PALABRAS OLVIDADAS

nube-palabras-etica-ciudadaniaCuando somos pequeños todo lo que vemos y oímos es nuevo para nosotros. El proceso de aprendizaje en los seres humanos es paulatino y se va desarrollando de manera mesurada.

Desde temprana edad, tenemos unas ansias locas por aprender y experimentarlo todo.

Lo desconocido es un reto permanente, que al afrontarlo, permite nuestro desarrollo, dando paso al conocimiento, a la toma de conciencia, al razonamiento.

Nuestra  mente va almacenando todo aquello que nos parece interesante. Mas cuando llegamos a cierta edad, donde creemos que ya lo sabemos todo, de manera consciente o inconsciente, hacemos una selección de cosas, situaciones, etapas, circunstancias, pasajes, personas, compromisos, etc., donde en ocasiones nos apegamos a algunas de éstas, o bien, las desechamos.

Dentro de lo que descartamos, sobresalen ciertas palabras, que implican compromiso, por lo que nos cuesta trabajo pronunciarlas. En otras ocasiones, ni siquiera conocemos realmente su significado, su alcance, lo que implican o lo que ponerlas en práctica nos brindaría.

Es fácil descartarlas y etiquetarlas de anticuadas o pasadas de moda, propias de los religiosos o de los ancianos que vivieron en otra época. Hay palabras que nos esforzamos por olvidar y/o simplemente no queremos incluirlas en nuestro vocabulario, para no correr el riesgo de que afecten nuestro modo de vida.

Es claro que si no queremos pronunciar ciertas palabras, es porque no queremos vivirlas. Preferimos dejarlas en el fondo de nuestra mente y dentro del archivo de “asuntos por olvidar”. Procurando no salir de mi aparente confort.

En ocasiones, por ahí llegamos a recordarlas, pero con significado erróneo. Me explico con un ejemplo: No es represión, obedecer reglas, leyes y principios que me limitan para hacer lo que me viene en gana. A eso se le llama disciplina.

Lo mismo sucede cuando el pudor es confundido con la exageración, prejuicio e hipocresía.

En el mismo orden de ideas, hay corrientes que señalan que la integridad, la honradez, la decencia, la castidad, y la pureza, son para los “medievales”, es decir, todos aquellos que tengan una manera de pensar conservadora.

Hay quienes las consideran palabras opresoras y autoritarias. Consideran descartar todo aquello que impida actuar conforme a sus instintos. Tal parece que lo “moderno” es “desencadenar la bestia que llevamos dentro”. ¿Es que debemos descartar lo que hemos evolucionado? Desde luego que hay que estar dispuestos a darle la bienvenida al cambio, siempre y cuando, éste sea dirigido al bien.

Teniendo una idea errónea de que “me lo merezco todo, y no tengo que agradecer lo que por derecho me pertenece”, hay individuos y grupos de éstos  que ignoran lo que reclaman.

Deberíamos estar agradecidos con los que nos han antecedido en el devenir de la vida y han dejado un legado positivo.  Todos podemos trascender, pero hay que hacerlo positivamente.  No hay que trascender por trascender. Hasta el mas dedicado de los activistas, debe asumir su liderazgo con responsabilidad.

Hay que tener cuidado de declararse “liberal” y /o “moderno” para justificar el no poder utilizar las palabras olvidadas. La etimología es clara. Las palabras, resultado de la evolución positiva, tienen su origen al describir o transmitir ideas, imágenes, sensaciones, razonamientos, etcétera.  Todas tienen un significado muy claro, y  deben tener un peso mayor en la conciencia.

“Si no vivimos como pensamos, acabaremos pensando como vivimos” dice este refrán, y eso pasará con las palabras a las que les hemos cambiado sus significado, tratando que se usen para lo contrario. Y aqui me refiero en especifico a la palabra matrimonio, que ahora a a cualquier unión o convivencia, se le quiere nombrar así.

En fin, podríamos seguir nombrando una lista muy larga de palabras que no queremos pronunciar. No dejemos que se pierdan en el diccionario, y que por su falta de uso corran el peligro de desaparecer, ya que el utilizarlas, no es un ejercicio de la lengua y la mente. Se convierten en actos cotidianos, y  por lo tanto en una forma de vida.

