QUIEN NO PARTICIPA, NO SE INTEGRA

Muchas veces, hemos sido testigos de los severos daños que  causan los fenómenos meteorológicos  donde fuertes lluvias, inundaciones, terremotos, incendios, tornados, tsunami, trajeron muerte, destrucción y ruina para  poblaciones. Nos horrorizamos de ver lo terrible que ha sido para tantas personas. Se pierden muchas vidas. Una gran cantidad de personas prácticamente han perdido la totalidad de sus pertenencias. Hay muchos en riesgo de enfrentar problemas de salud.  La mayoría, se sienten abatidos y derrotados.

Mientras unos sufren irreparables pérdidas, otros mas afortunados,  vivimos en sitios sin mayores problemas, aparentemente alejados de las tragedias. Sin embargo, el hecho de enterarnos de las graves condiciones en que otros padecen, nos motivan a ayudar a los mas desprotegidos y deben obligarnos a actuar solidariamente. Este loable sentimiento de querer ayudar a los demás, en sí, es bueno. Sería mejor aún, si lo practicáramos diariamente, como forma de vida, dentro y fuera del hogar.

No hay que esperar desastres naturales o uno al interior de la familia. La forma de enseñar a nuestros hijos a ser generosos con los demás es sencilla. Hay que integrarlos a participar en las actividades y quehaceres cotidianos.

El bien común se inicia en casa.

Todos los familiares gustan de ser incluidos en la repartición de los bienes familiares y pocos aprecian las obligaciones o el actuar voluntariamente en apoyo y al servicio de los demás integrantes de la familia. Los bienes familiares no son únicamente cosas materiales o quehaceres domésticos, también son el saber compartir las alegrías y las tristezas, practicando virtudes como son la amistad, el orden, el respeto, la responsabilidad y la solidaridad.

Para lograr beneficiar a todos los miembros de la familia, supone un esfuerzo personal y se comparten valores que son dados y recibidos con amor. Así, todos participan y se convierten en repartidores de bienes, en una dinámica que va mas allá del servicio de los padres.

Todos y cada uno de los miembros de la familia debe apoyar y colaborar dentro de sus capacidades al crecimiento del resto de los miembros de la familia. Esto ayudará a mejorar el ambiente familiar, haciendo que todos se sientan personas valiosas, capaces de ayudar. Hay que tener cuidado y evitar ser simplemente elementos utilizables para beneficios mezquinos de los otros. También hay que evitar ser la eterna víctima o el indiferente perezoso que se escuda con pretextos y excusas.

Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos, y saben su responsabilidad a la hora de educar. Debemos tener muy claro que para “formar familia” los hijos deben de participar de una manera activa en esto. No “forman familia” los padres solos, aunque tengan la mayor y mejor voluntad. Si se fomenta en los hijos el deseo de participar en el bienestar común, lograremos una verdadera integración familiar.

Si los hijos no participan, la casa no es hogar, se convierte en un hotel, un lugar de paso, donde gratuitamente se les brindan servicios y comida. Hay que enseñarles que los demás también son personas con sentimientos y necesidades, y no solo de cosas materiales, sino de apoyo, compañía, cariño y tiempo de calidad. Hacerlos consientes de que todo aquello que hagan o que dejen de hacer repercute, afectando a todos los miembros de la familia.

Una familia integrada se logra con la participación de todos sus miembros. El éxito de una sociedad se alcanza con la participación de todos sus ciudadanos.

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LOS RETOS DE LA FAMILIA

noticias_6_famillia_chilenaCuando para los padres de familia no es de vital importancia educar y formar a sus hijos, estamos criando y creando individuos que serán parte de la legión de los antivalores.

La historia demuestra que cuando las sociedades se relajan, viene la decadencia, es decir, los descalabros sociales, que arrastran a la ruina moral, económica y social.

Las revoluciones y guerras, en general, son manifestaciones y/o consecuencias de una deficiente impartición de justicia. También se deben a la manipulación y distorsión de lo que es y debe ser la justicia.

