LOS RETOS DE LA FAMILIA

noticias_6_famillia_chilenaCuando para los padres de familia no es de vital importancia educar y formar a sus hijos, estamos criando y creando individuos que serán parte de la legión de los antivalores.

La historia demuestra que cuando las sociedades se relajan, viene la decadencia, es decir, los descalabros sociales, que arrastran a la ruina moral, económica y social.

Las revoluciones y guerras, en general, son manifestaciones y/o consecuencias de una deficiente impartición de justicia. También se deben a la manipulación y distorsión de lo que es y debe ser la justicia.

La familia, desplazada como guía de niños y jóvenes, es sustituida por “cibernanas” como son el internet, los videojuegos, la televisión, la música subliminal, etc.  Otro mal substituto, son las pandillas.

Esto no implica que no sean buenos medios de comunicación, lo mismo que  de entretenimiento, pero si no hay supervisión, hay confusión. Es mucha información, con poca educación, lo que desemboca en deficiente formación.

En las familias de hoy, escuchamos “eso de quedarme en casa cuidando hijos, y marido es anticuado, y del siglo antepasado”.  La realidad es que los hijos no son precoces, sino dependientes de los cuidados de los padres. Lo justo es brindarles cuidados, protección, abrigo, instrucción, educación, formación, pertenencia e identidad.

La atención y respeto entre los padres, permite conservar la unión de éstos, lo que consecuentemente ofrece un nicho donde los hijos puedan desarrollarse  positivamente.

Tristemente, cuando hay actos de violencia extrema, se asoma, como una constante, una familia fracturada o la carencia de integración de ésta. Los males en la familia, no quedan ahí, sino que tienen repercusiones en la sociedad.

No importa en que siglo vivamos, siempre va a ser importante nuestra función como padres y educadores de esos niños, y que lo único e importante que en verdad  necesitan, es AMOR.

El cariño, permite dar atención, sin que sea una carga el participar en el bienestar de la familia. Hay que tener presente, que el bien común se vive en la familia, de donde se proyecta a la sociedad.

El individuo que pertenece a una familia, tiene una base hacia adentro.  A la vez, tiene el sentido social, que estará presente en su interacción con otros individuos, ya sea en la escuela, el trabajo, los centros recreativos, las actividades deportivas, otras familias, amistades, asociaciones religiosas, etc.

Los valores y virtudes nos enseñan a vivir la realidad.  Hay mucha diferencia entre un “reality show” y las experiencias reales.  El individuo debe aceptar lo que es real y esforzarse.  Hay que enseñar a nuestros hijos, que lo bueno cuesta, que es para siempre, que te mantiene libre, que no se agota, que es justo y por ello hay que vivirlo y dárselo a las futuras generaciones.

Las pasiones y bajos instintos han existido desde tiempos inmemoriales.  Lo  mismo sucede con lo vulgar o lo grotesco. El ser humano, sobresale por su capacidad de adaptación. Esto no implica que deba adaptarse a lo que va contra natura, ni a lo que con etiqueta de liberal, moderno o equitativo, nos precipite hacia la decadencia, a la pérdida de los valores, reconocidos y construidos dentro del tejido social durante siglos.

Viene otro aspecto, pues quienes pregonan equidad entre lo bueno y lo malo, entre lo virtuoso y lo decadente, en muchas ocasiones, reclaman sus derechos, pisoteando los de los demás, o los derechos de la mayoría.

Consideran que el respeto, son actitudes y deberes que los demás deben tenerle. Que el resto le sea tolerante, que se sacrifique, que demuestre dominio de sí mismo, en un callejón de un solo sentido.

Recuerdo aquella anécdota de una persona que conduciendo su auto, se metió  en sentido contrario al freeway, mientras escuchaba en la radio, que un aviso urgente advertía que un carro circulaba en sentido contrario a gran velocidad.  Lejos de darse cuenta de lo que estaba sucediendo, mientras esquivaba  los carros que le venían de frente, vociferaba…”¿UNO?,  no hombre…, ¡CIENTOS DE CARROS!

