TU HIJO….MI HIJO…. NUESTROS HIJOS

Al tomar la decisión de formar  una familia,  contemplamos la ilusión de tener hijos,  la forma en que habremos de criarlos y la jornada que nos aguarda para formarlos como personas de bien.  Lo que queremos es que sean felices.

Al pensar en tener nuestros hijos,  tratando de imaginar cómo serán, si a quién se parecerán, si a papá o a mamá, a tu familia o a la mía.  Luego pensamos en su primer día de colegio y todos esos acontecimientos importantes que de sólo imaginarlos, nos causan alegría.

Cuando llega la realidad del primer hijo, resulta que viene sin instructivo, todo mundo opina.  Luego vienen los celos de la pareja, cuando la atención se divide.

Debemos tener claro que para la pareja, el matrimonio, es lo primero.  Es el origen, el rumbo, la razón, la guía, el sitio a donde recurrir cuando se fracasa y al que hay que acudir para compartir los éxitos.  Debemos tener en cuenta que cuando los hijos se marchan, los padres se quedan solos, aunque sabemos que los que se marchan, de alguna forma u otra, regresarán.

Penosamente, es muy frecuente discrepar sobre la conducción y educación de los hijos.  Poco se trata en el noviazgo el platicar si se pretende tener hijos, si les inculcaremos una fe religiosa o ninguna, si tendremos muchos o pocos, si cursarán sus estudios en escuelas públicas o privadas, etc.

Mas penoso aún, es no haberlo considerado antes de la llegada de los hijos, y ahora, ante ellos, tener discusiones (muchas veces acaloradas), sobre quien  y cómo se les habrá de disciplinar o corregir.

Uno de los errores más comunes que se presentan en las relaciones conyugales suceden cuando alguno de los padres al no saber como corregir al hijo, ante una circunstancia aparentemente complicada,  se des marca y le dice al cónyuge “es tu hijo, tú edúcalo”.

Tu Hijo, Mi Hijo, Nuestro Hijo

Con acciones como esa, mediante opiniones aparentemente  intrascendentes, las cuales parecieran estar dirigidas a molestar al cónyuge, a quien realmente dañan es a los hijos, a la relación de éstos para con sus padres, hermanos y la sociedad en general. El hijo percibe la falta de interés que en ese momento su progenitor le presta a sus acciones. Esto podría provocar una mayor rebeldía del hijo para tratar de llamar la atención.

Torpemente estamos reforzándole al hijo que no tenemos autoridad ante él. Nos preocupamos en lanzarnos culpas y olvidamos aplicar el correctivo adecuado y compartido por los padres, quienes deberían de ejercer su autoridad.

Por otra parte, y para empeorar las cosas, nos apresuramos a brindar “premios” cuando los hijos realizan lo ordinario, que es aprovechar las oportunidades que los padres les brindan.  Premiamos lo ordinario como si fuese extraordinario, por el simple hecho de que fue realizado por nuestro hijo.

Esto aplica cuando el hijo gana un premio en el colegio, o en cualquier competencia deportiva. Se nos abulta el pecho y llenos de orgullo exclamamos “¡ese es mi hijo!”

Cuando usamos a los hijos para golpetear a nuestro cónyuge, aprovechamos el que nuestro hijo (a) lleve a cabo una acción nociva o negativa, también reforzamos la mala conducta, exclamando lo mismo, “¡ese es mi hijo!”.

Los esposos deben de tener muy claro que los hijos son de los dos, los dos deben de ejercer una autoridad compartida, y la educación que le brinden debe de ser previamente hablada y acordada entre ellos.

Si los padres no han hablado nunca de la forma en la que educarán a sus hijos, se enfrentaran a situaciones y acontecimientos que no sabrán como manejarlos y provocaran discusiones entre ellos y el hijo se quedará sin la educación que merece.

Debemos de entablar un verdadero diálogo con nuestro cónyuge para así poder formar y educar a “Nuestros Hijos”, como personas de bien y felices. Busquemos ese momento para hablar y acordar como será la educación que les daremos formando un frente común y así de esta manera el hijo sentirá la seguridad de que sus padres saben lo que hacen y que lo hacen por su bien.

