QUIEN NO PARTICIPA, NO SE INTEGRA

Muchas veces, hemos sido testigos de los severos daños que  causan los fenómenos meteorológicos  donde fuertes lluvias, inundaciones, terremotos, incendios, tornados, tsunami, trajeron muerte, destrucción y ruina para  poblaciones. Nos horrorizamos de ver lo terrible que ha sido para tantas personas. Se pierden muchas vidas. Una gran cantidad de personas prácticamente han perdido la totalidad de sus pertenencias. Hay muchos en riesgo de enfrentar problemas de salud.  La mayoría, se sienten abatidos y derrotados.

Mientras unos sufren irreparables pérdidas, otros mas afortunados,  vivimos en sitios sin mayores problemas, aparentemente alejados de las tragedias. Sin embargo, el hecho de enterarnos de las graves condiciones en que otros padecen, nos motivan a ayudar a los mas desprotegidos y deben obligarnos a actuar solidariamente. Este loable sentimiento de querer ayudar a los demás, en sí, es bueno. Sería mejor aún, si lo practicáramos diariamente, como forma de vida, dentro y fuera del hogar.

No hay que esperar desastres naturales o uno al interior de la familia. La forma de enseñar a nuestros hijos a ser generosos con los demás es sencilla. Hay que integrarlos a participar en las actividades y quehaceres cotidianos.

El bien común se inicia en casa.

Todos los familiares gustan de ser incluidos en la repartición de los bienes familiares y pocos aprecian las obligaciones o el actuar voluntariamente en apoyo y al servicio de los demás integrantes de la familia. Los bienes familiares no son únicamente cosas materiales o quehaceres domésticos, también son el saber compartir las alegrías y las tristezas, practicando virtudes como son la amistad, el orden, el respeto, la responsabilidad y la solidaridad.

Para lograr beneficiar a todos los miembros de la familia, supone un esfuerzo personal y se comparten valores que son dados y recibidos con amor. Así, todos participan y se convierten en repartidores de bienes, en una dinámica que va mas allá del servicio de los padres.

Todos y cada uno de los miembros de la familia debe apoyar y colaborar dentro de sus capacidades al crecimiento del resto de los miembros de la familia. Esto ayudará a mejorar el ambiente familiar, haciendo que todos se sientan personas valiosas, capaces de ayudar. Hay que tener cuidado y evitar ser simplemente elementos utilizables para beneficios mezquinos de los otros. También hay que evitar ser la eterna víctima o el indiferente perezoso que se escuda con pretextos y excusas.

Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos, y saben su responsabilidad a la hora de educar. Debemos tener muy claro que para “formar familia” los hijos deben de participar de una manera activa en esto. No “forman familia” los padres solos, aunque tengan la mayor y mejor voluntad. Si se fomenta en los hijos el deseo de participar en el bienestar común, lograremos una verdadera integración familiar.

Si los hijos no participan, la casa no es hogar, se convierte en un hotel, un lugar de paso, donde gratuitamente se les brindan servicios y comida. Hay que enseñarles que los demás también son personas con sentimientos y necesidades, y no solo de cosas materiales, sino de apoyo, compañía, cariño y tiempo de calidad. Hacerlos consientes de que todo aquello que hagan o que dejen de hacer repercute, afectando a todos los miembros de la familia.

Una familia integrada se logra con la participación de todos sus miembros. El éxito de una sociedad se alcanza con la participación de todos sus ciudadanos.

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TU HIJO….MI HIJO…. NUESTROS HIJOS

Al tomar la decisión de formar  una familia,  contemplamos la ilusión de tener hijos,  la forma en que habremos de criarlos y la jornada que nos aguarda para formarlos como personas de bien.  Lo que queremos es que sean felices.

Al pensar en tener nuestros hijos,  tratando de imaginar cómo serán, si a quién se parecerán, si a papá o a mamá, a tu familia o a la mía.  Luego pensamos en su primer día de colegio y todos esos acontecimientos importantes que de sólo imaginarlos, nos causan alegría.