 

MATRIMONIOS DESECHABLES

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Desde hace mucho tiempo, y en todos los niveles sociales, se ve con mayor frecuencia parejas que se divorcian. Las razones son interminables, y se cree, de manera errónea, que el divorcio es el remedio para los problemas matrimoniales.

Todos hemos tenido algún amigo, o pariente cercano que ha tomado la decisión de divorciarse, y algunos años después de la separación, no se han podido recuperar de la pérdida y la añoranza de que a lo mejor hubiera sido mejor no hacerlo. Hay otras personas que alimentan el rencor, sin haber logrado digerir esa pérdida y sin haber buscando el perdón y el olvido.

Lo que se ha vivido permanece. Nunca se puede borrar, y a pesar de pensar que se ha terminado con el matrimonio, la realidad es que esa persona siempre seguirá formando parte de nuestra vida, sobre todo si ha habido hijos en común.

Es necesario encarar los problemas a los que se deben enfrentar la pareja al momento que deciden separarse. El tiempo no resuelve los problemas por sí solo, ni corrige diferencias o lesiones.  La voluntad de hacerlo, encarando las situaciones que se presentan, por difíciles que parezcan, tienen mucha más oportunidad de hacerlo.

Hay sentimientos de pérdida de uno mismo,  provocados por la soledad que produce la dolorosa experiencia de un compromiso frustrado. La responsabilidad de asumir la formación de los hijos sin el apoyo del otro. La  inminente disparidad en su desarrollo y formación.

El matrimonio es un buscar día a día nuevas razones de coexistir. Es aceptar al otro como es, reconociendo las diferencias y concediendo el derecho a equivocarse.  Los unidos en matrimonio deben procurar complementarse. Si  por algún motivo somos causantes o detonantes de algún problema, debemos  ser parte de la solución y procurar no repetirlo.

Si nos imponemos a tratar de seguir amándonos, buscando hacer feliz al otro, siendo amables y no desperdiciando tiempo cuestionando si el otro me hace feliz, estaremos abonando a la consolidación de nuestra relación matrimonial, y por ende, a la familia.

Si solo busco mi propia satisfacción, se iniciará un circulo vicioso de resentimiento y frustración en la relación, llevándome a la creencia de que la separación es lo mejor. Estaré agregando a la mezcla de problemas el de la soledad. No hay cohesión en el egoísmo.

Vivimos en la época de los productos desechables. Evitemos caer en el error de pensar que las personas lo son. Ni el matrimonio, ni las personas, ya sea cónyuges o hijos son desechables. Las familias, tampoco son desechables.

Tiene que haber una razón de mucho peso para decidir terminar la relación. Si cuando una pareja se casa, en el fondo de su mente tiene como opción el que si no nos entendemos nos divorciamos, les aseguro que al primer conflicto que se les presente, pensarán que el divorcio es el paso a seguir.

Es preferible no tomar el compromiso, cuando de entrada se contempla  el no acatarlo.  Lo bueno cuesta. Lo que arde consume, pero la llama dura y purifica. No se debe confundir un capricho con un compromiso.

Es necesario detenerse a reflexionar antes de tomar la decisión de divorciarse. Una ruptura siempre provoca vacío, soledad y perturbación a todos los miembros de la familia.

Es recomendable acudir con alguien que ayude a motivar y a conservar el amor entre los esposos. Hay que hacer un alto en el camino y observar de manera honesta la situación, lo que hemos hecho para llegar hasta ahí, la imagen que nos hemos forjado y si  se apega a la realidad.

Analizar si nuestro comportamiento es destructivo; darnos cuenta de la profundidad de las heridas que estamos infiriendo, y a quiénes estamos afectando.

El divorcio puede llegar a ser el fin de las hostilidades en algunos casos, pero para otros, la inmensa mayoría,  significa el aumento de las agresiones y el inicio de una lucha de poderes que durará por muchos años y que perjudicará de manera directa a los hijos.

