; y a seguir y a aprender a tener una disciplina que es la que nos indica que lo que hacemos esta bien. A sumarnos al bien común, que al final es un bien personal. Logramos diseminar el bien.

Cuando era pequeña tuve una profesora en segundo de primaria que siempre nos decía. “árbol que crece torcido, jamás su rama endereza” y por muchos años llegué a pensar que así era, que las personas que crecen torcidas ya no tienen remedio. La realidad es que los seres humanos somos tan capaces, que aunque hayamos crecido en un ambiente hostil, terriblemente desfavorable, mediante la razón, disciplina, preparación y templanza, podamos llegar a cambiar y a ser mejores.

Cuando el carácter ha tomado un camino que no es el correcto, se necesita una doble dosis de voluntad para corregirse a sí mismo.

La verdadera personalidad se forma a base de el dominio de nosotros mismos, con autodisciplina, aprendiendo a ceder, a no dar rienda suelta al placer, a los impulsos.

Debemos dominar los sentimientos negativos como son el odio, el rencor y la venganza; vivir nuestra vida de una manera útil y feliz. Transmitiendo nuestra felicidad a los demás y apoyándolos a alcanzar su propia felicidad. Les deseo la voluntad de dominar el carácter y el continuo ejercicio de la voluntad.

NACEMOS SIN INSTRUCTIVO

Los padres tienen el ineludible privilegio y deber de educar a su hijos. El privilegio de prepararlos les permite aportar para elevar su existencia y la de los demás, haciendo del mundo, un lugar mejor. La acción educadora del Padre y de la Madre, es irremplazable.  En la escuela se instruye académicamente, sin embargo es en la familia donde se da y recibe la educación necesaria para que los hijos se formen.

Una vez me decía una amiga, “todo viene con instructivo, pero a mi hijo, por mas que lo reviso por todos lados, no le encuentro el instructivo y me da mucha angustia pensar que no lo voy a educar bien”.

La tarea de educar a los hijos no es fácil, porque el niño está expuesto, el entorno le afecta tanto para lo bueno como para lo malo. Hay influencias negativas y debemos de estar alerta para neutralizarlas, y a la vez influencias positivas que hay que descubrir, potencializar, alimentar y sostener.

No se educa a los hijos igual que lo hacían antes nuestros padres, ya que las influencias externas, son diferentes y nos presentan nuevos retos. El mundo evoluciona con un ritmo acelerado, y debemos de ponernos en guardia contra todo pensamiento negativo que nos  prohíba sacar adelante a los hijos.

Es verdad que no existen recetas universales, al igual que no existen dos personas idénticas, pero si podemos apoyarnos en principios generales que nos orienten y nos ayuden a evitar muchos problemas..

La educación es una ciencia y a la vez un delicado arte. Esta dirigida a seres humanos, con toda su complejidad. No se construirá un edificio, sin el apoyo de ingenieros o arquitectos, o nos dejaríamos operar sin un cirujano confiable, por lo tanto debemos de prepararnos para poder llevar a cabo la maravillosa tarea de la educación de los hijos.

La educación de nuestros hijos no debe de ser improvisada, la educación es una guía para que ellos aprendan a conducir su espíritu, su voluntad, su razonamiento y sentimientos.

La educación de los hijos requiere humildad y responsabilidad. No existen técnicas universales e infalibles. A menudo, lo que funciona para un hijo, para el otro puede no resultar o ser diferente.

Se debe de ser firme desde los comienzos de la vida del niño. Los padres han de preocuparse por conocer a su hijo, analizar sus conductas, reacciones, gustos preferencias, inclinaciones, etc. por lo que habrán de observarlo.

Para conocerlo es indispensable comunicarse con él, tener empatía, comprobar sus disposiciones, adivinar sus tendencias y conocerlo en su interior. “Ponerse en sus zapatos y caminar la milla”.

Hay tres cosas que son muy útiles para educar bien a los hijos: Ejemplo, optimismo y espiritualidad.

EL EJEMPLO: La palabra convence pero el ejemplo arrastra. Por imitación el niño aprende a actuar. Si somos un buen modelo para nuestros hijos, transmitiremos las virtudes y los principios familiares. De paso, al esforzarnos a ser un buen ejemplo para nuestros hijos, nos beneficiamos al ser mejores personas. Habremos trascendido positivamente.

EL OPTIMISMO: Una educación fuerte, es a la vez una educación alegre. El buen humor y la alegría son ingredientes necesarios para formar hijos y familias felices. El anhelar y trabajar para el bien, de manera disciplinada, donde los resultados positivos son palpables y permanentes, ayudan a percibir y conservar lo que se aprende.

 

LA ESPIRITUALIDAD: Una educación basada en valores, aportándole sentido a la vida, a los demás y al mundo que nos rodea. Eduquemos mas para la generosidad y el respeto; para la valentía y la nobleza, y para la solidaridad y el progreso. Avancemos y conduzcamos a los nuestros  hacia el bien.