 

 

EL CARÁCTER SE EDUCA

Oímos hablar de la evolución y llegamos a pensar que el proceso evolutivo es automático, se da por sí mismo. Evolucionan las especies y se perfeccionan, aprenden a sobrevivir o empieza su deterioro y tienden a su extinción.

Y con el ser humano, ¿qué pasa? Un ser humano es algo muy complejo. Estamos hechos de cuerpo y espíritu, conjunción maravillosa que goza, entre otras cosas, de inteligencia, voluntad, instintos y afectos, y se habla de su formación como algo sencillo, pero la realidad  es que el humano es un ser lleno de ideales, capaz de llevar una vida exterior, dirigida hacia el mundo y sus placeres, y al mismo tiempo una vida interior que lo lleva a su crecimiento espiritual.

Carácter

El conjunto de temperamento y carácter forman la personalidad del individuo.

El temperamento esta formado por rasgos físicos y psicológicos que son heredados de los padres.

El carácter se va formando por las experiencias vividas y la percepción que se tiene ante estas experiencias. El carácter se educa.

“El carácter es la fuerza sorda y constante de la voluntad” dijo Herni Dominique Lacordaire.

Es muy fácil para el cuerpo dejarse dominar por lo que en ese momento le apetece, sin embargo el cuerpo debe de ser dominado por el espíritu, y el carácter reside en este dominio.

Se dice que un rio sigue la línea de menor resistencia, la pendiente, y es por eso, que siempre sigue un curso irregular, torcido; eso nos puede pasar a los seres humanos si no hacemos un esfuerzo por dominar nuestros ímpetus.

En nosotros todo depende de cuanto podamos y queramos dominarnos. Tampoco podemos ir por la vida tratando de imponer nuestra voluntad, y si no lo logramos, llenarnos de frustración y mal humor, provocando una serie de comportamientos desagradables y agresivos contra los demás, por nuestra sensación de insatisfacción personal.

Nos encontramos con lo bueno y con lo malo, queremos tener buenos ojos y también buenos oídos, ¿es por eso que estamos obligados y ver todo y a escuchar todo lo que se nos presenta? Definitivamente ¡no! No podemos quedarnos viendo sin protección a la luz que genera la soldadura eléctrica sin sufrir daño, siendo mejor evitarla. Somos capaces de elegir entre lo bueno y lo malo, sin seguir necesariamente lo que parezca ser atractivo. ¡Venga el sentido común!

Si esto lo aplicamos a la educación y al desarrollo de nuestro carácter sabemos que los ojos no deben de ver todo, por que cuando entran las ideas equivocadas a nuestra mente acaban por modificarnos y llegando a nuestro subconsciente se convierten en actos negativos. Lo mismo se puede decir de todo lo que podemos llegar a escuchar, chismes, difamaciones y calumnias que modifican nuestra actitud y comportamiento hacia los demás.

Aristóteles decía que nuestro carácter es el resultado de nuestra conducta,  y el niño debe aprender a elegir  y convencerse de que a él le interesa actuar así de una forma correcta. Aprendemos a dejar el juego por hacer los deberes de la escuela y de la casa; a obedecer a los padres y a los maestros; y a seguir y a aprender a tener una disciplina que es la que nos indica que lo que hacemos esta bien. A sumarnos al bien común, que al final es un bien personal. Logramos diseminar el bien.

Cuando era pequeña tuve una profesora en segundo de primaria que siempre nos decía. “árbol que crece torcido, jamás su rama endereza” y por muchos años llegué a pensar que así era, que las personas que crecen torcidas ya no tienen remedio. La realidad es que los seres humanos somos tan capaces, que aunque hayamos crecido en un ambiente hostil, terriblemente desfavorable, mediante la razón, disciplina, preparación y templanza, podamos llegar a cambiar y a ser mejores.

Cuando el carácter ha tomado un camino que no es el correcto, se necesita una doble dosis de voluntad para corregirse a sí mismo.

