PALABRAS OLVIDADAS

nube-palabras-etica-ciudadaniaCuando somos pequeños todo lo que vemos y oímos es nuevo para nosotros. El proceso de aprendizaje en los seres humanos es paulatino y se va desarrollando de manera mesurada.

Desde temprana edad, tenemos unas ansias locas por aprender y experimentarlo todo.

Lo desconocido es un reto permanente, que al afrontarlo, permite nuestro desarrollo, dando paso al conocimiento, a la toma de conciencia, al razonamiento.

Nuestra  mente va almacenando todo aquello que nos parece interesante. Mas cuando llegamos a cierta edad, donde creemos que ya lo sabemos todo, de manera consciente o inconsciente, hacemos una selección de cosas, situaciones, etapas, circunstancias, pasajes, personas, compromisos, etc., donde en ocasiones nos apegamos a algunas de éstas, o bien, las desechamos.

Dentro de lo que descartamos, sobresalen ciertas palabras, que implican compromiso, por lo que nos cuesta trabajo pronunciarlas. En otras ocasiones, ni siquiera conocemos realmente su significado, su alcance, lo que implican o lo que ponerlas en práctica nos brindaría.

Es fácil descartarlas y etiquetarlas de anticuadas o pasadas de moda, propias de los religiosos o de los ancianos que vivieron en otra época. Hay palabras que nos esforzamos por olvidar y/o simplemente no queremos incluirlas en nuestro vocabulario, para no correr el riesgo de que afecten nuestro modo de vida.

Es claro que si no queremos pronunciar ciertas palabras, es porque no queremos vivirlas. Preferimos dejarlas en el fondo de nuestra mente y dentro del archivo de “asuntos por olvidar”. Procurando no salir de mi aparente confort.

En ocasiones, por ahí llegamos a recordarlas, pero con significado erróneo. Me explico con un ejemplo: No es represión, obedecer reglas, leyes y principios que me limitan para hacer lo que me viene en gana. A eso se le llama disciplina.

Lo mismo sucede cuando el pudor es confundido con la exageración, prejuicio e hipocresía.

En el mismo orden de ideas, hay corrientes que señalan que la integridad, la honradez, la decencia, la castidad, y la pureza, son para los “medievales”, es decir, todos aquellos que tengan una manera de pensar conservadora.

Hay quienes las consideran palabras opresoras y autoritarias. Consideran descartar todo aquello que impida actuar conforme a sus instintos. Tal parece que lo “moderno” es “desencadenar la bestia que llevamos dentro”. ¿Es que debemos descartar lo que hemos evolucionado? Desde luego que hay que estar dispuestos a darle la bienvenida al cambio, siempre y cuando, éste sea dirigido al bien.

Teniendo una idea errónea de que “me lo merezco todo, y no tengo que agradecer lo que por derecho me pertenece”, hay individuos y grupos de éstos  que ignoran lo que reclaman.

Deberíamos estar agradecidos con los que nos han antecedido en el devenir de la vida y han dejado un legado positivo.  Todos podemos trascender, pero hay que hacerlo positivamente.  No hay que trascender por trascender. Hasta el mas dedicado de los activistas, debe asumir su liderazgo con responsabilidad.

Hay que tener cuidado de declararse “liberal” y /o “moderno” para justificar el no poder utilizar las palabras olvidadas. La etimología es clara. Las palabras, resultado de la evolución positiva, tienen su origen al describir o transmitir ideas, imágenes, sensaciones, razonamientos, etcétera.  Todas tienen un significado muy claro, y  deben tener un peso mayor en la conciencia.

“Si no vivimos como pensamos, acabaremos pensando como vivimos” dice este refrán, y eso pasará con las palabras a las que les hemos cambiado sus significado, tratando que se usen para lo contrario. Y aqui me refiero en especifico a la palabra matrimonio, que ahora a a cualquier unión o convivencia, se le quiere nombrar así.

En fin, podríamos seguir nombrando una lista muy larga de palabras que no queremos pronunciar. No dejemos que se pierdan en el diccionario, y que por su falta de uso corran el peligro de desaparecer, ya que el utilizarlas, no es un ejercicio de la lengua y la mente. Se convierten en actos cotidianos, y  por lo tanto en una forma de vida.