La mejor forma de trascender como padres es a través de nuestros hijos. Es el mejor legado que le podemos dejar al mundo. Personas de bien, confiables y felices, poseedoras de una formación sólida y que aspiren a ser mejores en todo momento.

DUEÑOS DE NUESTRO DESTINO

Dentro de unos días tendremos elecciones a Presidente, y esto nos lleva a pensar que es lo que de verdad necesitamos y no sólo pensando de manera personal sino viendo que es lo mejor para nuestro país.

Basta con leer la prensa, encender la radio, la computadora o la televisión, para enterarnos de las posturas políticas, intenciones y propuestas de los candidatos a la presidencia.  Son muchos y variados los temas.  Se cita al “Pueblo Norteamericano” una y otra vez.  Queda claro que de uno y otro lado hay elementos que vale la pena considerar.  Dos posturas que se han ido radicalizando y que a la vez prometen mejorar la vida de los habitantes de esta gran nación.

No es mi interés tratar temas políticos, lo único que quiero es hacer un poco de reflexión que nos lleve a visualizar que es verdaderamente lo mejor.

Reflexionando un poco, buscando las constantes en el devenir de la humanidad, con los inventos que han marcado épocas, saltos tecnológicos, grandes conflagraciones, dominaciones, transculturizaciones, sistemas de gobierno, etcétera, aparece siempre el individuo, y mas aún y de mayor fuerza, la familia.

En todos los estratos sociales y económicos, se hace presente.  No importa con que partido político se simpatice, ahí está.  Hasta los participantes en la política vienen de una y ponderan pertenecer a la propia.  Se hacen semblanzas y análisis de los orígenes de los candidatos y ello pretende orientar al observador.

Hasta en las guerras que se mencionan, los afectados por tan terribles acontecimientos, son llorados o lloran por sus familiares.

El “Sueño Americano” tiene su máxima expresión en la familia, en su bienestar. El impacto material es importante, pero no se puede entender sin los lazos afectivos.  La evolución positiva de la humanidad se debe en gran parte a los afectos entre los familiares y miembros de grupos.  No debemos perder de vista este hecho.  Sigue siendo tan vigente como en antaño.

Hablamos sobre los ideales y las reglas que establecieron aquellos que fundaron este maravilloso país, donde se consagran derechos y valores.  Implícitas vienen las obligaciones, tomando en cuenta que los derechos de uno, terminan donde empiezan los del otro. Penosamente se le da mas relevancia al progreso técnico y científico, y se nos presentan como lo único válido en la época moderna.

Se habla mucho sobre las modificaciones a que esta expuesta la familia, en base a preferencias y razones fiscales y económicas. Parece que fuese importante lo cosmético y lo aparente, cuando lo fundamental es la cuna de los valores, de las virtudes y del ejemplo.  No se trata de pertenecer a sociedades marginadas, (ya sea por terceros o por quienes las integran), las cuales aunque van en aumento, parecen ignorar su origen. Todos los individuos en la actualidad y en el pasado, han venido de la unión de un hombre y una mujer.

No es importante si son ricos o pobres, de un color u otro, si profesan o no determinado credo, si tienen elevados grados académicos o si son analfabetas, si tienen trabajo  remunerado o no, si son gordos o flacos o si dedican sus afanes al culto al cuerpo y a las cirugías estéticas, si les gusta tal o cual cosa… La inmensa mayoría viene de una familia.

Resalta sobre todo esta maravillosa constante.  Ofrece un origen y una pertenencia.  Marca un grupo afectivo con intereses comunes, pero mas intensamente queda marcado, los lazos de afecto a tal o cual persona. A menudo se admira a un miembro de la familia, ya sea por su entereza, sus logros, su cariño, su sabiduría, su ejemplo y enseñanzas, etc.

Somos nosotros mismos los directamente responsables y dueños de nuestro propio destino. Todas las decisiones que tomemos a lo largo de nuestra vida como he mencionado con anterioridad, conlleva una gran responsabilidad.

Insisto, pareciera que la economía es lo único importante a la hora de tomar decisiones. Con gran pesar me doy cuenta la poca importancia que se le da al crecimiento y progreso humano y espiritual.

Aumentan las manifestaciones e indignados por la economía y la falta de trabajo, pero el respeto a la vida humana, a la unión matrimonial, a la protección de los menores, quedan en segundo plano o se convierten únicamente en bastión político.

Los poderes públicos deben de legislar en función de la persona, se deben de tener en cuenta todas las necesidades de los ciudadanos y deben preocuparse por preservar la unión familiar y matrimonial.

Sólo la familia con la transmisión de valores, y educación de sus miembros es la principal portadora de capital humano a la sociedad.

El capital humano es el verdaderamente indispensable para sacar a delante a un país.  Si la sociedad está enferma y corrupta el país no progresará.

Siguiendo esto, podríamos tener ventajas sobre otras sociedades.

Se trata de cambiar de actitud, de tener claro que es lo que queremos alcanzar y cuales son nuestras prioridades.