La verdadera personalidad se forma a base de el dominio de nosotros mismos, con autodisciplina, aprendiendo a ceder, a no dar rienda suelta al placer, a los impulsos.

Debemos dominar los sentimientos negativos como son el odio, el rencor y la venganza; vivir nuestra vida de una manera útil y feliz. Transmitiendo nuestra felicidad a los demás y apoyándolos a alcanzar su propia felicidad. Les deseo la voluntad de dominar el carácter y el continuo ejercicio de la voluntad.

NACEMOS SIN INSTRUCTIVO

Los padres tienen el ineludible privilegio y deber de educar a su hijos. El privilegio de prepararlos les permite aportar para elevar su existencia y la de los demás, haciendo del mundo, un lugar mejor. La acción educadora del Padre y de la Madre, es irremplazable.  En la escuela se instruye académicamente, sin embargo es en la familia donde se da y recibe la educación necesaria para que los hijos se formen.

Una vez me decía una amiga, “todo viene con instructivo, pero a mi hijo, por mas que lo reviso por todos lados, no le encuentro el instructivo y me da mucha angustia pensar que no lo voy a educar bien”.

La tarea de educar a los hijos no es fácil, porque el niño está expuesto, el entorno le afecta tanto para lo bueno como para lo malo. Hay influencias negativas y debemos de estar alerta para neutralizarlas, y a la vez influencias positivas que hay que descubrir, potencializar, alimentar y sostener.

No se educa a los hijos igual que lo hacían antes nuestros padres, ya que las influencias externas, son diferentes y nos presentan nuevos retos. El mundo evoluciona con un ritmo acelerado, y debemos de ponernos en guardia contra todo pensamiento negativo que nos  prohíba sacar adelante a los hijos.

Es verdad que no existen recetas universales, al igual que no existen dos personas idénticas, pero si podemos apoyarnos en principios generales que nos orienten y nos ayuden a evitar muchos problemas..

La educación es una ciencia y a la vez un delicado arte. Esta dirigida a seres humanos, con toda su complejidad. No se construirá un edificio, sin el apoyo de ingenieros o arquitectos, o nos dejaríamos operar sin un cirujano confiable, por lo tanto debemos de prepararnos para poder llevar a cabo la maravillosa tarea de la educación de los hijos.

La educación de nuestros hijos no debe de ser improvisada, la educación es una guía para que ellos aprendan a conducir su espíritu, su voluntad, su razonamiento y sentimientos.

La educación de los hijos requiere humildad y responsabilidad. No existen técnicas universales e infalibles. A menudo, lo que funciona para un hijo, para el otro puede no resultar o ser diferente.

Se debe de ser firme desde los comienzos de la vida del niño. Los padres han de preocuparse por conocer a su hijo, analizar sus conductas, reacciones, gustos preferencias, inclinaciones, etc. por lo que habrán de observarlo.

Para conocerlo es indispensable comunicarse con él, tener empatía, comprobar sus disposiciones, adivinar sus tendencias y conocerlo en su interior. “Ponerse en sus zapatos y caminar la milla”.

Hay tres cosas que son muy útiles para educar bien a los hijos: Ejemplo, optimismo y espiritualidad.

EL EJEMPLO: La palabra convence pero el ejemplo arrastra. Por imitación el niño aprende a actuar. Si somos un buen modelo para nuestros hijos, transmitiremos las virtudes y los principios familiares. De paso, al esforzarnos a ser un buen ejemplo para nuestros hijos, nos beneficiamos al ser mejores personas. Habremos trascendido positivamente.

EL OPTIMISMO: Una educación fuerte, es a la vez una educación alegre. El buen humor y la alegría son ingredientes necesarios para formar hijos y familias felices. El anhelar y trabajar para el bien, de manera disciplinada, donde los resultados positivos son palpables y permanentes, ayudan a percibir y conservar lo que se aprende.

 

LA ESPIRITUALIDAD: Una educación basada en valores, aportándole sentido a la vida, a los demás y al mundo que nos rodea. Eduquemos mas para la generosidad y el respeto; para la valentía y la nobleza, y para la solidaridad y el progreso. Avancemos y conduzcamos a los nuestros  hacia el bien.

