MI ESPEJO RETROVISOR

Hace algunos años cuándo mis hijos eran pequeños vivimos un acontecimiento que marcó nuestras vidas y ellos no entendían o tenían miedo sobre la manera en que debíamos enfrentar nuestra realidad.

Empezaron a acontecer muchos cambios en nuestra vida familiar y eso los llevó a la inseguridad de no saber como comportarse. En la vida suceden cosas que están fuera de nuestro control, y es la fortaleza y el dominio que tengamos de nosotros mismos, lo que nos hace derrumbarnos o levantarnos, sacudir las penas y seguir andando.

En mi caso personal, me senté a hablar con mis hijos y les hice esta analogía:

Nuestra vida es como manejar un auto, y dentro del auto hay una serie de accesorios que nos sirven y ayudan a que éste funcione.

Unos de éstos accesorios son los espejos laterales y el espejo retrovisor. Siempre debo de estar al pendiente de que los espejos estén en buena postura para que me permitan guiar bien.

Si yo pongo la primera velocidad y arranco el auto, viendo únicamente por mi espejo retrovisor, ¿qué me va a suceder?, le pregunté a mis hijos.

– ¡Pues chocas mamá!… me contestaron.

– ¿Y si después de reponerme del choque, vuelvo a arrancar y solo sigo viendo mi espejo retrovisor?… Pues vuelvo a chocar ¿ verdad?

Pues ese espejo retrovisor equivale a mi pasado, y si yo siempre voy viviendo en el pasado, voy a chocar, a lesionarme y a lastimar a otros. Vivir viendo el espejo retrovisor me deja atrapado en mis miedos, mis rencores, mis tristezas y tantas emociones negativas que sólo me paralizan y me arrastran al vacío existencial. No me deja vivir en el presente y disfrutar de él. Viviendo en el pasado nunca podré desarrollarme de manera adecuada, por el camino virtuoso de la felicidad.

Cuando conducimos, debemos de ir viendo a través de nuestro parabrisas, ¡ése es el que nos permite ver al futuro!, y en proporción, es el más grande. Nos da una visión mucho mas amplia de hacia donde nos dirigimos.

Los espejos laterales nos sirven para darnos cuenta a quiénes tenemos en los carriles de al lado, y respetando su camino, no vamos a provocar un accidente si queremos cambiar de carril, así, dejando que ellos también puedan seguir su camino, podemos convivir en armonía con los demás seres que nos rodean. Si quiero cambiar de carril debo de ser precavido de no chocar con ellos. Esto es respetando a los demás. Es decir, respetamos su forma de vivir su vida.

El espejo retrovisor de vez en cuando lo debo de ver, lo que veo ahí que es mi pasado, ahí está, pero cada vez más lejos y más pequeño. No se me olvida, pues me recuerda de donde vengo, pero no es lo más importante. Lo que veré y recordaré serán los momentos felices y las experiencias vividas que me siguen ayudando a seguir adelante. Mi pasado siempre irá conmigo, pero no será el camino que debo de ver y tratar de seguir.

Mi actitud al manejar mi vida debe de ser de perseverancia, con entusiasmo y alegría. Utilizando las experiencias difíciles para tener un crecimiento personal y una mayor fortaleza para enfrentar lo que sigue.

La vida es una sucesión de problemas y la actitud que nosotros tengamos ante ellos es lo que nos llevará al éxito. La vida es para adelante, y hay que vivirla de frente. El recordar los errores cometidos me sirve para no volver a cometerlos y así de ésta manera corregir mi rumbo.

Todo esto me hace recordar la siguiente frase:

“El hombre pequeño sólo recuerda el mal que le han hecho. El hombre grande se acuerda del bien, y por ese poco bien que recibe le hace olvidarse de tantos males como ha recibido.”
(Anónimo)

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