Cuando llega la realidad del primer hijo, resulta que viene sin instructivo, todo mundo opina.  Luego vienen los celos de la pareja, cuando la atención se divide.

Debemos tener claro que para la pareja, el matrimonio, es lo primero.  Es el origen, el rumbo, la razón, la guía, el sitio a donde recurrir cuando se fracasa y al que hay que acudir para compartir los éxitos.  Debemos tener en cuenta que cuando los hijos se marchan, los padres se quedan solos, aunque sabemos que los que se marchan, de alguna forma u otra, regresarán.

Penosamente, es muy frecuente discrepar sobre la conducción y educación de los hijos.  Poco se trata en el noviazgo el platicar si se pretende tener hijos, si les inculcaremos una fe religiosa o ninguna, si tendremos muchos o pocos, si cursarán sus estudios en escuelas públicas o privadas, etc.

Mas penoso aún, es no haberlo considerado antes de la llegada de los hijos, y ahora, ante ellos, tener discusiones (muchas veces acaloradas), sobre quien  y cómo se les habrá de disciplinar o corregir.

Uno de los errores más comunes que se presentan en las relaciones conyugales suceden cuando alguno de los padres al no saber como corregir al hijo, ante una circunstancia aparentemente complicada,  se des marca y le dice al cónyuge “es tu hijo, tú edúcalo”.

Tu Hijo, Mi Hijo, Nuestro Hijo

Con acciones como esa, mediante opiniones aparentemente  intrascendentes, las cuales parecieran estar dirigidas a molestar al cónyuge, a quien realmente dañan es a los hijos, a la relación de éstos para con sus padres, hermanos y la sociedad en general. El hijo percibe la falta de interés que en ese momento su progenitor le presta a sus acciones. Esto podría provocar una mayor rebeldía del hijo para tratar de llamar la atención.

Torpemente estamos reforzándole al hijo que no tenemos autoridad ante él. Nos preocupamos en lanzarnos culpas y olvidamos aplicar el correctivo adecuado y compartido por los padres, quienes deberían de ejercer su autoridad.

Por otra parte, y para empeorar las cosas, nos apresuramos a brindar “premios” cuando los hijos realizan lo ordinario, que es aprovechar las oportunidades que los padres les brindan.  Premiamos lo ordinario como si fuese extraordinario, por el simple hecho de que fue realizado por nuestro hijo.

Esto aplica cuando el hijo gana un premio en el colegio, o en cualquier competencia deportiva. Se nos abulta el pecho y llenos de orgullo exclamamos “¡ese es mi hijo!”

Cuando usamos a los hijos para golpetear a nuestro cónyuge, aprovechamos el que nuestro hijo (a) lleve a cabo una acción nociva o negativa, también reforzamos la mala conducta, exclamando lo mismo, “¡ese es mi hijo!”.

Los esposos deben de tener muy claro que los hijos son de los dos, los dos deben de ejercer una autoridad compartida, y la educación que le brinden debe de ser previamente hablada y acordada entre ellos.

Si los padres no han hablado nunca de la forma en la que educarán a sus hijos, se enfrentaran a situaciones y acontecimientos que no sabrán como manejarlos y provocaran discusiones entre ellos y el hijo se quedará sin la educación que merece.

Debemos de entablar un verdadero diálogo con nuestro cónyuge para así poder formar y educar a “Nuestros Hijos”, como personas de bien y felices. Busquemos ese momento para hablar y acordar como será la educación que les daremos formando un frente común y así de esta manera el hijo sentirá la seguridad de que sus padres saben lo que hacen y que lo hacen por su bien.

 

 

PALABRAS OLVIDADAS

nube-palabras-etica-ciudadaniaCuando somos pequeños todo lo que vemos y oímos es nuevo para nosotros. El proceso de aprendizaje en los seres humanos es paulatino y se va desarrollando de manera mesurada.

Desde temprana edad, tenemos unas ansias locas por aprender y experimentarlo todo.