JUSTICIA, VENGANZA O PERDÓN

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Quisiera hacer una pequeña reflexión, respecto de la percepción del equilibrio  que como individuos y/o como sociedad, nos repercute a los seres humanos.

Frecuentemente escuchamos o decimos: “No es justo que esto nos suceda”; “No es justo que paguemos más”; “No es justo que esto me pase a mi”;  “No es justo que a éste le vaya mejor”; “No es justo que me repruebe el profesor”…  y así, podría mencionar un sin fin de ejemplos (“injusticias cotidianas”) y no terminaría nunca.

Hablemos de justicia…

La justicia es la virtud que inclina a darle a cada quien lo que le corresponde.  No debemos confundirnos con darle a todos por igual. Ni todos somos iguales, ni tenemos las mismas necesidades, ni edades, aspiraciones, gustos, ni preferencias.  No merecemos lo mismo. Muchas veces no merecemos nada.

Me gustaría que lo aplicáramos dentro de la familia, más aún, en la educación de los hijos.

Como padre o madre, actuaría de una manera injusta si tratara a todos mis hijos por igual. Cada uno necesita ser tratado como se merece, con su propia individualidad, por ser, un SER ÚNICO. Por ejemplo, no es justo compararlos entre sí, o en las calificaciones académicas que obtiene cada uno. Tienen diferentes capacidades. No son iguales y requieren de cosas distintas.

No confundir esto en la relación de amor, porque sería injusto querer más a un hijo que a otro. El amor de los padres hacia sus hijos en infinito y sería un acto de injusticia si no fuera así.
Indudablemente, estos jóvenes han sentido que no es justo el trato que algunos compañeros de escuela tienen para con ellos. Hasta ahí, tienen razón.Con frecuencia, escuchamos en las noticias sobre jóvenes que han sido víctimas de abuso o maltrato por parte de sus compañeros, maestros o incluso de sus propios padres.  Como consecuencia de ello, muchos de los que han sido víctimas, se convierten en victimarios, en verdugos capaces de cometer actos terriblemente violentos. Descargan en un solo evento frustraciones acumuladas durante largo tiempo. Esta violencia puede estar dirigida hacia quienes los han abusado de alguna manera. También hay actos violentos indiscriminados, que algunas de las veces, terminan en suicidio.

Sin embargo, un nuevo problema surge, cuando pretendiendo obtener justicia, cometen un acto de venganza.  El impartir justicia por su propia cuenta, genera otro desequilibrio, ya que solo en la venganza, se es víctima, juez y verdugo.

¿Qué nos lleva a confundir la justicia con la venganza?

Cuando analizamos la poca importancia que le damos a la formación de nuestros hijos, y nos escudamos en trilladas frases, tales como: “se han perdido los valores” o “ya nada es como antes”, solo nos dedicamos a quejarnos en reuniones de café.

         JUSTICIA o VENGANZA dos palabras que aparentemente no tienen nada que ver una con la otra, y en realidad, es una línea muy delgada la que las separa. Evitemos a toda costa que al buscar que se haga justicia, exijamos o impartamos venganza.

Cada vez que se cometa un acto de injusticia hacia nosotros, debemos de tratar de que se rectifique esa acción, y así de esta manera, podré pasar al siguiente punto que es perdonar.

El perdón, no consiste en olvidar la ofensa, sino en renunciar, sin estar obligado a ello, a ejercer su derecho. Recuerdo una frase que dice “la ofensa no perdonada ni vengada ni olvidada se mantiene activa, empantanada, enconada y acaba enranciándose.” Y a eso se le llama rencor.

 

El perdón es un acto de justicia y así la venganza queda anulada.  Enseñemos a nuestros hijos a ser justos, a no ser abusivos, no solo dentro de la familia o la escuela, sino también como ciudadanos que actuarán de manera responsable a lo largo de sus vidas, pero sobre todo, ¡enseñémoslos a perdonar por más difícil que esto parezca!