La familia, desplazada como guía de niños y jóvenes, es sustituida por “cibernanas” como son el internet, los videojuegos, la televisión, la música subliminal, etc.  Otro mal substituto, son las pandillas.

Esto no implica que no sean buenos medios de comunicación, lo mismo que  de entretenimiento, pero si no hay supervisión, hay confusión. Es mucha información, con poca educación, lo que desemboca en deficiente formación.

En las familias de hoy, escuchamos “eso de quedarme en casa cuidando hijos, y marido es anticuado, y del siglo antepasado”.  La realidad es que los hijos no son precoces, sino dependientes de los cuidados de los padres. Lo justo es brindarles cuidados, protección, abrigo, instrucción, educación, formación, pertenencia e identidad.

La atención y respeto entre los padres, permite conservar la unión de éstos, lo que consecuentemente ofrece un nicho donde los hijos puedan desarrollarse  positivamente.

Tristemente, cuando hay actos de violencia extrema, se asoma, como una constante, una familia fracturada o la carencia de integración de ésta. Los males en la familia, no quedan ahí, sino que tienen repercusiones en la sociedad.

No importa en que siglo vivamos, siempre va a ser importante nuestra función como padres y educadores de esos niños, y que lo único e importante que en verdad  necesitan, es AMOR.

El cariño, permite dar atención, sin que sea una carga el participar en el bienestar de la familia. Hay que tener presente, que el bien común se vive en la familia, de donde se proyecta a la sociedad.

El individuo que pertenece a una familia, tiene una base hacia adentro.  A la vez, tiene el sentido social, que estará presente en su interacción con otros individuos, ya sea en la escuela, el trabajo, los centros recreativos, las actividades deportivas, otras familias, amistades, asociaciones religiosas, etc.

Los valores y virtudes nos enseñan a vivir la realidad.  Hay mucha diferencia entre un “reality show” y las experiencias reales.  El individuo debe aceptar lo que es real y esforzarse.  Hay que enseñar a nuestros hijos, que lo bueno cuesta, que es para siempre, que te mantiene libre, que no se agota, que es justo y por ello hay que vivirlo y dárselo a las futuras generaciones.

Las pasiones y bajos instintos han existido desde tiempos inmemoriales.  Lo  mismo sucede con lo vulgar o lo grotesco. El ser humano, sobresale por su capacidad de adaptación. Esto no implica que deba adaptarse a lo que va contra natura, ni a lo que con etiqueta de liberal, moderno o equitativo, nos precipite hacia la decadencia, a la pérdida de los valores, reconocidos y construidos dentro del tejido social durante siglos.

Viene otro aspecto, pues quienes pregonan equidad entre lo bueno y lo malo, entre lo virtuoso y lo decadente, en muchas ocasiones, reclaman sus derechos, pisoteando los de los demás, o los derechos de la mayoría.

Consideran que el respeto, son actitudes y deberes que los demás deben tenerle. Que el resto le sea tolerante, que se sacrifique, que demuestre dominio de sí mismo, en un callejón de un solo sentido.

Recuerdo aquella anécdota de una persona que conduciendo su auto, se metió  en sentido contrario al freeway, mientras escuchaba en la radio, que un aviso urgente advertía que un carro circulaba en sentido contrario a gran velocidad.  Lejos de darse cuenta de lo que estaba sucediendo, mientras esquivaba  los carros que le venían de frente, vociferaba…”¿UNO?,  no hombre…, ¡CIENTOS DE CARROS!

 

MATRIMONIOS DESECHABLES

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Desde hace mucho tiempo, y en todos los niveles sociales, se ve con mayor frecuencia parejas que se divorcian. Las razones son interminables, y se cree, de manera errónea, que el divorcio es el remedio para los problemas matrimoniales.

Todos hemos tenido algún amigo, o pariente cercano que ha tomado la decisión de divorciarse, y algunos años después de la separación, no se han podido recuperar de la pérdida y la añoranza de que a lo mejor hubiera sido mejor no hacerlo. Hay otras personas que alimentan el rencor, sin haber logrado digerir esa pérdida y sin haber buscando el perdón y el olvido.