Es muy frecuente que cuando llega el divorcio, habiendo hijos de por medio, éstos sean utilizados como armas para pretender fastidiar al otro.  A su vez, los hijos aprenden a tomar provecho de la situación, obteniendo dotes y permisos de manera alevosa.

En el matrimonio hay que enfrentarse a un sin número de situaciones que nos causarán malestar pero la satisfacción de superar esas adversidades es lo que llevará a la pareja a una relación madura y estable.

Luchemos, no nos desechemos.

TU HIJO….MI HIJO…. NUESTROS HIJOS

Al tomar la decisión de formar  una familia,  contemplamos la ilusión de tener hijos,  la forma en que habremos de criarlos y la jornada que nos aguarda para formarlos como personas de bien.  Lo que queremos es que sean felices.

Al pensar en tener nuestros hijos,  tratando de imaginar cómo serán, si a quién se parecerán, si a papá o a mamá, a tu familia o a la mía.  Luego pensamos en su primer día de colegio y todos esos acontecimientos importantes que de sólo imaginarlos, nos causan alegría.

Cuando llega la realidad del primer hijo, resulta que viene sin instructivo, todo mundo opina.  Luego vienen los celos de la pareja, cuando la atención se divide.

Debemos tener claro que para la pareja, el matrimonio, es lo primero.  Es el origen, el rumbo, la razón, la guía, el sitio a donde recurrir cuando se fracasa y al que hay que acudir para compartir los éxitos.  Debemos tener en cuenta que cuando los hijos se marchan, los padres se quedan solos, aunque sabemos que los que se marchan, de alguna forma u otra, regresarán.

Penosamente, es muy frecuente discrepar sobre la conducción y educación de los hijos.  Poco se trata en el noviazgo el platicar si se pretende tener hijos, si les inculcaremos una fe religiosa o ninguna, si tendremos muchos o pocos, si cursarán sus estudios en escuelas públicas o privadas, etc.

Mas penoso aún, es no haberlo considerado antes de la llegada de los hijos, y ahora, ante ellos, tener discusiones (muchas veces acaloradas), sobre quien  y cómo se les habrá de disciplinar o corregir.

Uno de los errores más comunes que se presentan en las relaciones conyugales suceden cuando alguno de los padres al no saber como corregir al hijo, ante una circunstancia aparentemente complicada,  se des marca y le dice al cónyuge “es tu hijo, tú edúcalo”.

Tu Hijo, Mi Hijo, Nuestro Hijo

Con acciones como esa, mediante opiniones aparentemente  intrascendentes, las cuales parecieran estar dirigidas a molestar al cónyuge, a quien realmente dañan es a los hijos, a la relación de éstos para con sus padres, hermanos y la sociedad en general. El hijo percibe la falta de interés que en ese momento su progenitor le presta a sus acciones. Esto podría provocar una mayor rebeldía del hijo para tratar de llamar la atención.

Torpemente estamos reforzándole al hijo que no tenemos autoridad ante él. Nos preocupamos en lanzarnos culpas y olvidamos aplicar el correctivo adecuado y compartido por los padres, quienes deberían de ejercer su autoridad.

Por otra parte, y para empeorar las cosas, nos apresuramos a brindar “premios” cuando los hijos realizan lo ordinario, que es aprovechar las oportunidades que los padres les brindan.  Premiamos lo ordinario como si fuese extraordinario, por el simple hecho de que fue realizado por nuestro hijo.

Esto aplica cuando el hijo gana un premio en el colegio, o en cualquier competencia deportiva. Se nos abulta el pecho y llenos de orgullo exclamamos “¡ese es mi hijo!”

Cuando usamos a los hijos para golpetear a nuestro cónyuge, aprovechamos el que nuestro hijo (a) lleve a cabo una acción nociva o negativa, también reforzamos la mala conducta, exclamando lo mismo, “¡ese es mi hijo!”.

Los esposos deben de tener muy claro que los hijos son de los dos, los dos deben de ejercer una autoridad compartida, y la educación que le brinden debe de ser previamente hablada y acordada entre ellos.