¿Enseñamos a nuestros hijos a perdonar? o nos gusta aplicar la Ley del Talión de “ojo por ojo y diente por diente”.

 

Distanciarnos del placer que provoca la venganza, es tarea difícil, pero no imposible. Debemos  trabajar contra ella, con lo que lograremos tener un ambiente de mayor tranquilidad espiritual, emocional y social, especialmente con nuestros jóvenes. Neutralicemos el continuo bombardeo de agresión que tanto se les fomenta y los deforma. Enaltezcamos esa escala de valores (hoy en día tan ignorada), donde se viva de manera justa y se aprenda a otorgar el perdón.

¿Qué nos hace pensar que vivimos en un mundo virtual eliminando todo aquello que se me atraviesa en el camino?

 

Cuando la ley no me da lo que necesito, ¿Qué me hace pensar que debo de buscar justicia por mis propios medios al más puro estilo Charles Bronson en “El vengador anónimo”?

Si me permiten, para terminar, emulando a los videojuegos, tengamos en cuenta que ganamos mas puntos perdonando, que vengando.  Cuando en nuestra vida nos llegue el “cambiar de mundo”, si no hemos sabido perdonar, se nos dirá “no bonus” y por lo tanto “game over”.

ESTAR CASADOS Y VIVIR COMO CASADOS

Hoy en día el matrimonio parece ser un tema de actualidad. Hablar de matrimonio es algo muy natural y común, pero saber a ciencia cierta que es, dista mucho de lo que en general se conoce.

El matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer para hacer una vida en común y formar una familia. Me gustaría que profundizáramos aún mas…

Cuando se celebra el matrimonio, se realiza el Pacto Conyugal. Es un compromiso y una responsabilidad orientados hacia el futuro.

El matrimonio es en donde el varón y la mujer comprometen ante el otro toda su capacidad de ser cónyuges, y es en ese preciso momento donde se engendra una relación de justicia (darle al otro lo que por derecho le corresponde) y de fidelidad (comprometer su fidelidad ante el otro).

Cuando dos personas se casan se crea un vínculo, y ese vínculo, esa unión, contiene el desarrollo de la vida matrimonial. Eso, es estar casados.

Cuando hablo de vivir como casados, no me refiero a las personas que de buenas a primeras deciden vivir juntos y compartir los gastos. Estar casados es mucho mas.

Estar casados es cumplir unos deberes y unos derechos que son mutuos, permanentes, continuos, exclusivos e irrenunciables. Sin embargo la vida matrimonial no se limita al cumplimiento de los deberes y los derechos que cada uno posee. A estos se le suman unos principios que son formas reguladoras del cumplimiento de la finalidad de la vida matrimonial.

El incumplimiento de los deberes matrimoniales lleva a la falta de algún principio, y esto provoca que deje de ser una relación de justicia.428624_gd

Vivir como casados implica una serie de principios que no se deben de olvidar, como por ejemplo la fidelidad, que es ser consecuente con el compromiso adquirido. Es tener el derecho a que el otro me sea fiel, y el deber de serle fiel al otro.

No podemos aceptar frases como: “yo sigo igual, mi esposa es la casada”… ; ”yo tengo otras, no soy celoso”…

Hay que recordar nuestro compromiso, las promesas, como cuando decimos “soy tuyo”, lo que quiere decir, soy tu yo.

Los esposos deben ayudarse en la conservación y mejoramiento de los aspectos materiales de su vida personal. Esto no significa que si hay momentos de fracasos o perdidas de trabajo que provoquen algún tipo de empobrecimiento se falte a este principio. El compromiso no se limita a los tiempos de bonanza, sino que abarca también, las épocas de carencias, los tiempos difíciles.

El matrimonio es una unión que supera carencias, de la misma manera que no se pierde cuando hay abundancia y riquezas. Se fortalece con el gozo de la salud, lo mismo que cuando la salud se deteriora. La fidelidad abarca el pensamiento, las acciones. Los proyectos de vida no se basan en traiciones, sino en el compromiso.

Mas allá de lo material, los esposos se deben al mutuo perfeccionamiento espiritual, son responsables de guiar a su cónyuge al crecimiento espiritual, moral, afectivo y si se quiere, al religioso.