Lo desconocido es un reto permanente, que al afrontarlo, permite nuestro desarrollo, dando paso al conocimiento, a la toma de conciencia, al razonamiento.

Nuestra  mente va almacenando todo aquello que nos parece interesante. Mas cuando llegamos a cierta edad, donde creemos que ya lo sabemos todo, de manera consciente o inconsciente, hacemos una selección de cosas, situaciones, etapas, circunstancias, pasajes, personas, compromisos, etc., donde en ocasiones nos apegamos a algunas de éstas, o bien, las desechamos.

Dentro de lo que descartamos, sobresalen ciertas palabras, que implican compromiso, por lo que nos cuesta trabajo pronunciarlas. En otras ocasiones, ni siquiera conocemos realmente su significado, su alcance, lo que implican o lo que ponerlas en práctica nos brindaría.

Es fácil descartarlas y etiquetarlas de anticuadas o pasadas de moda, propias de los religiosos o de los ancianos que vivieron en otra época. Hay palabras que nos esforzamos por olvidar y/o simplemente no queremos incluirlas en nuestro vocabulario, para no correr el riesgo de que afecten nuestro modo de vida.

Es claro que si no queremos pronunciar ciertas palabras, es porque no queremos vivirlas. Preferimos dejarlas en el fondo de nuestra mente y dentro del archivo de “asuntos por olvidar”. Procurando no salir de mi aparente confort.

En ocasiones, por ahí llegamos a recordarlas, pero con significado erróneo. Me explico con un ejemplo: No es represión, obedecer reglas, leyes y principios que me limitan para hacer lo que me viene en gana. A eso se le llama disciplina.

Lo mismo sucede cuando el pudor es confundido con la exageración, prejuicio e hipocresía.

En el mismo orden de ideas, hay corrientes que señalan que la integridad, la honradez, la decencia, la castidad, y la pureza, son para los “medievales”, es decir, todos aquellos que tengan una manera de pensar conservadora.

Hay quienes las consideran palabras opresoras y autoritarias. Consideran descartar todo aquello que impida actuar conforme a sus instintos. Tal parece que lo “moderno” es “desencadenar la bestia que llevamos dentro”. ¿Es que debemos descartar lo que hemos evolucionado? Desde luego que hay que estar dispuestos a darle la bienvenida al cambio, siempre y cuando, éste sea dirigido al bien.

Teniendo una idea errónea de que “me lo merezco todo, y no tengo que agradecer lo que por derecho me pertenece”, hay individuos y grupos de éstos  que ignoran lo que reclaman.

Deberíamos estar agradecidos con los que nos han antecedido en el devenir de la vida y han dejado un legado positivo.  Todos podemos trascender, pero hay que hacerlo positivamente.  No hay que trascender por trascender. Hasta el mas dedicado de los activistas, debe asumir su liderazgo con responsabilidad.

Hay que tener cuidado de declararse “liberal” y /o “moderno” para justificar el no poder utilizar las palabras olvidadas. La etimología es clara. Las palabras, resultado de la evolución positiva, tienen su origen al describir o transmitir ideas, imágenes, sensaciones, razonamientos, etcétera.  Todas tienen un significado muy claro, y  deben tener un peso mayor en la conciencia.

“Si no vivimos como pensamos, acabaremos pensando como vivimos” dice este refrán, y eso pasará con las palabras a las que les hemos cambiado sus significado, tratando que se usen para lo contrario. Y aqui me refiero en especifico a la palabra matrimonio, que ahora a a cualquier unión o convivencia, se le quiere nombrar así.

En fin, podríamos seguir nombrando una lista muy larga de palabras que no queremos pronunciar. No dejemos que se pierdan en el diccionario, y que por su falta de uso corran el peligro de desaparecer, ya que el utilizarlas, no es un ejercicio de la lengua y la mente. Se convierten en actos cotidianos, y  por lo tanto en una forma de vida.

COMO LOS VES…TE VERAS…..