Si los padres no han hablado nunca de la forma en la que educarán a sus hijos, se enfrentaran a situaciones y acontecimientos que no sabrán como manejarlos y provocaran discusiones entre ellos y el hijo se quedará sin la educación que merece.

Debemos de entablar un verdadero diálogo con nuestro cónyuge para así poder formar y educar a “Nuestros Hijos”, como personas de bien y felices. Busquemos ese momento para hablar y acordar como será la educación que les daremos formando un frente común y así de esta manera el hijo sentirá la seguridad de que sus padres saben lo que hacen y que lo hacen por su bien.

 

 

LIBERTAD

Los seres humanos tenemos un gran don llamado LIBERTAD. Es la libertad la que nos hace diferentes y superiores a todos los demás seres. La libertad es la base de la dignidad del ser humano.

Si vemos nuestra libertad como una conquista personal, y estamos conscientes de nuestra libertad, apreciaremos y lograremos la superación de obstáculos que nos llevaran a alcanzar un sinnúmero de fines.

Nos será posible avanzar con libertad en la educación de nuestros hijos o la felicidad de nuestro cónyuge. Esto se traducirá en un bien personal, provocando nuestra propia realización y madurez personal, alcanzando la felicidad.

En otras palabras, tenemos la libertad de elegir nuestro propio proyecto de vida, buscando fines constructivos. Podemos ser libres cuando decidimos elegir un bien,  y logramos superar obstáculos.

A lo largo de nuestra vida, se nos presentaran alternativas. Debemos prepararnos, pues al tener mayor conocimiento tendremos  mejor capacidad de juicio y  por ende, mejores resultados un nuestras elecciones.  Somos libres de elegir capacitarnos, educarnos, prepararnos, superarnos, tender al bien.  Tenemos libertad para ser mejores.

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Solo ejerciendo la libertad, es que podemos lograrla.  Alcanzarla no solo en cuanto a la relación con el mundo exterior, sino también en el mundo interior de cada quien; solo cada uno puede ir descubriéndose a si mismo, y nadie mas que uno mismo puede lograr esa libertad personal, buscándole sentido a su existencia y trascendiendo positivamente.

Cuando se trata de educar a los jóvenes en la libertad, es importante aclararles algunas cuestiones como son la independencia y la responsabilidad. Ha

y que mostrarles el parámetro entre derechos y obligaciones.

Una vez me decía un joven que quería vivir de manera libre sin las ataduras de sus padres en su casa y las de los maestros en la escuela, por que no lo dejaban desarrollarse a su antojo.  ¿Piensas que porque eres libre puedes salir como un potro desbocado por la vida? , le dije.

La libertad no es romper ataduras con tus padres, tus maestros, o cualquier persona con la que tu sientas que no te deja desarrollarte a tu antojo.

No se puede pensar que ser libre es hacer lo que yo quiero, con quien quiero, cuando quiero,  como quiero y donde quiero. No se vive solo en el mundo; todas nuestras acciones, ya sean buenas o malas tienen trascendencia y repercuten en ti mismo, en tu familia y en la sociedad.

Tienes el derecho a elegir, lo has hecho desde pequeño al elegir que ropa ponerte, a que equipo seguir o que programa de televisión ver, pero no confundas la libertad como algo que prohíbe toda vinculación y compromiso con todo aquello que significa algún tipo de norma. La independencia te sirve para ser autosuficiente, y no para ser indiferente a lo que te rodea.

Se es mas libre en cuanto se respeten los derechos de los otros, no ignorándolos o pisoteándolos. Tienes que empezar por respetarte a ti mismo.

No se pueden imponer las propias reglas, pues hay el peligro de convertirse en tirano.  Hay que aceptar los principios, valores y virtudes, pues se basan en el bien. Al reconocerlos y asumirlos se logra esa paz interior que es la que nos hace ser libres de pensar y de actuar, y así no nos volveremos esclavos de nuestros propios pensamientos.