La mejor forma de trascender como padres es a través de nuestros hijos. Es el mejor legado que le podemos dejar al mundo. Personas de bien, confiables y felices, poseedoras de una formación sólida y que aspiren a ser mejores en todo momento.

DUEÑOS DE NUESTRO DESTINO

Dentro de unos días tendremos elecciones a Presidente, y esto nos lleva a pensar que es lo que de verdad necesitamos y no sólo pensando de manera personal sino viendo que es lo mejor para nuestro país.

Basta con leer la prensa, encender la radio, la computadora o la televisión, para enterarnos de las posturas políticas, intenciones y propuestas de los candidatos a la presidencia.  Son muchos y variados los temas.  Se cita al “Pueblo Norteamericano” una y otra vez.  Queda claro que de uno y otro lado hay elementos que vale la pena considerar.  Dos posturas que se han ido radicalizando y que a la vez prometen mejorar la vida de los habitantes de esta gran nación.

No es mi interés tratar temas políticos, lo único que quiero es hacer un poco de reflexión que nos lleve a visualizar que es verdaderamente lo mejor.

Reflexionando un poco, buscando las constantes en el devenir de la humanidad, con los inventos que han marcado épocas, saltos tecnológicos, grandes conflagraciones, dominaciones, transculturizaciones, sistemas de gobierno, etcétera, aparece siempre el individuo, y mas aún y de mayor fuerza, la familia.

En todos los estratos sociales y económicos, se hace presente.  No importa con que partido político se simpatice, ahí está.  Hasta los participantes en la política vienen de una y ponderan pertenecer a la propia.  Se hacen semblanzas y análisis de los orígenes de los candidatos y ello pretende orientar al observador.

Hasta en las guerras que se mencionan, los afectados por tan terribles acontecimientos, son llorados o lloran por sus familiares.

El “Sueño Americano” tiene su máxima expresión en la familia, en su bienestar. El impacto material es importante, pero no se puede entender sin los lazos afectivos.  La evolución positiva de la humanidad se debe en gran parte a los afectos entre los familiares y miembros de grupos.  No debemos perder de vista este hecho.  Sigue siendo tan vigente como en antaño.

Hablamos sobre los ideales y las reglas que establecieron aquellos que fundaron este maravilloso país, donde se consagran derechos y valores.  Implícitas vienen las obligaciones, tomando en cuenta que los derechos de uno, terminan donde empiezan los del otro. Penosamente se le da mas relevancia al progreso técnico y científico, y se nos presentan como lo único válido en la época moderna.

Se habla mucho sobre las modificaciones a que esta expuesta la familia, en base a preferencias y razones fiscales y económicas. Parece que fuese importante lo cosmético y lo aparente, cuando lo fundamental es la cuna de los valores, de las virtudes y del ejemplo.  No se trata de pertenecer a sociedades marginadas, (ya sea por terceros o por quienes las integran), las cuales aunque van en aumento, parecen ignorar su origen. Todos los individuos en la actualidad y en el pasado, han venido de la unión de un hombre y una mujer.

No es importante si son ricos o pobres, de un color u otro, si profesan o no determinado credo, si tienen elevados grados académicos o si son analfabetas, si tienen trabajo  remunerado o no, si son gordos o flacos o si dedican sus afanes al culto al cuerpo y a las cirugías estéticas, si les gusta tal o cual cosa… La inmensa mayoría viene de una familia.

Resalta sobre todo esta maravillosa constante.  Ofrece un origen y una pertenencia.  Marca un grupo afectivo con intereses comunes, pero mas intensamente queda marcado, los lazos de afecto a tal o cual persona. A menudo se admira a un miembro de la familia, ya sea por su entereza, sus logros, su cariño, su sabiduría, su ejemplo y enseñanzas, etc.

Somos nosotros mismos los directamente responsables y dueños de nuestro propio destino. Todas las decisiones que tomemos a lo largo de nuestra vida como he mencionado con anterioridad, conlleva una gran responsabilidad.