Lo que se ha vivido permanece. Nunca se puede borrar, y a pesar de pensar que se ha terminado con el matrimonio, la realidad es que esa persona siempre seguirá formando parte de nuestra vida, sobre todo si ha habido hijos en común.

Es necesario encarar los problemas a los que se deben enfrentar la pareja al momento que deciden separarse. El tiempo no resuelve los problemas por sí solo, ni corrige diferencias o lesiones.  La voluntad de hacerlo, encarando las situaciones que se presentan, por difíciles que parezcan, tienen mucha más oportunidad de hacerlo.

Hay sentimientos de pérdida de uno mismo,  provocados por la soledad que produce la dolorosa experiencia de un compromiso frustrado. La responsabilidad de asumir la formación de los hijos sin el apoyo del otro. La  inminente disparidad en su desarrollo y formación.

El matrimonio es un buscar día a día nuevas razones de coexistir. Es aceptar al otro como es, reconociendo las diferencias y concediendo el derecho a equivocarse.  Los unidos en matrimonio deben procurar complementarse. Si  por algún motivo somos causantes o detonantes de algún problema, debemos  ser parte de la solución y procurar no repetirlo.

Si nos imponemos a tratar de seguir amándonos, buscando hacer feliz al otro, siendo amables y no desperdiciando tiempo cuestionando si el otro me hace feliz, estaremos abonando a la consolidación de nuestra relación matrimonial, y por ende, a la familia.

Si solo busco mi propia satisfacción, se iniciará un circulo vicioso de resentimiento y frustración en la relación, llevándome a la creencia de que la separación es lo mejor. Estaré agregando a la mezcla de problemas el de la soledad. No hay cohesión en el egoísmo.

Vivimos en la época de los productos desechables. Evitemos caer en el error de pensar que las personas lo son. Ni el matrimonio, ni las personas, ya sea cónyuges o hijos son desechables. Las familias, tampoco son desechables.

Tiene que haber una razón de mucho peso para decidir terminar la relación. Si cuando una pareja se casa, en el fondo de su mente tiene como opción el que si no nos entendemos nos divorciamos, les aseguro que al primer conflicto que se les presente, pensarán que el divorcio es el paso a seguir.

Es preferible no tomar el compromiso, cuando de entrada se contempla  el no acatarlo.  Lo bueno cuesta. Lo que arde consume, pero la llama dura y purifica. No se debe confundir un capricho con un compromiso.

Es necesario detenerse a reflexionar antes de tomar la decisión de divorciarse. Una ruptura siempre provoca vacío, soledad y perturbación a todos los miembros de la familia.

Es recomendable acudir con alguien que ayude a motivar y a conservar el amor entre los esposos. Hay que hacer un alto en el camino y observar de manera honesta la situación, lo que hemos hecho para llegar hasta ahí, la imagen que nos hemos forjado y si  se apega a la realidad.

Analizar si nuestro comportamiento es destructivo; darnos cuenta de la profundidad de las heridas que estamos infiriendo, y a quiénes estamos afectando.

El divorcio puede llegar a ser el fin de las hostilidades en algunos casos, pero para otros, la inmensa mayoría,  significa el aumento de las agresiones y el inicio de una lucha de poderes que durará por muchos años y que perjudicará de manera directa a los hijos.

Es muy frecuente que cuando llega el divorcio, habiendo hijos de por medio, éstos sean utilizados como armas para pretender fastidiar al otro.  A su vez, los hijos aprenden a tomar provecho de la situación, obteniendo dotes y permisos de manera alevosa.

En el matrimonio hay que enfrentarse a un sin número de situaciones que nos causarán malestar pero la satisfacción de superar esas adversidades es lo que llevará a la pareja a una relación madura y estable.

Luchemos, no nos desechemos.

TU HIJO….MI HIJO…. NUESTROS HIJOS

Al tomar la decisión de formar  una familia,  contemplamos la ilusión de tener hijos,  la forma en que habremos de criarlos y la jornada que nos aguarda para formarlos como personas de bien.  Lo que queremos es que sean felices.