Que frase tan común pero no por eso con poco significado. Cuando somos jóvenes creemos que siempre seguiremos siéndolo. La vida pasa y el tiempo (que es un recurso no renovable), sigue su curso, y cuando menos lo pensamos, damos un vistazo hacia atrás y resulta que ya somos unos adultos “maduros”.

Recuerdo la primera vez que le dije a unos de mis hijos:

“Cuando yo tenía tu edad, hace exactamente 20 años… ¡upssss!, ¡casi desmayo!. ¡Hace 20 años tenía tu edad!… ¡20 años!…” En ese momento me sentí “anciana”. Increíblemente, hacía unos instantes, me visualizaba joven.

Una frase pronunciada era el detonante que me situaba ante mi realidad. Aunque aún me sentía con espíritu juvenil, ágil, con muchos proyectos por realizar, el hecho de decir, “eso lo hice hace 20, 30 o 40 años”, colocaba una pesada lápida sobre mi espalda… Es más, de la impresión, hasta se me olvidó lo que le iba a decirle a mi hijo.

Este tipo de situaciones, todo el mundo tarde o temprano, las tendrá que encarar. Deben servirnos para hacer un alto en el camino y hacer un pequeño análisis de cómo hemos vivido nuestra vida, y a la vez, reflexionar sobre la paciencia y el cariño que le debemos a las personas mayores.

Así es, hay que corresponder a quienes han sido pacientes con nosotros y nos han propiciado cuidados, ejemplos y enseñanzas, estar agradecidos con nuestros padres, mentores y/o tutores, quienes al igual que nosotros, se van haciendo grandes Hay que estar agradecidos  especialmente los que todavía tenemos la suerte de tenerlos entre nosotros, pero de igual manera los que aunque ya los hayan perdido, conserven los buenos recuerdos y su legado.

No debemos de olvidar que esas personas mayores, sean nuestros parientes o no, merecen respeto y mucha paciencia. Requieren atención y son tan dignos como el que mas.

Hace algunos meses, estaba en un supermercado y en uno de los pasillos, estaba un señor ya mayor, quien al verme me hizo una pregunta, algo que no tenía aparente importancia. En realidad me abordaba y fue suficiente para empezar a hablar, y hablar. Narraba sobre sus hijos, sobre el poco interés que tenían respecto de él, que si cuando murió su mujer, que si estuve en la guerra, etc.., ¡yo había entrado con prisa al supermercado  porque tenía invitados en casa para comer, y la plática del señor duró unos cuarenta y cinco minutos!

Mientras escuchaba al señor me venían sentimientos encontrados, la prisa de llegar a cocinar antes de que llegara la visita, y las ganas de seguir dándole un poco de atención. Me di cuenta que las personas mayores tienen una necesidad muy grande de compartir las experiencias  acumuladas a lo largo de sus vidas.

Si creemos que ya no se acuerdan de nada por que nos hacen la misma pregunta, por hacer el mismo comentario en muy poco rato, por ser repetitivos en sus temas o si se trata de hablar respecto de lo vivido años atrás, les viene una energía que los hace sentirse jóvenes otra vez, pero sobre todo, escuchados.

Es válida y vigente aquella frase “recordar es volver a vivir”.  Recuerdan lo que para ellos ha sido su realidad, anhelan aquellas épocas en que estaban llenos de inquietudes y vigor, donde ellos afrontaban los retos  y   las circunstancias de entonces, su momento histórico.

Es muy duro para una persona mayor, tener que reconocer que sus facultades se han ido minimizando y que han perdido las fuerzas para muchas cosas. La decadencia es difícil de aceptar. La dignidad no es propia de la belleza física o de determinada edad del individuo. Se nace con ella, se debe vivir en y con ella, respetar la propia y la ajena, hasta el final de la vida.

Debemos apoyarlos y hacerlos sentir que son útiles, aprender de su experiencia y disfrutar de el testimonio vivo de su historia. Buscarles una actividad dentro de casa, y así poco a poco ellos mismos irán aceptando su condición y sus limitaciones.