Cuando dos personas se casan, deben de vivir juntos, y de esta manera podrán educar y formar a los hijos. La procreación es uno de los fines del matrimonio.

De esta manera vemos que estar casados nos obliga a vivir como casados. La unión libre puede parecer igual, pero de entrada rechaza el compromiso.  Deja abierta la posibilidad de salir de la aparente unión, por lo que carece de fuerza.

En el matrimonio se le da valor a cada uno de los contrayentes.  Dicho valor no desaparece con el tiempo. Permanece sin importar la situación económica, de salud o de la edad.  El respetar y ser fiel engrandece a ambos. Proyecta un poderoso ejemplo a las generaciones que le suceden.

Queda claro entonces que la unión matrimonial protege a quienes la forman, da certeza a la familia que de ésta se deriva, la fortalece.  Es una unión que crece, que vincula, que nos obsequia pertenencia, que enriquece el espíritu y que nos ayuda a sobrellevar y superar las pruebas que la vida nos ofrece.

COMO LOS VES…TE VERAS…..

Que frase tan común pero no por eso con poco significado. Cuando somos jóvenes creemos que siempre seguiremos siéndolo. La vida pasa y el tiempo (que es un recurso no renovable), sigue su curso, y cuando menos lo pensamos, damos un vistazo hacia atrás y resulta que ya somos unos adultos “maduros”.

Recuerdo la primera vez que le dije a unos de mis hijos:

“Cuando yo tenía tu edad, hace exactamente 20 años… ¡upssss!, ¡casi desmayo!. ¡Hace 20 años tenía tu edad!… ¡20 años!…” En ese momento me sentí “anciana”. Increíblemente, hacía unos instantes, me visualizaba joven.

Una frase pronunciada era el detonante que me situaba ante mi realidad. Aunque aún me sentía con espíritu juvenil, ágil, con muchos proyectos por realizar, el hecho de decir, “eso lo hice hace 20, 30 o 40 años”, colocaba una pesada lápida sobre mi espalda… Es más, de la impresión, hasta se me olvidó lo que le iba a decirle a mi hijo.

Este tipo de situaciones, todo el mundo tarde o temprano, las tendrá que encarar. Deben servirnos para hacer un alto en el camino y hacer un pequeño análisis de cómo hemos vivido nuestra vida, y a la vez, reflexionar sobre la paciencia y el cariño que le debemos a las personas mayores.

Así es, hay que corresponder a quienes han sido pacientes con nosotros y nos han propiciado cuidados, ejemplos y enseñanzas, estar agradecidos con nuestros padres, mentores y/o tutores, quienes al igual que nosotros, se van haciendo grandes Hay que estar agradecidos  especialmente los que todavía tenemos la suerte de tenerlos entre nosotros, pero de igual manera los que aunque ya los hayan perdido, conserven los buenos recuerdos y su legado.

No debemos de olvidar que esas personas mayores, sean nuestros parientes o no, merecen respeto y mucha paciencia. Requieren atención y son tan dignos como el que mas.

Hace algunos meses, estaba en un supermercado y en uno de los pasillos, estaba un señor ya mayor, quien al verme me hizo una pregunta, algo que no tenía aparente importancia. En realidad me abordaba y fue suficiente para empezar a hablar, y hablar. Narraba sobre sus hijos, sobre el poco interés que tenían respecto de él, que si cuando murió su mujer, que si estuve en la guerra, etc.., ¡yo había entrado con prisa al supermercado  porque tenía invitados en casa para comer, y la plática del señor duró unos cuarenta y cinco minutos!

Mientras escuchaba al señor me venían sentimientos encontrados, la prisa de llegar a cocinar antes de que llegara la visita, y las ganas de seguir dándole un poco de atención. Me di cuenta que las personas mayores tienen una necesidad muy grande de compartir las experiencias  acumuladas a lo largo de sus vidas.

Si creemos que ya no se acuerdan de nada por que nos hacen la misma pregunta, por hacer el mismo comentario en muy poco rato, por ser repetitivos en sus temas o si se trata de hablar respecto de lo vivido años atrás, les viene una energía que los hace sentirse jóvenes otra vez, pero sobre todo, escuchados.