Al pensar en tener nuestros hijos,  tratando de imaginar cómo serán, si a quién se parecerán, si a papá o a mamá, a tu familia o a la mía.  Luego pensamos en su primer día de colegio y todos esos acontecimientos importantes que de sólo imaginarlos, nos causan alegría.

Cuando llega la realidad del primer hijo, resulta que viene sin instructivo, todo mundo opina.  Luego vienen los celos de la pareja, cuando la atención se divide.

Debemos tener claro que para la pareja, el matrimonio, es lo primero.  Es el origen, el rumbo, la razón, la guía, el sitio a donde recurrir cuando se fracasa y al que hay que acudir para compartir los éxitos.  Debemos tener en cuenta que cuando los hijos se marchan, los padres se quedan solos, aunque sabemos que los que se marchan, de alguna forma u otra, regresarán.

Penosamente, es muy frecuente discrepar sobre la conducción y educación de los hijos.  Poco se trata en el noviazgo el platicar si se pretende tener hijos, si les inculcaremos una fe religiosa o ninguna, si tendremos muchos o pocos, si cursarán sus estudios en escuelas públicas o privadas, etc.

Mas penoso aún, es no haberlo considerado antes de la llegada de los hijos, y ahora, ante ellos, tener discusiones (muchas veces acaloradas), sobre quien  y cómo se les habrá de disciplinar o corregir.

Uno de los errores más comunes que se presentan en las relaciones conyugales suceden cuando alguno de los padres al no saber como corregir al hijo, ante una circunstancia aparentemente complicada,  se des marca y le dice al cónyuge “es tu hijo, tú edúcalo”.

Tu Hijo, Mi Hijo, Nuestro Hijo

Con acciones como esa, mediante opiniones aparentemente  intrascendentes, las cuales parecieran estar dirigidas a molestar al cónyuge, a quien realmente dañan es a los hijos, a la relación de éstos para con sus padres, hermanos y la sociedad en general. El hijo percibe la falta de interés que en ese momento su progenitor le presta a sus acciones. Esto podría provocar una mayor rebeldía del hijo para tratar de llamar la atención.

Torpemente estamos reforzándole al hijo que no tenemos autoridad ante él. Nos preocupamos en lanzarnos culpas y olvidamos aplicar el correctivo adecuado y compartido por los padres, quienes deberían de ejercer su autoridad.

Por otra parte, y para empeorar las cosas, nos apresuramos a brindar “premios” cuando los hijos realizan lo ordinario, que es aprovechar las oportunidades que los padres les brindan.  Premiamos lo ordinario como si fuese extraordinario, por el simple hecho de que fue realizado por nuestro hijo.

Esto aplica cuando el hijo gana un premio en el colegio, o en cualquier competencia deportiva. Se nos abulta el pecho y llenos de orgullo exclamamos “¡ese es mi hijo!”

Cuando usamos a los hijos para golpetear a nuestro cónyuge, aprovechamos el que nuestro hijo (a) lleve a cabo una acción nociva o negativa, también reforzamos la mala conducta, exclamando lo mismo, “¡ese es mi hijo!”.

Los esposos deben de tener muy claro que los hijos son de los dos, los dos deben de ejercer una autoridad compartida, y la educación que le brinden debe de ser previamente hablada y acordada entre ellos.

Si los padres no han hablado nunca de la forma en la que educarán a sus hijos, se enfrentaran a situaciones y acontecimientos que no sabrán como manejarlos y provocaran discusiones entre ellos y el hijo se quedará sin la educación que merece.

Debemos de entablar un verdadero diálogo con nuestro cónyuge para así poder formar y educar a “Nuestros Hijos”, como personas de bien y felices. Busquemos ese momento para hablar y acordar como será la educación que les daremos formando un frente común y así de esta manera el hijo sentirá la seguridad de que sus padres saben lo que hacen y que lo hacen por su bien.

 

 

COMO LOS VES…TE VERAS…..

Que frase tan común pero no por eso con poco significado. Cuando somos jóvenes creemos que siempre seguiremos siéndolo. La vida pasa y el tiempo (que es un recurso no renovable), sigue su curso, y cuando menos lo pensamos, damos un vistazo hacia atrás y resulta que ya somos unos adultos “maduros”.