ESTAR CASADOS Y VIVIR COMO CASADOS

Hoy en día el matrimonio parece ser un tema de actualidad. Hablar de matrimonio es algo muy natural y común, pero saber a ciencia cierta que es, dista mucho de lo que en general se conoce.

El matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer para hacer una vida en común y formar una familia. Me gustaría que profundizáramos aún mas…

Cuando se celebra el matrimonio, se realiza el Pacto Conyugal. Es un compromiso y una responsabilidad orientados hacia el futuro.

El matrimonio es en donde el varón y la mujer comprometen ante el otro toda su capacidad de ser cónyuges, y es en ese preciso momento donde se engendra una relación de justicia (darle al otro lo que por derecho le corresponde) y de fidelidad (comprometer su fidelidad ante el otro).

Cuando dos personas se casan se crea un vínculo, y ese vínculo, esa unión, contiene el desarrollo de la vida matrimonial. Eso, es estar casados.

Cuando hablo de vivir como casados, no me refiero a las personas que de buenas a primeras deciden vivir juntos y compartir los gastos. Estar casados es mucho mas.

Estar casados es cumplir unos deberes y unos derechos que son mutuos, permanentes, continuos, exclusivos e irrenunciables. Sin embargo la vida matrimonial no se limita al cumplimiento de los deberes y los derechos que cada uno posee. A estos se le suman unos principios que son formas reguladoras del cumplimiento de la finalidad de la vida matrimonial.

El incumplimiento de los deberes matrimoniales lleva a la falta de algún principio, y esto provoca que deje de ser una relación de justicia.428624_gd

Vivir como casados implica una serie de principios que no se deben de olvidar, como por ejemplo la fidelidad, que es ser consecuente con el compromiso adquirido. Es tener el derecho a que el otro me sea fiel, y el deber de serle fiel al otro.

No podemos aceptar frases como: “yo sigo igual, mi esposa es la casada”… ; ”yo tengo otras, no soy celoso”…

Hay que recordar nuestro compromiso, las promesas, como cuando decimos “soy tuyo”, lo que quiere decir, soy tu yo.

Los esposos deben ayudarse en la conservación y mejoramiento de los aspectos materiales de su vida personal. Esto no significa que si hay momentos de fracasos o perdidas de trabajo que provoquen algún tipo de empobrecimiento se falte a este principio. El compromiso no se limita a los tiempos de bonanza, sino que abarca también, las épocas de carencias, los tiempos difíciles.

El matrimonio es una unión que supera carencias, de la misma manera que no se pierde cuando hay abundancia y riquezas. Se fortalece con el gozo de la salud, lo mismo que cuando la salud se deteriora. La fidelidad abarca el pensamiento, las acciones. Los proyectos de vida no se basan en traiciones, sino en el compromiso.

Mas allá de lo material, los esposos se deben al mutuo perfeccionamiento espiritual, son responsables de guiar a su cónyuge al crecimiento espiritual, moral, afectivo y si se quiere, al religioso.

Cuando dos personas se casan, deben de vivir juntos, y de esta manera podrán educar y formar a los hijos. La procreación es uno de los fines del matrimonio.

De esta manera vemos que estar casados nos obliga a vivir como casados. La unión libre puede parecer igual, pero de entrada rechaza el compromiso.  Deja abierta la posibilidad de salir de la aparente unión, por lo que carece de fuerza.

En el matrimonio se le da valor a cada uno de los contrayentes.  Dicho valor no desaparece con el tiempo. Permanece sin importar la situación económica, de salud o de la edad.  El respetar y ser fiel engrandece a ambos. Proyecta un poderoso ejemplo a las generaciones que le suceden.

Queda claro entonces que la unión matrimonial protege a quienes la forman, da certeza a la familia que de ésta se deriva, la fortalece.  Es una unión que crece, que vincula, que nos obsequia pertenencia, que enriquece el espíritu y que nos ayuda a sobrellevar y superar las pruebas que la vida nos ofrece.