Es válida y vigente aquella frase “recordar es volver a vivir”.  Recuerdan lo que para ellos ha sido su realidad, anhelan aquellas épocas en que estaban llenos de inquietudes y vigor, donde ellos afrontaban los retos  y   las circunstancias de entonces, su momento histórico.

Es muy duro para una persona mayor, tener que reconocer que sus facultades se han ido minimizando y que han perdido las fuerzas para muchas cosas. La decadencia es difícil de aceptar. La dignidad no es propia de la belleza física o de determinada edad del individuo. Se nace con ella, se debe vivir en y con ella, respetar la propia y la ajena, hasta el final de la vida.

Debemos apoyarlos y hacerlos sentir que son útiles, aprender de su experiencia y disfrutar de el testimonio vivo de su historia. Buscarles una actividad dentro de casa, y así poco a poco ellos mismos irán aceptando su condición y sus limitaciones.

Tengo la fortuna de tener a mi madre y a mi suegra, de 91 y 93 años respectivamente. De enseñarles a los hijos, sobrinos y nietos, que es grato e importante dar ejemplo de respeto y cuidado a los miembros de avanzada edad de la familia.  Ello se extiende a todos los ancianos.

El tener y proporcionar atención y cuidados a nuestros padres y abuelos, de ser posible tenerlos con nosotros, como miembros activos , dignos e importantes de nuestra familia, nos permite corresponder un poco a sus afanes, a todo el trabajo que les dimos cuando infantes, niños o cuando nos sentíamos jóvenes infalibles y creíamos tener el soberbio dominio de las circunstancias, que nos podíamos comer el mundo a puños y que lo sabíamos todo.

Ellos nos necesitan ahora, tanto o más de lo que nosotros en su momento los necesitamos a ellos. Sin embargo, los avances de la medicina auguran que llegado el momento, los que ahora somos adultos, seremos mas longevos y habrá una mayor cantidad de adultos mayores, al incrementarse la expectativa y calidad de vida.

Si no les damos el ejemplo a los niños y jóvenes ahora, estamos ayudando a crear un choque generacional o bien un aislamiento entre generaciones, donde el respeto y transmisión de valores será reducido, y a su vez ignorarán, que al avanzar en edad, serán relegados y abandonados por sus propios sucesores.

Hay que atender, cuidar y respetar a quienes nos superan en edad. Los invito a visitarlos, escucharlos, atenderlos, y quererlos. Ellos son capaces de compartir.  Seamos igualmente capaces de brindarles con paciencia,  nuestra dedicación y cariño.

Es ley de vida… “como te ves, me vi… como me ves, te verás”

¿EN QUE MOMENTO SE NOS PERDIÓ LA CONCIENCIA?

a-voice-from-the-grave1Empecemos por saber que la conciencia es el juicio que se hace sobre lo bueno o lo malo de un acto. Es el conocimiento interior del bien y del mal. Es claro y se oye muy bien. Parece que es muy fácil de entender y de hacer.

Los seres humanos generalmente actuamos como creemos que está bien, pero ¿verdaderamente mis acciones van de acuerdo con lo que pienso?; ¿soy congruente?

Si nosotros hacemos un juicio sobre esto, sabiendo que es ético y va en línea con nuestras creencias y manera de pensar y actuar, sin hacer mal a nadie al hacerlo, podremos afirmar que nuestra conciencia estará tranquila.

¿Tranquila?… ¿Qué es tener la conciencia tranquila?

Es vivir en armonía, sin tener esa sensación de agobio que va con nosotros a todas partes. Es no tener esos pensamientos que me provocan “falta de oxígeno” porque recuerdo que lo que dije y/o lo que hice estuvo mal. Me persigue y no me puedo esconder.

¿Podemos pasar por la vida fingiendo que no nos importan los demás?;¿puedo irme a la cama y dormir plácidamente a sabiendas que robé?; ¿puedo aparentar estar en calma sabiendo qué por autorizar esa ley voy a provocar muertes?; ¿puedo descansar a sabiendas de qué al otorgar un permiso en determinada zona, se verá afectada negativamente toda la población?… Y así, pueden existir una infinidad de casos, en que parecería que la conciencia no existe, donde ésta se permuta por una excusa o se pretende ignorar las consecuencias de ignorarla.