Recuerdo la primera vez que le dije a unos de mis hijos:

“Cuando yo tenía tu edad, hace exactamente 20 años… ¡upssss!, ¡casi desmayo!. ¡Hace 20 años tenía tu edad!… ¡20 años!…” En ese momento me sentí “anciana”. Increíblemente, hacía unos instantes, me visualizaba joven.

Una frase pronunciada era el detonante que me situaba ante mi realidad. Aunque aún me sentía con espíritu juvenil, ágil, con muchos proyectos por realizar, el hecho de decir, “eso lo hice hace 20, 30 o 40 años”, colocaba una pesada lápida sobre mi espalda… Es más, de la impresión, hasta se me olvidó lo que le iba a decirle a mi hijo.

Este tipo de situaciones, todo el mundo tarde o temprano, las tendrá que encarar. Deben servirnos para hacer un alto en el camino y hacer un pequeño análisis de cómo hemos vivido nuestra vida, y a la vez, reflexionar sobre la paciencia y el cariño que le debemos a las personas mayores.

Así es, hay que corresponder a quienes han sido pacientes con nosotros y nos han propiciado cuidados, ejemplos y enseñanzas, estar agradecidos con nuestros padres, mentores y/o tutores, quienes al igual que nosotros, se van haciendo grandes Hay que estar agradecidos  especialmente los que todavía tenemos la suerte de tenerlos entre nosotros, pero de igual manera los que aunque ya los hayan perdido, conserven los buenos recuerdos y su legado.

No debemos de olvidar que esas personas mayores, sean nuestros parientes o no, merecen respeto y mucha paciencia. Requieren atención y son tan dignos como el que mas.

Hace algunos meses, estaba en un supermercado y en uno de los pasillos, estaba un señor ya mayor, quien al verme me hizo una pregunta, algo que no tenía aparente importancia. En realidad me abordaba y fue suficiente para empezar a hablar, y hablar. Narraba sobre sus hijos, sobre el poco interés que tenían respecto de él, que si cuando murió su mujer, que si estuve en la guerra, etc.., ¡yo había entrado con prisa al supermercado  porque tenía invitados en casa para comer, y la plática del señor duró unos cuarenta y cinco minutos!

Mientras escuchaba al señor me venían sentimientos encontrados, la prisa de llegar a cocinar antes de que llegara la visita, y las ganas de seguir dándole un poco de atención. Me di cuenta que las personas mayores tienen una necesidad muy grande de compartir las experiencias  acumuladas a lo largo de sus vidas.

Si creemos que ya no se acuerdan de nada por que nos hacen la misma pregunta, por hacer el mismo comentario en muy poco rato, por ser repetitivos en sus temas o si se trata de hablar respecto de lo vivido años atrás, les viene una energía que los hace sentirse jóvenes otra vez, pero sobre todo, escuchados.

Es válida y vigente aquella frase “recordar es volver a vivir”.  Recuerdan lo que para ellos ha sido su realidad, anhelan aquellas épocas en que estaban llenos de inquietudes y vigor, donde ellos afrontaban los retos  y   las circunstancias de entonces, su momento histórico.

Es muy duro para una persona mayor, tener que reconocer que sus facultades se han ido minimizando y que han perdido las fuerzas para muchas cosas. La decadencia es difícil de aceptar. La dignidad no es propia de la belleza física o de determinada edad del individuo. Se nace con ella, se debe vivir en y con ella, respetar la propia y la ajena, hasta el final de la vida.

Debemos apoyarlos y hacerlos sentir que son útiles, aprender de su experiencia y disfrutar de el testimonio vivo de su historia. Buscarles una actividad dentro de casa, y así poco a poco ellos mismos irán aceptando su condición y sus limitaciones.

Tengo la fortuna de tener a mi madre y a mi suegra, de 91 y 93 años respectivamente. De enseñarles a los hijos, sobrinos y nietos, que es grato e importante dar ejemplo de respeto y cuidado a los miembros de avanzada edad de la familia.  Ello se extiende a todos los ancianos.