Tengo la fortuna de tener a mi madre y a mi suegra, de 91 y 93 años respectivamente. De enseñarles a los hijos, sobrinos y nietos, que es grato e importante dar ejemplo de respeto y cuidado a los miembros de avanzada edad de la familia.  Ello se extiende a todos los ancianos.

El tener y proporcionar atención y cuidados a nuestros padres y abuelos, de ser posible tenerlos con nosotros, como miembros activos , dignos e importantes de nuestra familia, nos permite corresponder un poco a sus afanes, a todo el trabajo que les dimos cuando infantes, niños o cuando nos sentíamos jóvenes infalibles y creíamos tener el soberbio dominio de las circunstancias, que nos podíamos comer el mundo a puños y que lo sabíamos todo.

Ellos nos necesitan ahora, tanto o más de lo que nosotros en su momento los necesitamos a ellos. Sin embargo, los avances de la medicina auguran que llegado el momento, los que ahora somos adultos, seremos mas longevos y habrá una mayor cantidad de adultos mayores, al incrementarse la expectativa y calidad de vida.

Si no les damos el ejemplo a los niños y jóvenes ahora, estamos ayudando a crear un choque generacional o bien un aislamiento entre generaciones, donde el respeto y transmisión de valores será reducido, y a su vez ignorarán, que al avanzar en edad, serán relegados y abandonados por sus propios sucesores.

Hay que atender, cuidar y respetar a quienes nos superan en edad. Los invito a visitarlos, escucharlos, atenderlos, y quererlos. Ellos son capaces de compartir.  Seamos igualmente capaces de brindarles con paciencia,  nuestra dedicación y cariño.

Es ley de vida… “como te ves, me vi… como me ves, te verás”

¿EN QUE MOMENTO SE NOS PERDIÓ LA CONCIENCIA?

a-voice-from-the-grave1Empecemos por saber que la conciencia es el juicio que se hace sobre lo bueno o lo malo de un acto. Es el conocimiento interior del bien y del mal. Es claro y se oye muy bien. Parece que es muy fácil de entender y de hacer.

Los seres humanos generalmente actuamos como creemos que está bien, pero ¿verdaderamente mis acciones van de acuerdo con lo que pienso?; ¿soy congruente?

Si nosotros hacemos un juicio sobre esto, sabiendo que es ético y va en línea con nuestras creencias y manera de pensar y actuar, sin hacer mal a nadie al hacerlo, podremos afirmar que nuestra conciencia estará tranquila.

¿Tranquila?… ¿Qué es tener la conciencia tranquila?

Es vivir en armonía, sin tener esa sensación de agobio que va con nosotros a todas partes. Es no tener esos pensamientos que me provocan “falta de oxígeno” porque recuerdo que lo que dije y/o lo que hice estuvo mal. Me persigue y no me puedo esconder.

¿Podemos pasar por la vida fingiendo que no nos importan los demás?;¿puedo irme a la cama y dormir plácidamente a sabiendas que robé?; ¿puedo aparentar estar en calma sabiendo qué por autorizar esa ley voy a provocar muertes?; ¿puedo descansar a sabiendas de qué al otorgar un permiso en determinada zona, se verá afectada negativamente toda la población?… Y así, pueden existir una infinidad de casos, en que parecería que la conciencia no existe, donde ésta se permuta por una excusa o se pretende ignorar las consecuencias de ignorarla.

Lo cotidiano conlleva muchos asuntos por resolver. Hay que tomar decisiones en la casa, el trabajo, con los hijos, etc.  Sin embargo, la prisa  aunada al cansancio y a la cantidad de decisiones que resolver, parecen presionarnos para aceptar la comodidad aparente de vivir con una conciencia mas laxa y relajada.

Debemos considerar que si bien es correcto pensar en nuestro bienestar,  de igual manera, hay que pensar y actuar por el bien de los demás. Esto hay que difundirlo, transmitirlo a nuestros hijos. La conciencia tranquila va de la mano del bien. El bien no se limita a mi persona. La conciencia tampoco.