Es curioso, pues hay un dicho que reza que “el conquistador se convierte en esclavo de lo que conquista”, lo que si bien es cierto como regla general, en el caso de la libertad, ésta te hace mas libre aún.

Para ser libre de actuar debemos de ser responsables de las decisiones y de los actos, no se pueden tener todos los privilegios ignorando que estos llevan de la mano responsabilidades.

Al actuar libremente en la toma de decisiones que consideremos sean las correctas, habrá que sacrificar algunas comodidades y privilegios. Hay que estar conscientes de que la caridad y la entrega desinteresada, son unos de los caminos que llevan hacia la felicidad y a la completa libertad espiritual.  Tu sacrificio bien orientado, se convierte en el bien de los demás.

La libertad es la que nos permite ser autónomos, nos convierte en personas capaces de gobernarse a sí mismas, con total y plena responsabilidad sobre  nuestras propias decisiones, de cara a uno mismo, ante la familia y la sociedad.

Cierro mencionando a Viktor Frankl

“…al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias-  para decidir su propio camino.”

ADOLESCENCIA ¿Estoy preparado?

Los padres se preocupan y se confunden frecuentemente por los cambios en sus adolescentes.

Sin embargo la adolescencia es la etapa más maravillosa de la vida, la más divertida y en la que nos atrevemos a hacer muchas cosas. Tenemos muchas ilusiones y nos comemos el mundo a puños.

En la adolescencia descubrimos nuestra identidad y se define nuestra personalidad. Entonces…

¿Porque los padres le tenemos tanto miedo a ésta etapa?

Cada adolescente es un individuo con su personalidad única, intereses especiales, gustos y disgustos. Sin embargo, hay numerosos elementos comunes en el desarrollo que todo el mundo confronta durante los años de la adolescencia.

La adolescencia es una etápa necesaria para pasar de la infancia a la adultez. Dejamos de ser dependientes de los padres para convertirnos en adultos responsables. Es por eso tan importante la actitud de los padres en esta etapa de sus hijos.

En la adolescencia se presentan cambios físicos y psicológicos.

Los cambiós físicos los conocemos, los vemos y los aceptamos de una forma natural, sin embargo los cambiós psicológicos que presenta nuestro adolescente nos aterran. Es fácil sentirse atemorizado cuando no sabes como manejar una situación, pero si nos preparamos para recibir esta etapa de nuestros hijos con conocimiento, tranquilidad y alegría, los ayudaremos a que ellos mismos vivan su adolescencia con seguridad y no sintiendose un bicho raro e incomprendido.

Los cambios psicológicos que vive el adolescente son: Inestabilidad emocional, timidez.

Las niñas pasan de la alegría al llanto a una velocidad más rápida que la luz. El mal humor es una constante, aunque ni ellos mismos saben el por qué. Los adolescentes buscan su propia identidad, es por eso que buscan un vestuario totalmente diferente al que llevavan antes y al que utilizan sus padres. Imitan modelos. Tratemos de que los modelos a seguir no sean negativos, pero no les impongamos, ya que esto solo provocará una rebeldía mayor.

No nos expresemos de la adolecencia como algo negativo, lo más dificil para un adolescente es la actitud negativa de los padres ante ésta.

Es la etapa en que nuestros hijos dejan de ser dependientes de nosotros para empezar a forjar su propia libertad. Debemos apoyarlos y ayudarlos a que ellos se responsabilicen de sus actos, siempre estando al pendiente pero dejando que ellos tomen sus propias decisiones.

Ya no son niños pequeños que necesitan que mamá o papá decidan por ellos muchas cosas. Solo en la medida que ellos se responsabilicen de sus actos aprenderán y creceran. 

La mejor forma de apoyar a mi hijo adolescente es brindandole comprensión, escucharlo con atención, razonar lo que exige, compartir sus metas y proyectos, animarlo, enseñarlo a mantenerse firme en las decisiones tomadas y ceder en lo accidental e intranscendente.

Con paciencia y amor, podremos disfrutar de ésta maravillosa etapa junto con nuestros hijos.