El tener y proporcionar atención y cuidados a nuestros padres y abuelos, de ser posible tenerlos con nosotros, como miembros activos , dignos e importantes de nuestra familia, nos permite corresponder un poco a sus afanes, a todo el trabajo que les dimos cuando infantes, niños o cuando nos sentíamos jóvenes infalibles y creíamos tener el soberbio dominio de las circunstancias, que nos podíamos comer el mundo a puños y que lo sabíamos todo.

Ellos nos necesitan ahora, tanto o más de lo que nosotros en su momento los necesitamos a ellos. Sin embargo, los avances de la medicina auguran que llegado el momento, los que ahora somos adultos, seremos mas longevos y habrá una mayor cantidad de adultos mayores, al incrementarse la expectativa y calidad de vida.

Si no les damos el ejemplo a los niños y jóvenes ahora, estamos ayudando a crear un choque generacional o bien un aislamiento entre generaciones, donde el respeto y transmisión de valores será reducido, y a su vez ignorarán, que al avanzar en edad, serán relegados y abandonados por sus propios sucesores.

Hay que atender, cuidar y respetar a quienes nos superan en edad. Los invito a visitarlos, escucharlos, atenderlos, y quererlos. Ellos son capaces de compartir.  Seamos igualmente capaces de brindarles con paciencia,  nuestra dedicación y cariño.

Es ley de vida… “como te ves, me vi… como me ves, te verás”

LIBERTAD

Los seres humanos tenemos un gran don llamado LIBERTAD. Es la libertad la que nos hace diferentes y superiores a todos los demás seres. La libertad es la base de la dignidad del ser humano.

Si vemos nuestra libertad como una conquista personal, y estamos conscientes de nuestra libertad, apreciaremos y lograremos la superación de obstáculos que nos llevaran a alcanzar un sinnúmero de fines.

Nos será posible avanzar con libertad en la educación de nuestros hijos o la felicidad de nuestro cónyuge. Esto se traducirá en un bien personal, provocando nuestra propia realización y madurez personal, alcanzando la felicidad.

En otras palabras, tenemos la libertad de elegir nuestro propio proyecto de vida, buscando fines constructivos. Podemos ser libres cuando decidimos elegir un bien,  y logramos superar obstáculos.

A lo largo de nuestra vida, se nos presentaran alternativas. Debemos prepararnos, pues al tener mayor conocimiento tendremos  mejor capacidad de juicio y  por ende, mejores resultados un nuestras elecciones.  Somos libres de elegir capacitarnos, educarnos, prepararnos, superarnos, tender al bien.  Tenemos libertad para ser mejores.

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Solo ejerciendo la libertad, es que podemos lograrla.  Alcanzarla no solo en cuanto a la relación con el mundo exterior, sino también en el mundo interior de cada quien; solo cada uno puede ir descubriéndose a si mismo, y nadie mas que uno mismo puede lograr esa libertad personal, buscándole sentido a su existencia y trascendiendo positivamente.

Cuando se trata de educar a los jóvenes en la libertad, es importante aclararles algunas cuestiones como son la independencia y la responsabilidad. Ha

y que mostrarles el parámetro entre derechos y obligaciones.

Una vez me decía un joven que quería vivir de manera libre sin las ataduras de sus padres en su casa y las de los maestros en la escuela, por que no lo dejaban desarrollarse a su antojo.  ¿Piensas que porque eres libre puedes salir como un potro desbocado por la vida? , le dije.

La libertad no es romper ataduras con tus padres, tus maestros, o cualquier persona con la que tu sientas que no te deja desarrollarte a tu antojo.

No se puede pensar que ser libre es hacer lo que yo quiero, con quien quiero, cuando quiero,  como quiero y donde quiero. No se vive solo en el mundo; todas nuestras acciones, ya sean buenas o malas tienen trascendencia y repercuten en ti mismo, en tu familia y en la sociedad.