“No importa mi hijito”, -dice una mamá- “si a ti te robaron tu suéter en el colegio, ve a donde estén los suéteres perdidos y toma el que te quede.  Pero escoge uno bueno, que no este roto y se vea limpio. Eso no es robar, solo estas reponiendo lo que a ti te quitaron”.

Esta lección provocará que ese niño vaya por la vida actuando mal, pero con la conciencia tranquila. “El que no transa, no avanza”. El mensaje equivocado tendrá como consecuencia una distorsión del bien. El individuo actuará pensando que sus actos serán buenos, si satisfacen una necesidad, justificando así, los medios que lo lleven a alcanzar ese fin deseado. El fin estará erróneamente justificando los medios.

Cuando pequeña, me enseñaron que todas las noches, antes de dormir, debía hacer mi examen de conciencia. Es un hábito que debemos transmitir a nuestros hijos, desde temprana edad. El adoptar este ejercicio, nos permite reflexionar, hacer una evaluación personal, útil durante y para toda la vida.

Es tener en cuenta las repercusiones de nuestros actos. Nos conduce a evaluar los errores cometidos, para tratar de enmendarlos. La conciencia nos premia o nos castiga sin testigos. Puede ser el juez más severo o el animador mas fiel.

Ahora con los sorprendentes medios de comunicación que tenemos, gastamos nuestro tiempo en comunicarnos a distancia, enterarnos de lo que sucede en el mundo y de distraernos. Sin embargo, es mucho mas trascendente y positivo, el tener estos momentos de análisis personal.

Nos vamos a la cama con la tv encendida, al fin se apaga sola. Ponemos música y revisamos desesperadamente nuestros correos casi antes de decir buenos días. Las noticias en el radio o la tv mientras nos bañamos, escudriñamos el periódico mientras tomamos café o el primer alimento.  Nos sobrecargamos de información y de mensajes orquestados por quien sabe quien. Nos olvidamos de nosotros mismos.

Vivimos esta dinámica infructuosa durante el día, hasta llegar de nuevo a la noche y caer rendidos, agobiados, cansados, con dificultad para conciliar el sueño, afectados por el estrés acumulado. Tal vez tratando de resolver ciertas cuestiones y ser mas productivos, pero no mas reflexivos.

Volvámonos hacia la reflexión personal, al maravilloso examen de conciencia, a ponernos en línea con lo positivo, lo sano, detectando también lo que debemos evitar, apartándonos de lo superfluo, egoísta e inconsciente. Incluyamos en nuestra vida la conciencia social y la propia, pues van aunadas en el bienestar.

“Mi conciencia tiene para mí más peso, que la opinión de todo el mundo” Marco Tulio Cicerón

 

LIBERTAD

Los seres humanos tenemos un gran don llamado LIBERTAD. Es la libertad la que nos hace diferentes y superiores a todos los demás seres. La libertad es la base de la dignidad del ser humano.

Si vemos nuestra libertad como una conquista personal, y estamos conscientes de nuestra libertad, apreciaremos y lograremos la superación de obstáculos que nos llevaran a alcanzar un sinnúmero de fines.

Nos será posible avanzar con libertad en la educación de nuestros hijos o la felicidad de nuestro cónyuge. Esto se traducirá en un bien personal, provocando nuestra propia realización y madurez personal, alcanzando la felicidad.

En otras palabras, tenemos la libertad de elegir nuestro propio proyecto de vida, buscando fines constructivos. Podemos ser libres cuando decidimos elegir un bien,  y logramos superar obstáculos.

A lo largo de nuestra vida, se nos presentaran alternativas. Debemos prepararnos, pues al tener mayor conocimiento tendremos  mejor capacidad de juicio y  por ende, mejores resultados un nuestras elecciones.  Somos libres de elegir capacitarnos, educarnos, prepararnos, superarnos, tender al bien.  Tenemos libertad para ser mejores.