Insisto, pareciera que la economía es lo único importante a la hora de tomar decisiones. Con gran pesar me doy cuenta la poca importancia que se le da al crecimiento y progreso humano y espiritual.

Aumentan las manifestaciones e indignados por la economía y la falta de trabajo, pero el respeto a la vida humana, a la unión matrimonial, a la protección de los menores, quedan en segundo plano o se convierten únicamente en bastión político.

Los poderes públicos deben de legislar en función de la persona, se deben de tener en cuenta todas las necesidades de los ciudadanos y deben preocuparse por preservar la unión familiar y matrimonial.

Sólo la familia con la transmisión de valores, y educación de sus miembros es la principal portadora de capital humano a la sociedad.

El capital humano es el verdaderamente indispensable para sacar a delante a un país.  Si la sociedad está enferma y corrupta el país no progresará.

Siguiendo esto, podríamos tener ventajas sobre otras sociedades.

Se trata de cambiar de actitud, de tener claro que es lo que queremos alcanzar y cuales son nuestras prioridades.

 

ADOLESCENCIA ¿Estoy preparado?

Los padres se preocupan y se confunden frecuentemente por los cambios en sus adolescentes.

Sin embargo la adolescencia es la etapa más maravillosa de la vida, la más divertida y en la que nos atrevemos a hacer muchas cosas. Tenemos muchas ilusiones y nos comemos el mundo a puños.

En la adolescencia descubrimos nuestra identidad y se define nuestra personalidad. Entonces…

¿Porque los padres le tenemos tanto miedo a ésta etapa?

Cada adolescente es un individuo con su personalidad única, intereses especiales, gustos y disgustos. Sin embargo, hay numerosos elementos comunes en el desarrollo que todo el mundo confronta durante los años de la adolescencia.

La adolescencia es una etápa necesaria para pasar de la infancia a la adultez. Dejamos de ser dependientes de los padres para convertirnos en adultos responsables. Es por eso tan importante la actitud de los padres en esta etapa de sus hijos.

En la adolescencia se presentan cambios físicos y psicológicos.

Los cambiós físicos los conocemos, los vemos y los aceptamos de una forma natural, sin embargo los cambiós psicológicos que presenta nuestro adolescente nos aterran. Es fácil sentirse atemorizado cuando no sabes como manejar una situación, pero si nos preparamos para recibir esta etapa de nuestros hijos con conocimiento, tranquilidad y alegría, los ayudaremos a que ellos mismos vivan su adolescencia con seguridad y no sintiendose un bicho raro e incomprendido.

Los cambios psicológicos que vive el adolescente son: Inestabilidad emocional, timidez.

Las niñas pasan de la alegría al llanto a una velocidad más rápida que la luz. El mal humor es una constante, aunque ni ellos mismos saben el por qué. Los adolescentes buscan su propia identidad, es por eso que buscan un vestuario totalmente diferente al que llevavan antes y al que utilizan sus padres. Imitan modelos. Tratemos de que los modelos a seguir no sean negativos, pero no les impongamos, ya que esto solo provocará una rebeldía mayor.

No nos expresemos de la adolecencia como algo negativo, lo más dificil para un adolescente es la actitud negativa de los padres ante ésta.

Es la etapa en que nuestros hijos dejan de ser dependientes de nosotros para empezar a forjar su propia libertad. Debemos apoyarlos y ayudarlos a que ellos se responsabilicen de sus actos, siempre estando al pendiente pero dejando que ellos tomen sus propias decisiones.

Ya no son niños pequeños que necesitan que mamá o papá decidan por ellos muchas cosas. Solo en la medida que ellos se responsabilicen de sus actos aprenderán y creceran. 

La mejor forma de apoyar a mi hijo adolescente es brindandole comprensión, escucharlo con atención, razonar lo que exige, compartir sus metas y proyectos, animarlo, enseñarlo a mantenerse firme en las decisiones tomadas y ceder en lo accidental e intranscendente.

Con paciencia y amor, podremos disfrutar de ésta maravillosa etapa junto con nuestros hijos.