Tienes el derecho a elegir, lo has hecho desde pequeño al elegir que ropa ponerte, a que equipo seguir o que programa de televisión ver, pero no confundas la libertad como algo que prohíbe toda vinculación y compromiso con todo aquello que significa algún tipo de norma. La independencia te sirve para ser autosuficiente, y no para ser indiferente a lo que te rodea.

Se es mas libre en cuanto se respeten los derechos de los otros, no ignorándolos o pisoteándolos. Tienes que empezar por respetarte a ti mismo.

No se pueden imponer las propias reglas, pues hay el peligro de convertirse en tirano.  Hay que aceptar los principios, valores y virtudes, pues se basan en el bien. Al reconocerlos y asumirlos se logra esa paz interior que es la que nos hace ser libres de pensar y de actuar, y así no nos volveremos esclavos de nuestros propios pensamientos.

Es curioso, pues hay un dicho que reza que “el conquistador se convierte en esclavo de lo que conquista”, lo que si bien es cierto como regla general, en el caso de la libertad, ésta te hace mas libre aún.

Para ser libre de actuar debemos de ser responsables de las decisiones y de los actos, no se pueden tener todos los privilegios ignorando que estos llevan de la mano responsabilidades.

Al actuar libremente en la toma de decisiones que consideremos sean las correctas, habrá que sacrificar algunas comodidades y privilegios. Hay que estar conscientes de que la caridad y la entrega desinteresada, son unos de los caminos que llevan hacia la felicidad y a la completa libertad espiritual.  Tu sacrificio bien orientado, se convierte en el bien de los demás.

La libertad es la que nos permite ser autónomos, nos convierte en personas capaces de gobernarse a sí mismas, con total y plena responsabilidad sobre  nuestras propias decisiones, de cara a uno mismo, ante la familia y la sociedad.

Cierro mencionando a Viktor Frankl

“…al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias-  para decidir su propio camino.”

TRADICIONES FAMILIARES

En esta época del año, se percibe ya un ambiente de fiesta. Éste no es opacado por el cambio del clima y las pocas horas de luz que tenemos al acortarse los días.

Las ciudades de todo el mundo se visten de fiesta, se decoran las calles con luces de colores, aroma de pino, guirnaldas y coronas adornan las puertas y de una forma alegre y natural. Sube el ánimo por que se acerca la época de celebrar.

Nos preocupamos por todos los regalos que tenemos que dar. Las tiendas lanzan sus promociones, para que no olvidemos a algún ser querido a quien demostrarle nuestro afecto con un regalo.

Empezamos a vivir muchos acontecimientos que forman parte de nuestras tradiciones.

Cuando hablo de tradición me refiero a la costumbre conservada en una familia, pueblo o país que es transmitida de padres a hijos.

Todo este alboroto, conlleva ciertas complicaciones y variantes, lo que provoca en ocasiones que nos olvidemos del origen de estas fiestas.

¿Por qué celebro el Thanksgiving? ¿Qué es la Navidad? ¿Por qué me emociono en la fiesta de Año Nuevo?

Cuando estamos planeando estos acontecimientos, es muy importante que los padres hablemos con los hijos del origen de nuestras fiestas, su significado y el por que es importante para la familia celebrarlo.

Las tradiciones familiares son diferentes en cada familia y no debemos dejar que se vean influenciadas de manera negativa por el ambiente externo.

Cada vez que preparemos una celebración, debemos hacer mucho hincapié en dejar en claro el por qué seguimos esa tradición.

La fiesta de  Acción de Gracias (“ Thanksgiving ”), tiene varias versiones, por lo que me permito compartirles la que nos muestra el link de la embajada de Estados Unidos en México. Aquí encontraran una  presentación breve, pero muy interesante: http://www.usembassy-mexico.gov/bbf/bfholidays_AccGracias.htm

Es un día para dar gracias a Dios por las bendiciones recibidas durante el año. Agradecer la salud, el trabajo, el alimento, la unión familiar, y por que no, hasta las situaciones difíciles que nos ha tocado vivir, por que de una u otra manera hemos podido superarlas; y si no es así, pedir la fortaleza necesaria para hacerlo.  Aprovechemos esta fecha para hacer un alto en el camino y prepararnos para las siguiente celebración.