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Solo ejerciendo la libertad, es que podemos lograrla.  Alcanzarla no solo en cuanto a la relación con el mundo exterior, sino también en el mundo interior de cada quien; solo cada uno puede ir descubriéndose a si mismo, y nadie mas que uno mismo puede lograr esa libertad personal, buscándole sentido a su existencia y trascendiendo positivamente.

Cuando se trata de educar a los jóvenes en la libertad, es importante aclararles algunas cuestiones como son la independencia y la responsabilidad. Ha

y que mostrarles el parámetro entre derechos y obligaciones.

Una vez me decía un joven que quería vivir de manera libre sin las ataduras de sus padres en su casa y las de los maestros en la escuela, por que no lo dejaban desarrollarse a su antojo.  ¿Piensas que porque eres libre puedes salir como un potro desbocado por la vida? , le dije.

La libertad no es romper ataduras con tus padres, tus maestros, o cualquier persona con la que tu sientas que no te deja desarrollarte a tu antojo.

No se puede pensar que ser libre es hacer lo que yo quiero, con quien quiero, cuando quiero,  como quiero y donde quiero. No se vive solo en el mundo; todas nuestras acciones, ya sean buenas o malas tienen trascendencia y repercuten en ti mismo, en tu familia y en la sociedad.

Tienes el derecho a elegir, lo has hecho desde pequeño al elegir que ropa ponerte, a que equipo seguir o que programa de televisión ver, pero no confundas la libertad como algo que prohíbe toda vinculación y compromiso con todo aquello que significa algún tipo de norma. La independencia te sirve para ser autosuficiente, y no para ser indiferente a lo que te rodea.

Se es mas libre en cuanto se respeten los derechos de los otros, no ignorándolos o pisoteándolos. Tienes que empezar por respetarte a ti mismo.

No se pueden imponer las propias reglas, pues hay el peligro de convertirse en tirano.  Hay que aceptar los principios, valores y virtudes, pues se basan en el bien. Al reconocerlos y asumirlos se logra esa paz interior que es la que nos hace ser libres de pensar y de actuar, y así no nos volveremos esclavos de nuestros propios pensamientos.

Es curioso, pues hay un dicho que reza que “el conquistador se convierte en esclavo de lo que conquista”, lo que si bien es cierto como regla general, en el caso de la libertad, ésta te hace mas libre aún.

Para ser libre de actuar debemos de ser responsables de las decisiones y de los actos, no se pueden tener todos los privilegios ignorando que estos llevan de la mano responsabilidades.

Al actuar libremente en la toma de decisiones que consideremos sean las correctas, habrá que sacrificar algunas comodidades y privilegios. Hay que estar conscientes de que la caridad y la entrega desinteresada, son unos de los caminos que llevan hacia la felicidad y a la completa libertad espiritual.  Tu sacrificio bien orientado, se convierte en el bien de los demás.

La libertad es la que nos permite ser autónomos, nos convierte en personas capaces de gobernarse a sí mismas, con total y plena responsabilidad sobre  nuestras propias decisiones, de cara a uno mismo, ante la familia y la sociedad.

Cierro mencionando a Viktor Frankl

“…al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias-  para decidir su propio camino.”

DUEÑOS DE NUESTRO DESTINO

Dentro de unos días tendremos elecciones a Presidente, y esto nos lleva a pensar que es lo que de verdad necesitamos y no sólo pensando de manera personal sino viendo que es lo mejor para nuestro país.

Basta con leer la prensa, encender la radio, la computadora o la televisión, para enterarnos de las posturas políticas, intenciones y propuestas de los candidatos a la presidencia.  Son muchos y variados los temas.  Se cita al “Pueblo Norteamericano” una y otra vez.  Queda claro que de uno y otro lado hay elementos que vale la pena considerar.  Dos posturas que se han ido radicalizando y que a la vez prometen mejorar la vida de los habitantes de esta gran nación.

No es mi interés tratar temas políticos, lo único que quiero es hacer un poco de reflexión que nos lleve a visualizar que es verdaderamente lo mejor.