 

COMO TRATAR A LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD

El 19 de septiembre pasado tuve el honor de ser invitada a participar en el I FORO BINACIONAL SOBRE LOS DERECHOS DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD, que se celebró en Tijuana, y con éxito.

Estuvieron reunidos personalidades como el Dr. Raúl Plascencia Villanueva, Presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Andrew Erickson, Cónsul general de EUA en Tijuana, la Diputada Nancy G. Sánchez Arredondo, el Diputado Alfonso Garzón Zatarain, Presidente de la Mesa Directiva de la XX Legislatura del Congreso de Baja California y Emily Doyle, Secretaria de Autism Society of America, entre otros.

Este Foro fue organizado por Pasitos, centro psico-pedagógico en conjunto con la CNDH y el Consulado Americano en Tijuana.

Hubo gran asistencia, entre los que se encontraban personas con alguna discapacidad, padres de familia, familiares, amigos, estudiantes, maestros, empresarios y terapeutas que trabajan con personas con algún tipo de discapacidad.

El objetivo principal del foro fue crear conciencia en la sociedad sobre los derechos de las personas con algún tipo de discapacidad. El Dr. Raúl Plascencia Villanueva centró su conferencia magistral sobre los 4 derechos humanos básicos que debe de tener cualquier persona.

  1. Derecho pleno a la salud.
  2. Derecho a la educación.
  3. Derecho al trabajo y al empleo
  4. Derecho a la accesibilidad.

Se deben de promover los derechos, incluidos los de las personas con discapacidad. La lección principal es que todos deberíamos conocerlos y al respetarlos, no habría necesidad de atender de manera especial a los discapacitados. De hecho, si todos los observáramos, la convivencia sería mucho mas grata y las sociedades mas prósperas.

Las sociedades igualitarias, son un modelo utópico, el cual solo existe como tal. Sin embargo es válido aspirar a un mundo mejor, donde nuestra sociedad sea más justa. No podemos dejar a nadie atrás y sin derechos, utilizando como pretexto una condición física o mental. Como sea, todos somos humanos.

Hay que sumar voluntades. Aprovechar las de aquellas organizaciones (gubernamentales o no), que trabajan por y para las personas con discapacidad.

No basta con hacer rampas para que quienes tienen dificultades para moverse o desplazarse tengan acceso. Se necesita que todos estén conscientes de que al obstruirlas o hacer uso indebido de ellas, perjudicamos a quienes las necesitan.

Hay que tener siempre presente que hay una gran diversidad de necesidades especiales y combinaciones de estas. Celebramos que se viene avanzando. Hoy en día, las personas ciegas puedan ejercer su derecho al voto y leer libros de texto en braille, que es un sistema de lectura y escritura táctil pensado y diseñado para personas ciegas.

Que nos quede claro. Las personas con discapacidad tienen limitaciones pero no tienen limites.

Se mencionó el trabajo que realizo “Pasitos Centro Psico-pedagógico”, junto con funcionarios y personas comprometidas para conseguir que en Baja California el autismo sea reconocido como discapacidad.

Estoy agradecida por haber sido convocada a tan importante evento. A continuación les comparto parte de lo que tuve oportunidad de exponer:

“Más de la mitad de los casos de discapacidad en México, están asociados a dificultades para caminar o moverse, y una cuarta parte se relaciona con dificultades visuales. Para algunos, puede parecerles exagerado, pero cada día, nace por lo menos un niño ciego, sordo o con cualquier otro tipo de discapacidad que le causará dificultades en su aprendizaje y en su desarrollo.

Ahora bien, la condición de discapacidad, no discrimina como lo hace gran parte de la sociedad  o aquellos que tienen la manera y obligación de legislar a su favor.

Alguna forma de discapacidad puede recaer en cualquier momento sobre un miembro de la familia, incluyendo a los padres.

La discapacidad nos puede alcanzar a todos, no solo por razones congénitas.

También puede alcanzarnos por afecciones de salud, edad o accidente.

Aunque es punto de partida, no basta con fomentar el respeto y el apoyo personal y familiar. Tenemos que incluír otra manera de integración.

Hay que rehabilitar a la sociedad en su conjunto, su manera de pensar y actuar.

Hay que adaptar para todos el lugar donde vivimos. Hay que rehabilitar las ciudades.Debemos ofrecer condiciones urbanas propicias para que el grupo de la población con discapacidades pueda transitar y desenvolverse eficazmente.

Es necesario rehabilitar las escuelas, los centros comerciales, los hoteles, las calles, medios de transporte, sanitarios, edificios publicos y privados, en general la infraestructura y las estructuras de nuestras ciudades.

No se puede incorporar a la población con discapacidades a la fuerza laboral y productiva cuando no ofrecemos los accesos y condiciones para que esto suceda.

Respetar y fomentar el derecho a la salud, a la educación y al trabajo de las personas con discapacidades, es tarea de todos.

Debemos apreciar el bien común, como un bien personal