Lo cotidiano conlleva muchos asuntos por resolver. Hay que tomar decisiones en la casa, el trabajo, con los hijos, etc.  Sin embargo, la prisa  aunada al cansancio y a la cantidad de decisiones que resolver, parecen presionarnos para aceptar la comodidad aparente de vivir con una conciencia mas laxa y relajada.

Debemos considerar que si bien es correcto pensar en nuestro bienestar,  de igual manera, hay que pensar y actuar por el bien de los demás. Esto hay que difundirlo, transmitirlo a nuestros hijos. La conciencia tranquila va de la mano del bien. El bien no se limita a mi persona. La conciencia tampoco.

“No importa mi hijito”, -dice una mamá- “si a ti te robaron tu suéter en el colegio, ve a donde estén los suéteres perdidos y toma el que te quede.  Pero escoge uno bueno, que no este roto y se vea limpio. Eso no es robar, solo estas reponiendo lo que a ti te quitaron”.

Esta lección provocará que ese niño vaya por la vida actuando mal, pero con la conciencia tranquila. “El que no transa, no avanza”. El mensaje equivocado tendrá como consecuencia una distorsión del bien. El individuo actuará pensando que sus actos serán buenos, si satisfacen una necesidad, justificando así, los medios que lo lleven a alcanzar ese fin deseado. El fin estará erróneamente justificando los medios.

Cuando pequeña, me enseñaron que todas las noches, antes de dormir, debía hacer mi examen de conciencia. Es un hábito que debemos transmitir a nuestros hijos, desde temprana edad. El adoptar este ejercicio, nos permite reflexionar, hacer una evaluación personal, útil durante y para toda la vida.

Es tener en cuenta las repercusiones de nuestros actos. Nos conduce a evaluar los errores cometidos, para tratar de enmendarlos. La conciencia nos premia o nos castiga sin testigos. Puede ser el juez más severo o el animador mas fiel.

Ahora con los sorprendentes medios de comunicación que tenemos, gastamos nuestro tiempo en comunicarnos a distancia, enterarnos de lo que sucede en el mundo y de distraernos. Sin embargo, es mucho mas trascendente y positivo, el tener estos momentos de análisis personal.

Nos vamos a la cama con la tv encendida, al fin se apaga sola. Ponemos música y revisamos desesperadamente nuestros correos casi antes de decir buenos días. Las noticias en el radio o la tv mientras nos bañamos, escudriñamos el periódico mientras tomamos café o el primer alimento.  Nos sobrecargamos de información y de mensajes orquestados por quien sabe quien. Nos olvidamos de nosotros mismos.

Vivimos esta dinámica infructuosa durante el día, hasta llegar de nuevo a la noche y caer rendidos, agobiados, cansados, con dificultad para conciliar el sueño, afectados por el estrés acumulado. Tal vez tratando de resolver ciertas cuestiones y ser mas productivos, pero no mas reflexivos.

Volvámonos hacia la reflexión personal, al maravilloso examen de conciencia, a ponernos en línea con lo positivo, lo sano, detectando también lo que debemos evitar, apartándonos de lo superfluo, egoísta e inconsciente. Incluyamos en nuestra vida la conciencia social y la propia, pues van aunadas en el bienestar.

“Mi conciencia tiene para mí más peso, que la opinión de todo el mundo” Marco Tulio Cicerón

 

LIBERTAD

Los seres humanos tenemos un gran don llamado LIBERTAD. Es la libertad la que nos hace diferentes y superiores a todos los demás seres. La libertad es la base de la dignidad del ser humano.

Si vemos nuestra libertad como una conquista personal, y estamos conscientes de nuestra libertad, apreciaremos y lograremos la superación de obstáculos que nos llevaran a alcanzar un sinnúmero de fines.

Nos será posible avanzar con libertad en la educación de nuestros hijos o la felicidad de nuestro cónyuge. Esto se traducirá en un bien personal, provocando nuestra propia realización y madurez personal, alcanzando la felicidad.