Reflexionando un poco, buscando las constantes en el devenir de la humanidad, con los inventos que han marcado épocas, saltos tecnológicos, grandes conflagraciones, dominaciones, transculturizaciones, sistemas de gobierno, etcétera, aparece siempre el individuo, y mas aún y de mayor fuerza, la familia.

En todos los estratos sociales y económicos, se hace presente.  No importa con que partido político se simpatice, ahí está.  Hasta los participantes en la política vienen de una y ponderan pertenecer a la propia.  Se hacen semblanzas y análisis de los orígenes de los candidatos y ello pretende orientar al observador.

Hasta en las guerras que se mencionan, los afectados por tan terribles acontecimientos, son llorados o lloran por sus familiares.

El “Sueño Americano” tiene su máxima expresión en la familia, en su bienestar. El impacto material es importante, pero no se puede entender sin los lazos afectivos.  La evolución positiva de la humanidad se debe en gran parte a los afectos entre los familiares y miembros de grupos.  No debemos perder de vista este hecho.  Sigue siendo tan vigente como en antaño.

Hablamos sobre los ideales y las reglas que establecieron aquellos que fundaron este maravilloso país, donde se consagran derechos y valores.  Implícitas vienen las obligaciones, tomando en cuenta que los derechos de uno, terminan donde empiezan los del otro. Penosamente se le da mas relevancia al progreso técnico y científico, y se nos presentan como lo único válido en la época moderna.

Se habla mucho sobre las modificaciones a que esta expuesta la familia, en base a preferencias y razones fiscales y económicas. Parece que fuese importante lo cosmético y lo aparente, cuando lo fundamental es la cuna de los valores, de las virtudes y del ejemplo.  No se trata de pertenecer a sociedades marginadas, (ya sea por terceros o por quienes las integran), las cuales aunque van en aumento, parecen ignorar su origen. Todos los individuos en la actualidad y en el pasado, han venido de la unión de un hombre y una mujer.

No es importante si son ricos o pobres, de un color u otro, si profesan o no determinado credo, si tienen elevados grados académicos o si son analfabetas, si tienen trabajo  remunerado o no, si son gordos o flacos o si dedican sus afanes al culto al cuerpo y a las cirugías estéticas, si les gusta tal o cual cosa… La inmensa mayoría viene de una familia.

Resalta sobre todo esta maravillosa constante.  Ofrece un origen y una pertenencia.  Marca un grupo afectivo con intereses comunes, pero mas intensamente queda marcado, los lazos de afecto a tal o cual persona. A menudo se admira a un miembro de la familia, ya sea por su entereza, sus logros, su cariño, su sabiduría, su ejemplo y enseñanzas, etc.

Somos nosotros mismos los directamente responsables y dueños de nuestro propio destino. Todas las decisiones que tomemos a lo largo de nuestra vida como he mencionado con anterioridad, conlleva una gran responsabilidad.

Insisto, pareciera que la economía es lo único importante a la hora de tomar decisiones. Con gran pesar me doy cuenta la poca importancia que se le da al crecimiento y progreso humano y espiritual.

Aumentan las manifestaciones e indignados por la economía y la falta de trabajo, pero el respeto a la vida humana, a la unión matrimonial, a la protección de los menores, quedan en segundo plano o se convierten únicamente en bastión político.

Los poderes públicos deben de legislar en función de la persona, se deben de tener en cuenta todas las necesidades de los ciudadanos y deben preocuparse por preservar la unión familiar y matrimonial.

Sólo la familia con la transmisión de valores, y educación de sus miembros es la principal portadora de capital humano a la sociedad.

El capital humano es el verdaderamente indispensable para sacar a delante a un país.  Si la sociedad está enferma y corrupta el país no progresará.

Siguiendo esto, podríamos tener ventajas sobre otras sociedades.

Se trata de cambiar de actitud, de tener claro que es lo que queremos alcanzar y cuales son nuestras prioridades.