En otras palabras, tenemos la libertad de elegir nuestro propio proyecto de vida, buscando fines constructivos. Podemos ser libres cuando decidimos elegir un bien,  y logramos superar obstáculos.

A lo largo de nuestra vida, se nos presentaran alternativas. Debemos prepararnos, pues al tener mayor conocimiento tendremos  mejor capacidad de juicio y  por ende, mejores resultados un nuestras elecciones.  Somos libres de elegir capacitarnos, educarnos, prepararnos, superarnos, tender al bien.  Tenemos libertad para ser mejores.

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Solo ejerciendo la libertad, es que podemos lograrla.  Alcanzarla no solo en cuanto a la relación con el mundo exterior, sino también en el mundo interior de cada quien; solo cada uno puede ir descubriéndose a si mismo, y nadie mas que uno mismo puede lograr esa libertad personal, buscándole sentido a su existencia y trascendiendo positivamente.

Cuando se trata de educar a los jóvenes en la libertad, es importante aclararles algunas cuestiones como son la independencia y la responsabilidad. Ha

y que mostrarles el parámetro entre derechos y obligaciones.

Una vez me decía un joven que quería vivir de manera libre sin las ataduras de sus padres en su casa y las de los maestros en la escuela, por que no lo dejaban desarrollarse a su antojo.  ¿Piensas que porque eres libre puedes salir como un potro desbocado por la vida? , le dije.

La libertad no es romper ataduras con tus padres, tus maestros, o cualquier persona con la que tu sientas que no te deja desarrollarte a tu antojo.

No se puede pensar que ser libre es hacer lo que yo quiero, con quien quiero, cuando quiero,  como quiero y donde quiero. No se vive solo en el mundo; todas nuestras acciones, ya sean buenas o malas tienen trascendencia y repercuten en ti mismo, en tu familia y en la sociedad.

Tienes el derecho a elegir, lo has hecho desde pequeño al elegir que ropa ponerte, a que equipo seguir o que programa de televisión ver, pero no confundas la libertad como algo que prohíbe toda vinculación y compromiso con todo aquello que significa algún tipo de norma. La independencia te sirve para ser autosuficiente, y no para ser indiferente a lo que te rodea.

Se es mas libre en cuanto se respeten los derechos de los otros, no ignorándolos o pisoteándolos. Tienes que empezar por respetarte a ti mismo.

No se pueden imponer las propias reglas, pues hay el peligro de convertirse en tirano.  Hay que aceptar los principios, valores y virtudes, pues se basan en el bien. Al reconocerlos y asumirlos se logra esa paz interior que es la que nos hace ser libres de pensar y de actuar, y así no nos volveremos esclavos de nuestros propios pensamientos.

Es curioso, pues hay un dicho que reza que “el conquistador se convierte en esclavo de lo que conquista”, lo que si bien es cierto como regla general, en el caso de la libertad, ésta te hace mas libre aún.

Para ser libre de actuar debemos de ser responsables de las decisiones y de los actos, no se pueden tener todos los privilegios ignorando que estos llevan de la mano responsabilidades.

Al actuar libremente en la toma de decisiones que consideremos sean las correctas, habrá que sacrificar algunas comodidades y privilegios. Hay que estar conscientes de que la caridad y la entrega desinteresada, son unos de los caminos que llevan hacia la felicidad y a la completa libertad espiritual.  Tu sacrificio bien orientado, se convierte en el bien de los demás.

La libertad es la que nos permite ser autónomos, nos convierte en personas capaces de gobernarse a sí mismas, con total y plena responsabilidad sobre  nuestras propias decisiones, de cara a uno mismo, ante la familia y la sociedad.

Cierro mencionando a Viktor Frankl

“…al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias-  para decidir su propio camino.”

EL CARÁCTER SE EDUCA

Oímos hablar de la evolución y llegamos a pensar que el proceso evolutivo es automático, se da por sí mismo. Evolucionan las especies y se perfeccionan, aprenden a sobrevivir o empieza su deterioro y tienden a su extinción.

Y con el ser humano, ¿qué pasa? Un ser humano es algo muy complejo. Estamos hechos de cuerpo y espíritu, conjunción maravillosa que goza, entre otras cosas, de inteligencia, voluntad, instintos y afectos, y se habla de su formación como algo sencillo, pero la realidad  es que el humano es un ser lleno de ideales, capaz de llevar una vida exterior, dirigida hacia el mundo y sus placeres, y al mismo tiempo una vida interior que lo lleva a su crecimiento espiritual.

Carácter

El conjunto de temperamento y carácter forman la personalidad del individuo.

El temperamento esta formado por rasgos físicos y psicológicos que son heredados de los padres.

El carácter se va formando por las experiencias vividas y la percepción que se tiene ante estas experiencias. El carácter se educa.

“El carácter es la fuerza sorda y constante de la voluntad” dijo Herni Dominique Lacordaire.

Es muy fácil para el cuerpo dejarse dominar por lo que en ese momento le apetece, sin embargo el cuerpo debe de ser dominado por el espíritu, y el carácter reside en este dominio.

Se dice que un rio sigue la línea de menor resistencia, la pendiente, y es por eso, que siempre sigue un curso irregular, torcido; eso nos puede pasar a los seres humanos si no hacemos un esfuerzo por dominar nuestros ímpetus.

En nosotros todo depende de cuanto podamos y queramos dominarnos. Tampoco podemos ir por la vida tratando de imponer nuestra voluntad, y si no lo logramos, llenarnos de frustración y mal humor, provocando una serie de comportamientos desagradables y agresivos contra los demás, por nuestra sensación de insatisfacción personal.

Nos encontramos con lo bueno y con lo malo, queremos tener buenos ojos y también buenos oídos, ¿es por eso que estamos obligados y ver todo y a escuchar todo lo que se nos presenta? Definitivamente ¡no! No podemos quedarnos viendo sin protección a la luz que genera la soldadura eléctrica sin sufrir daño, siendo mejor evitarla. Somos capaces de elegir entre lo bueno y lo malo, sin seguir necesariamente lo que parezca ser atractivo. ¡Venga el sentido común!

Si esto lo aplicamos a la educación y al desarrollo de nuestro carácter sabemos que los ojos no deben de ver todo, por que cuando entran las ideas equivocadas a nuestra mente acaban por modificarnos y llegando a nuestro subconsciente se convierten en actos negativos. Lo mismo se puede decir de todo lo que podemos llegar a escuchar, chismes, difamaciones y calumnias que modifican nuestra actitud y comportamiento hacia los demás.

Aristóteles decía que nuestro carácter es el resultado de nuestra conducta,  y el niño debe aprender a elegir  y convencerse de que a él le interesa actuar así de una forma correcta. Aprendemos a dejar el juego por hacer los deberes de la escuela y de la casa; a obedecer a los padres y a los maestros; y a seguir y a aprender a tener una disciplina que es la que nos indica que lo que hacemos esta bien. A sumarnos al bien común, que al final es un bien personal. Logramos diseminar el bien.

Cuando era pequeña tuve una profesora en segundo de primaria que siempre nos decía. “árbol que crece torcido, jamás su rama endereza” y por muchos años llegué a pensar que así era, que las personas que crecen torcidas ya no tienen remedio. La realidad es que los seres humanos somos tan capaces, que aunque hayamos crecido en un ambiente hostil, terriblemente desfavorable, mediante la razón, disciplina, preparación y templanza, podamos llegar a cambiar y a ser mejores.

Cuando el carácter ha tomado un camino que no es el correcto, se necesita una doble dosis de voluntad para corregirse a sí mismo.

La verdadera personalidad se forma a base de el dominio de nosotros mismos, con autodisciplina, aprendiendo a ceder, a no dar rienda suelta al placer, a los impulsos.

Debemos dominar los sentimientos negativos como son el odio, el rencor y la venganza; vivir nuestra vida de una manera útil y feliz. Transmitiendo nuestra felicidad a los demás y apoyándolos a alcanzar su propia felicidad. Les deseo la voluntad de dominar el carácter y el continuo ejercicio de la voluntad.